No sé si sabes.

Supongo que debí ser feliz en algún punto del pasado porque recuerdo esa sensación de que nada me pesara por dentro, de no preocuparme por lo que tuviera que venir, de mirar el reloj y que me importara bien poco el paso de los días.

Sin embargo, ahora tengo la sensación constante de estar perdiendo, de no ser capaz de lograr mis objetivos, ni de llegar a donde quiero.

Y es tan frustrante.

Acaba noviembre sin que el año nos haya servido de nada, sin que nada bueno haya pasado, sin que nuestra suerte haya dado ese giro profundo que todos esperábamos. Hemos vuelto a caer en la trampa de creer que un nuevo dígito al final serviría para que nuestra vida cambiara de una vez por todas a mejor.

Pero no pasa, parece que lo bueno nunca llega.

Todo está del revés.

El cielo gris hace que suban las temperaturas y dentro de casa sólo hace que crecer el frío.

Todo está mal.

Nos han vuelto a ganar los enemigos, han vuelto a arrinconarnos, nos han dejado rezagados en el borde del camino pidiendo limosna y abrazos.

No sé si sabes que te miro y no me canso.

No sé si sabes la magnitud del problema.

No sé si quieres saberlo.

No sé si sabes que un día también la luna y el sol fueron capaces de besarse y ahora ni se tocan ni se ven.

Como tú y yo.

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