En tus ojos.

Nunca quise darme cuenta de que en tus ojos atardecía antes de tiempo.

Mecanismo de autodefensa.

Ser consciente de lo que sucede antes de que se vuelva tangible es uno de mis defectos, el paso por delante que me impide disfrutar y sonreír un poco mejor; y respirar sin ningún tipo de miedo. Tarde o temprano todos los caminos se acaban, hasta los que llegan a Roma, o se tuercen y hacen que te quedes deambulando en medio de la nada.

Creo que las miradas no entienden de calendarios, ni del paso del tiempo, que sólo reflejan algunos sentimientos, la pantalla del teléfono móvil y el uso de drogas de diseño.

Recuerdo que besaba tus párpados como si la muerte quisiera cogerme de la mano antes de que sonara el despertador.

Recuerdo que te abrazaba como si pudieras desaparecer en cualquier instante, y el sueño fuera a desvanecerse ante mi mirada.

Recuerdo que me costaba respirar por la culpa y el desastre.

Y todo eso se ha ido, y los colores del otoño me calman, me curan, me abrazan.

Ahora pienso que ya no estoy en guerra, ni me siento el suplente que calienta el banquillo, ni ese actor que espera una y otra vez ser la revelación del año.

He dejado de llevar la vida a cuestas, sólo me acuerdo de coger el abrigo y la cartera cuando salgo de casa.

Al final me alegro de que te marcharas para dejarme sitio, para poder cuidar de mí.

Me alegro de tocar atardeceres y de no perder el tiempo viendo mi reflejo en tus ojos.

Entre ecos y besos vacíos.

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