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Cerveza fría.

Miras hacia abajo y sientes vértigo, a mí me pasa lo mismo cuando miro hacia atrás o cuando miro hacia adelante sin distinguir tu silueta entre la multitud.

Hoy me duele la garganta de gritar tu nombre al vacío.

Sé desde el primer día que no eres como los demás, que te pasa como a La mujer de verde en la tercera estrofa de la canción.

Yo sé desde que decidiste abrirme tu puerta que sólo buscas libertad y poder volar sin que nadie intente atraparte, no tener que dar explicaciones, ni preocuparte demasiado por nada que no te importe de verdad.

Escucho todavía el eco de tu voz dándome esperanzas, haciendo que mi pulso se mantenga rítmico, aunque débil entre la lucha y el abandono.

Tengo clavados a estas alturas tus ojos observándome en la penumbra, mientras estabas recubierta de miedos e inseguridades incendiarias que no he sabido apagar, que quizá sólo he alimentado por no saber hacer las cosas bien.

Lo que no sé es cómo evitar esto de estar convirtiéndome en una sombra de lo que era o he llegado a ser alguna vez, de qué manera puedo evitar la debacle de este amor en el que no tengo la decisión final.

Me siento como un artesano sin manos, sin herramientas, sin armas; y hasta sin lo que creía que no perdería nunca por ti, las ganas. Porque creo que he demostrado, dicho y hecho todo lo que podía.

Ya no guardo ningún truco bajo la manga, has visto mi realidad sin máscaras.

Hay cerveza fría esperándote en mi nevera y tengo café para hacer por la mañana.

Siempre, por si quieres venir.

La piel cansada.

¿Que si me acuerdo de la primera vez que te vi? ¿Cómo no iba a hacerlo? Si aún te miro como entonces, como si todo fuera nuevo, como si fueras un regalo al que estoy quitando el envoltorio con prisa porque me muero de ganas de ver qué hay dentro, como si no supiera lo que hay detrás de tu sonrisa y tu mirada, como si no supiera que tras la ropa sólo hay piel cansada y lágrimas saladas.

Estamos hechos de cosas que no se olvidan y vacío, de pequeños fragmentos de pasado y deseos, de esperanza y viejas historias.

Yo no sé si mañana vamos a ser sólo aire o si vamos a estar bajo la misma piel de lobo manteniéndonos lejos del frío. Ni siquiera sé si voy a verte despertar algún día más, ni siquiera sé si voy a despertar algún día más. Tampoco sé si habrá dinero o si me queda café en la despensa y puedo seguir viviendo, o hacer lo que hago.

Pero no importa, lo que importa es que estoy aunque no me veas, aunque no puedas tocarme cada vez que quieras.

Estoy.

Justo a tu lado.

Estoy como está una sombra, o una huella sobre la arena, sin que te des cuenta, sin que le des importancia. Pero no somos nadie sin sombra. Mira lo que le pasó a Peter Pan, que huía de ella, y cuando la perdió y volvió a encontrarla tuvo que acabar cosiéndola. Porque tenemos miedo a todo eso que es parte de nosotros mismos, porque intentamos no ver ni mirar hacia dentro, porque no sabemos qué hacer con nuestros sentimientos llenos de nudos ni sabemos mirarnos al espejo sin cerrar los ojos. Tememos hacernos adultos, crecer, ser responsables, y asumimos que algunas cosas no deben cambiar para no tener que volver a empezar.

No creas que me pasan estas cosas con cualquiera, que nadie me ha hecho perder el sueño como tú, que nadie me ha hecho temblar en la oscuridad como tú, que nadie me ha besado con prisa como tú lo has hecho, que nadie me ha borrado las dudas de golpe como tú lo has hecho.

Escribiría por ti miles de páginas sin esfuerzo, y sonreiría cuando las nubes grises se posaran sobre nosotros, cantaría desafinando después de dos cervezas si es cuestión de reír contigo. Si tuviera que elegir te salvaría a ti de cualquier desastre.

Quizá por eso yo lo tengo todo tan claro y tú no.

Te invito yo.

Vamos a olvidar los recuerdos y a quemar las fotografías, y a deshacernos de los nombres por los que todo el mundo nos conoce.

Debe ser ya la hora de empezar de cero y tirarlo todo por la borda, lanzarnos a un precipicio llamado futuro, dejar los adoquines que llevamos en los bolsillos.

Mira, sólo te digo una cosa:

— Despliega las alas.

Que ya toca.

Basta de estar en la sombra, de quedarse siempre en la parte del camino que nadie quiere transitar. Ya hemos tenido suficiente siendo los sacos del boxeo de todo el mundo, los que sostienen sus penas, los que transportan sus mundos, los que siempre callan y asienten y nunca dicen nada con tal de no hacer daño.

Basta de ser marionetas maltrechas, juguetes rotos a los que todo el mundo usa a su antojo y después desecha sin pensar.

Basta de ser tú y yo, y conformarnos con esto.

Ya nadie tiene que decirnos qué hacer o qué decir, ni qué señales debemos seguir, ni qué estrellas debemos mirar.

Hay un eclipse lunar y no me coges de la mano.

Una vez más.

Llegará el tiempo de quitarnos las ropas, quedarnos desnudos de miedos, besarnos las canas, acariciar las arrugas, lamernos todas y cada una de nuestras cicatrices, querernos más cuanto más viejos y feos, y fofos.

Y esto no va a parar.

A la próxima vida te invito yo, te lo prometo.

No vamos a sufrir más.

No es necesario.

La calma tensa.

La calma tensa, el grito ahogado.

Futuro, pasado.

Hace tiempo que decidí convertirme en camaleón, no llamar la atención, dar un paso atrás, agachar la cabeza y mirar al suelo. Intentar siempre no ser el foco al que apuntan las cámaras, dejar el mérito para los que de verdad se lo merecen.

La mayor parte de las veces sólo soy otro ladrillo más en el muro, haciendo lo que se espera de mí, repartiendo vectores, igualando fuerzas. Cosas de la física.

Ser como ese acorde puente que pasa desapercibido en cualquier Sonata de Mozart, como ese complemento circunstancial en una oración que se puede eliminar sin que pierda el sentido, ser como un poco de ADN no codificante.

Sombra entre tanta luz, viento en una noche de verano.

Siempre, nunca.

Ni con el paso de los días parece que el año mejora, que la sensación de falta de aire y de peso en la conciencia es inevitable. La duda perenne de saber si algún día podré sentirme bien, si podré, por fin, salir a la superficie de todas estas aguas negras y coger aire, y respirar por primer vez.

Atrapado en el tiempo estoy viviendo dentro de un cuadro de Dalí.

Quizá sólo necesito seguir hibernando, que llegue la Primavera y empezar a vivir cuando comience el deshielo.

Mientras el momento de vivir llega, trataré de no ahogarme.

No prometo nada, nunca supe nadar bien.