El último trago de alcohol.

Ya no hay recuerdos de tardes con ella, se han ido borrando sin que yo fuera del todo consciente. Y ahora me pregunto de qué hablábamos, qué compartíamos y qué solíamos hacer, porque soy incapaz de rescatar esos recuerdos.

He perdido la cuenta del tiempo, de los motivos.

Ya ni tan sólo puedo separar lo bueno de lo malo.

Todo está mezclado en mi cabeza, como el último trago de alcohol que das una madrugada de sábado.

Soy incapaz de pensar en ella sin verlo todo completamente desdibujado.

Pensaba que recordaría siempre el tacto de sus manos, el roce de sus labios en el lóbulo de la oreja, el sonido de su risa, y la forma que adoptaban sus ojos cuando le molestaba la luz de primera hora del día.

Pero no.

No quedan nada más que fantasías que distan mucho de la realidad.

Se ha esfumado.

Del mismo modo que se esfuman los pájaros de los árboles cuando los coches comienzan a recorrer los caminos sin asfaltar.

Del mismo modo que se cierra una página de Word que no has guardado a tiempo.

Del mismo modo que se dice un adiós a quien no te importa en absoluto.

Es tan extraña la memoria, porque nos va difuminando ciertas historias mientras usa el hierro de marcar para otras y las deja señaladas con fecha y lugar para la posteridad.

Y desde luego, escapa a nuestro control.

Recordarás aquel momento amargo, aquel día en el que esperabas angustiado que te recogieran a la puerta del colegio, aquel otro en el que merendaste con tu mejor amigo, aquel en el que tu abuelo enfermó y entendiste que se iría para siempre.

Recordarás el nacimiento de un hijo, el cumpleaños de tu madre, las Navidades de 2008, el día que tu equipo ganó el título más importante, las letras de todas las canciones de los grupos que marcaron tu adolescencia.

Recordarás la primera vez que sentiste la tierra mojada, el sonido del piano, el tacto de las páginas de un libro, la piel cálida de otro ser.

Y olvidarás tantas otras cosas, por capricho del destino más que por voluntad propia.

Yo he olvidado todo aquello que le prometí no olvidar.

Y estoy desconcertado y confuso.

Tanto como el día en el que descubrí que a su lado no había sitio para mí.

(Eso sí lo recuerdo.)

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