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Vivir sin ti.

No sabría decir qué olor tienen ahora las tardes de domingo, ni las mañanas. Quizá es una mezcla de sábanas usadas, folios impresos, subrayadores y café.

Y nostalgia, o pura tristeza, tampoco sé distinguirlo demasiado bien.

Los sentimientos se han comenzado a mezclar aquí dentro como si la vida se tratara de una batidora o una trituradora que todo lo destroza, sin más motivo que el de destrozar por destrozar.

A estas alturas del año esperaba cosas muy distintas a las que tengo, esperaba que todo hubiera cambiado a mejor y sólo puedo pensar que con el paso del tiempo la mayoría de aspecto vitales están yendo a menos, apagándose como la luz de una vela con las horas. Esperaba algo de nieve en los tejados, algo de amor en el sofá, algo de verdad en los telediarios, algo de sinceridad en tus palabras.

Creo que leo mejor los ojos que los labios, por eso sé que callas más de lo que debes y realmente quieres callar.

A estas alturas del año que estoy tan lleno de miedos e inseguridades, tan lleno de nervios y ansiedades, tan repleto de tristeza y escasez de voluntad.

A estas alturas y tú tan lejos.

Será que no necesito más que cogerte de la mano mientras gira el mundo como siempre lo ha hecho.

Será que me importa poco lo que pase en la ciudad si tú estás a salvo.

Será la tranquilidad de saber que mientras tú estés bien yo podré estar bien.

Pero no lo estás, y yo tampoco.

Aunque diga lo contrario sonriendo (casi creyéndomelo).

Por eso esto no funciona como debería estar funcionando, por eso estoy encogido sujetándome las rodillas con los brazos mirando a la nada pensando en todo. Y me gusta tan poco el futuro que imagino sin ti, me gustan tan poco los días sin el reflejo de tu pelo entrando por la puerta, me gusta tan poco existir sin tus besos. La verdad es que no me gusta nada habitar en un paisaje en el que no aparezcas a diario.

Vas a dejarme marchar sin oponer resistencia, sin sujetarme por los brazos, si detenerme con un beso que se haga eterno, y parece que no te importa lo más mínimo, como si el final de todo esto dependiera únicamente de mí.

¿Sabes? Pensaba que esto del amor era siempre cosa de dos.

Y no sé qué voy a hacer ahora, porque a mí me pasa como pasa en la canción.

Ya no puedo vivir sin ti.

No hay manera.

La oscuridad interna.

Ansiedad han dicho que se llama. Y es que hay muchas cosas que aunque estudies Medicina o seas un experto psiquiatra no puedes entender si no las has sufrido. Digan lo que digan. Y tú, que me lees, puede que sí que hayas sentido esa opresión en el pecho que no te deja respirar, que te hace efecto túnel y lo va convirtiendo poco a poco todo en negro mientras te vas olvidando de respirar. No sé si tú también has vivido esa realidad de tener un peso en el tórax que no te deja expandir los pulmones, que te hace sentir débil e incapaz de nada, que no te permite tragar saliva con normalidad, que te obliga a tumbarte, cerrar los ojos y tratar de dejar que el aire vuelva a fluir por tu tráquea. Esa sensación de que el corazón te late en la sien y el pulso va demasiado rápido como para que puedas contarlo.

Depresión han dicho que se llama. Y no tienes fuerzas para levantarte un día cualquiera cuando suena el despertador. Sabes que tienes que lavarte la cara, los dientes, peinarte un poco, ponerte el desayuno y hacer lo que sea que tienes que hacer, o lo que los demás esperan que hagas. Y no puedes, y tú mismo te sientes un inútil por ello, y al mismo tiempo no tienes las respuestas al problema, no sabes cómo cambiar la situación y salir de ella. El mundo se convierte en una cárcel que te oprime y te empuja a permanecer dentro de tu habitación, y la luz se reduce a una fina rendija por debajo de la puerta. Te toca escuchar consejos absurdos de gente que dice que le importas: sólo es cuestión de ganas, tú puedes hacerlo, deberías salir más a la calle, arréglate un poco, lo que no puedes hacer es quedarte todo el día en casa, a ti lo que te hace falta es despejarte. Hay que ver lo bien que se nos da llenar a los demás de consejos que no les sirven en absoluto, desde esa condescendencia que siente el que está mejor que tú, desde esa posición de superioridad del que parece verlo todo claro.

Es curioso cómo sabemos solucionar las vidas de los demás cuando no tenemos ni idea de cómo afrontar las nuestras.

Es curioso, y muy humano, esa forma de decir a los demás lo que tienen que hacer mientras que nosotros no queremos que nadie maneje nuestras vidas.

La hipocresía forma parte de nuestro día a día, eso ya estamos hartos de verlo, pero no sé, quizá la próxima vez que quieras dar un consejo: ahórratelo, cierra el pico, cállate la puta boca.

Muchas veces la única forma de ayudar al otro es en silencio, estando a su lado, dándole un abrazo, mirándole a los ojos y dejando que llore. Sin más.

He visto consejos arruinar muchas vidas, y algunas sonrisas salvar a alguien para siempre.