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El sitio incorrecto.

A ella le daría hasta mi café.

No hace falta que nadie me pregunte qué estaría dispuesto a hacer por ti, porque lo llevo grabado en los ojos. Es una de esas cosas en las que sobran las palabras, porque al verbalizarlo todo parece poco comparado con la verdad, con lo que va por debajo de la piel.

Yo sólo sé que me has vuelto a tocar y tengo el alma del revés, y que cada día que pasa me hago más grande contigo al tiempo que me siento más pequeño.

Podría ser todo tan sencillo. La vida fácil que nos vendieron durante los años veinte, los vaqueros y las camisetas blancas de los rebeldes sin causa aparente. Esa vida asequible que predican que hay en los mares del sur.

Podría ser todo tan simple como elemental, querido Watson.

Me conformo con verte cerrar los ojos cada noche.

Me conformo con pelear contigo por la manta las noches de invierno.

Me conformo con tener que hacer otra vez la compra para dos.

Me conformo con leer los domingos por la tarde con tu cabeza apoyada en mi hombro.

Me conformo con que nos valga con no hacer nada.

Y seguir respirando sea suficiente para los dos.

Hemos creados templos y dioses que no valen la pena, y nos hemos olvidado de las personas. De tocarnos más y mentirnos menos. De mirarnos a los ojos y cantar sin que desafinar importe en absoluto. De abrir las ventanas y dejar que salga lo malo. De respirar profundo y cerrar los ojos. De recorrer tu cuello y acabar perdido entre tus piernas.

Llevo mal lo de no ser nadie y tener que saltar siempre sin saber lo que me espera.

Ya no tengo claro si he de pedir perdón o atacar otra vez. Si tengo que parar el coche y quedarme a un lado del camino. Si es mejor apagar la hoguera y barrer las cenizas o dejar que todo arda.

Siempre estoy en el sitio incorrecto, descolocado, sin hogar ni rumbo fijo y vas a acabar conmigo antes de tiempo.

La ley de Murphy.

Barbarie en las calles, el sol quemándonos la piel sin que haya sombra en la que protegernos, y me he dado cuenta de que necesito ciertas cosas más que respirar, y que voy a seguir quemándome con todo este juego.

Gasolina en los sentidos, y una cerilla cayendo al suelo delante de nuestros ojos.

Necesito agua y tormentas de verano para controlar todo este incendio. Tormentas de las que te llenan el olfato de tierra húmeda gritando alivio, tormentas de las que dejan el cielo limpio de cualquier derrota.

No sé por qué siempre corro arrastrando las cadenas, quedándome el último, viendo cómo los demás han llegado a la línea de meta sin que yo haya sido capaz de avanzar ni un metro.

Rebeldes, bordeando el límite como quien bordea un precipicio riéndose de las alturas, sin medir las consecuencias.

Inconscientes.

Tanto tiempo burlándonos de nosotros mismos, escondiendo las verdades. Tanto tiempo que sólo puede ir en nuestra contra.

El Conejo Blanco ya nos dice que llega demasiado tarde, porque hay cosas para las que siempre es tarde. Pero vamos a seguirle hasta la madriguera, vamos a beber el veneno, que nos corte la cabeza la Reina de Corazones si hace falta.

Créeme que sé lo que es no sentir hogar en ningún abrazo, créeme que sé lo que es sentirse pequeño y querer desaparecer a cada momento. A estas alturas del viaje llevo tanta soledad metida en el pecho que ya somos uno, inseparables.

Ahora todo son buitres en mi cabeza, esperando a que me convierta en carroña, esperando la muerte lenta que me señala las horas. Todo es incertidumbre, inquietud y dudas, un escenario a oscuras por el que tengo que caminar sin saber muy bien cómo.

Quizá acabe igual que Jim Stark en Rebelde sin Causa.

Quizá acabe como Theodore Twombly en Her.

Quizá es que estoy mirando el mapa y sólo veo un camino.

Sócrates, de verdad que no sé nada, ahora mismo sólo tengo claro que si algo puede salir mal saldrá mal.

Lo dice la primera ley de Murphy.