Mes: enero 2021

Planes cósmicos.

¿Podemos bailar ya?

Así juntos, casi sin movernos.

¿Podemos dejarnos mecer por el sueño mientras estamos en los brazos del otro? Es que si estás cerca la ropa de invierno hasta me sobra, y no necesito más fuego que tus besos en la piel. Y a veces no sé si lo que escucho son gemidos o aullidos a la luna fría de enero invocando conjuros, deshaciendo embrujos, desencriptando mensajes secretos provenientes de alguna extraña y lejana civilización.

El cielo nos mira raro mientras reímos y corremos ahora que no hay nadie por las calles, ahora que no suenan los cascos de cerveza contra las mesas en las terrazas; y yo le guiño un ojo antes de empezar a contarte historias, por si con algo de suerte te quedas a dormir para conocer el final.

Ya no hay magia negra de por medio, ni pesadillas por las noches, sólo un poco de suerte y ganas de quererte, a pesar de que te gusten más las infusiones que el café, y seas más de Netflix que HBO.

Calma, tranquilidad, y el hecho de no necesitar defenderme porque tus palabras nunca hieren.

Ya no ladro, y sólo muerdo si tú quieres.

No es que seas luz, ni faro, ni guía, pero seguiría los caminos que pateas sin ningún miedo, sin pensar que puedo estar pisando en falso.

Aún no sé qué planes cósmicos hay para nosotros pero a veces veo las estrellas brillar más de lo normal.

Supongo que querrán decirnos algo.

Un amor (in)útil.

Algunos buscan un amor útil, que les sirva, con el que puedan alimentar su ego y sentirse adorados, como falsos ídolos de oro; pero el amor, como propósito final debería ir más allá, cruzar la frontera, ser más completo y menos materialista.

Buscamos a alguien que nos soporte porque nosotros solos no sabemos ni podemos, alguien que nos entretenga para acabar con los tiempos muertos y el aburrimiento. Buscamos a alguien guapo o guapa para lucir en las fotos cual adorno, y poder decirle a todo el mundo que estamos juntos. Algunas personas utilizan un supuesto amor para lograr la estabilidad económica, para ascender socialmente, para tener a alguien que le haga compañía, con el único fin de tener descendencia, como método para obtener aceptación dentro de un grupo, como vía rápida para conseguir un barco y unas vacaciones en Ibiza.

Yo qué sé, es muy complicado.

La verdadera cuestión es que un día te acuestas sin saber quién es la persona que tienes al lado, ni quién eres tú; pero sobre todo, te acuestas pensando en quién será esa persona y en quién serás si estás junto a ella mucho tiempo.

Y las páginas del libro siguientes están en blanco y no eres capaz de ver el futuro, o quizá es que no te atreves a verlo por si la persona en la que te conviertes no es lo que esperabas ni la que te gustaría ser.

Entonces vuelve el insomnio, el peso en el centro del pecho y esas ganas increíblemente fuertes de huir, a donde sea.

Pero sin ese amor inútil que un día elegiste sin saber muy bien por qué.

El páramo lejano.

El hielo del páramo lejano de tus ojos arañándome por dentro, y la luna resplandeciendo tan blanca en lo alto observándolo todo.

Tengo congeladas las ideas y las entrañas, pero en el fondo sólo quiero deshacerme contigo, que nos quedemos sin ropa, que nos demos calor con las manos y la boca.

Te imagino diosa y terrenal, completa e incompleta, y llena de misterios, pequeños puzzles a resolver para seguir avanzando en la historia y poder llegar hasta el final.

Cuando sacas los pies del lodo para comenzar el camino nunca sabes si podrás terminarlo, si habrá señales que te confundan y hagan que te equivoques de rumbo. Y yo, aunque con buena orientación tengo la tendencia, o la extraña manía, de errar en los objetivos.

Apunto mal y disparo todavía peor.

Y además tengo la mala suerte de tropezar con la misma piedra más veces que la mayoría de la gente.

Pero sin piedra no hay errores.

Por las noches veo claro el llano que va a permitirme llegar hasta a ti, envuelta en luz, repleta de señales de precaución, de pistas que indican que estás tan destrozada como yo. Me pregunto qué haré cuando te encuentre y me tiemblen las manos de emoción, y sólo pueda pensar en besarte en lugar de en darte los buenos días.

Y tengo miedo, y algo de pereza en los huesos, para lanzarme de lleno en tu mar.