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Amor, llanto y libertades.

Somos lienzos que cuentan historias de amor, llanto y libertades.

Y no lo quieren permitir.

Quieren mancharnos, tacharnos, borrarnos hasta que nadie se acuerde de nosotros.

Quieren que callemos, que cerremos los ojos, que traguemos saliva, que nos conformemos con la mordaza en la boca y las esposas en las muñecas.

Quieren meternos el miedo en los huesos, que nos quedemos en casa consumiendo telebasura, que se nos funda el cerebro y no repliquemos.

Quieren que odiemos al extranjero, al diferente, a aquellos que buscan su identidad, a quienes que alzan la voz contra cada una de las desigualdades que sufren a diario.

Quieren que nos importe el dinero más que las personas que tenemos alrededor.

Parece que aún no saben que el ser humano está hecho para romper las reglas y no conformarse con mentiras para maquillar las realidades tristes que nos envuelven. Que, al final, siempre estiraremos la mano para recoger a quienes caen en el camino, abriremos los brazos para abrigar a quien tenga frío, y gritaremos al cielo las consignas de aquellos a quienes callaron antes de tiempo.

A nuestro ejército ya no le hacen falta las armas porque tenemos a las palabras de nuestra parte.

Lucharemos en las calles y fuera de ellas.

Inventaremos nuevos himnos.

Alzaremos las manos sin que nos tiemblen las piernas.

Lo habremos conseguido.

Habremos dado el primer paso.

Tú y yo, republicanos, acabaremos envueltos en la tricolor con una sonrisa de esas que no se borran jamás.

[Y es que vamos a querernos aunque el mundo no nos deje.

Esa será nuestra victoria.]

Peces koi.

Se cierra una etapa y se abre otra.

Inevitablemente.

Porque el tiempo no se detiene, porque tu respiración es continua, porque Siberia no se ha movido del sitio, porque vas a seguir protestando ante la injusticia.

Tenemos que decir adiós y hola al mismo tiempo.

Tenemos que cerrar puertas y abrir ventanas, para que el viento se lleve todo lo malo.

Hemos sobrevivido de nuevo a las bombas, a las normas sin sentido, a las leyes que van en nuestra contra. Hemos ganado otra victoria silenciosa de puertas para adentro y ahora toca pelear ahí afuera. Los puños arriba, las piernas preparadas, el gancho de izquierdas, la sangre en la lona. Nadie dijo que el mañana fuera fácil, ni que la lluvia no fuera a calarnos hasta la médula ósea. Y es que desde un aula de instituto la vida nos engaña y se camufla de oportunidades que no vamos a tener.

Al final hay nada.

Sólo hay nada.

Silencio y vacío infinito; pero antes.

Antes somos luz y destellos de color.

Piratas buscando el tesoro en cualquier mapa que tenga una X.

Jazz de Nueva Orleans.

Inocencia perdida antes de tiempo.

Amor que se mantiene vivo.

Abrazos por las noches.

Se nos da bien enredarnos a besos y palabras que sólo tienen sentido para los dos. Disimular con los demás, que nadie sepa la verdad. Mantener la ilusión dentro de una bola de cristal que nos siga calentando el esternón cuando lo imposible se nos venga encima.

Es curioso que te pierdas en cualquier calle conocida pero que yo busque tu mano cuando no encuentro la salida, que seas mi guía, que seas el sol sobre el que no puedo evitar girar. Es curioso que digas que eres torpe pero que yo cierre los ojos sin miedo cuando me tienes en tu lengua, que arregles mis descosidos, que escribas en mi piel sin dudar.

Nadie va a quitarme la sed como tú.

Y es que somos peces koi que nadan hacia arriba, que van a contracorriente, luchando contra todo y todos, llegando hasta la cascada para convertirnos en dragones.

Y acabar siendo leyenda.

En un pestañeo.

[Abre los ojos.]

Yo que soy el fruto de tanta derrota, de tanta equivocación, de tanta tinta esparcida por el mundo sin razón, he logrado ver en una media sonrisa suya el camino a la salvación.

He encontrado el mínimo rayo de esperanza en los retazos de otras manos, un volátil halo de felicidad instantánea, efímera, súbita; que tal como viene se va sin que sea capaz de seguir su rastro.

Llegará otro viernes noche, volverán a sonar las doce campanadas y tienes claro que no estarás mirándome a los ojos. Tranquila, yo también. La locura y el desamor hay que aprender a asumirlos con rapidez, hay que hacerse fuerte a base de golpes que abollen la armadura y que nos tiren del caballo.

Somos como esos perros abandonados: agradecidos, y de corazón noble. Y aún creemos en todas esas cosas antiguas ya casi olvidadas como la lealtad y el honor. Somos pájaros con las alas mojadas, personas que caminan en círculo. Es la única explicación que encuentro para saber por qué siempre acabo volviendo a ti, a tu mirada, a tus labios malditos, a esa voz que escucho algunas noches antes de dormir.

No sé dónde vamos a ir a parar con tanta caída, con tantos obstáculos, con tanto meternos en el fango. No sé cuándo será definitivo, cuándo llegaremos al callejón sin salida, cuándo tendremos que huir dejándonos atrás el uno al otro.

Estoy hecho para aguantar la destrucción, el caos y la tortura psicológica. Estoy entrenado para llorar por dentro y en silencio, para escuchar un nunca más que venga de tu boca. Estoy preparado para que me dejes olvidado, marchitándome en cualquier jarrón.

Estoy hecho para perder todas las partidas. No tendrás que preocuparte.

Sabes que siempre te pido muy poco, pero esta vez deja que te cure las heridas.

Que esa sea mi única victoria.

[Cierra los ojos.]