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Otra dimensión.

Creo que debo estar hipomaníaco, el pensamiento me va tan rápido últimamente que no soy capaz de concentrarme del todo y voy saltando de una cosa a la otra haciendo varias cosas a la vez. Supongo que el tomar cinco o seis tazas de café al día para mantener despierto entre hojas rayadas, bolígrafos y subrayadores de todos los colores tampoco ayuda demasiado.

Llevo unas cuantas noches durmiendo un par de horas, más que suficiente para coger energías y seguir adelante con toda la paranoia que llevo dentro. Ni el hecho de ir al gimnasio con la primera luz del día ha conseguido calmarme un poco los nervios o rebajarme la energía, o quitarme el entresijo de pensamientos que me va llenando capilares y sistema nervioso periférico al mismo tiempo.

He vuelto a redescubrir la radio de madrugada, ahora entiendo por qué cuando te haces anciano recurres a ella para que te acompañe en medio del insomnio que no quitan las benzodiacepinas ni los hipnóticos recetados por el médico de cabecera.

Y cuando no es suficiente me veo obligado a encender la luz de la mesita de noche y a coger el libro que llevo a mitad desde hace meses para ir avanzando en la historia.

Ahora que viene el frío tengo calor metido en las sábanas de una cama que se va haciendo más grande con los meses y me acabará tragando sin que me de cuenta, llevándome a otra dimensión donde quizá los sueños se cumplan sin tener que sufrir por ellos.

El vacío nunca deja de crecer, el agujero negro del pecho acabará con todo.

Voy a guardarme la esperanza y las palabras pronunciadas porque no sé qué va a pasar.

Salva a la animadora, salva al mundo.

La psicodelia nos envuelve en forma de pantallas, palabras y nuevos miedos sin necesidad de drogas, o quizá por culpa de todas ellas.

Etiquetas, diagnósticos y falacias.

Hemos creado un universo a nuestra medida, en el que podemos arrimarnos cada día al árbol que más sombra da sin que pase nada, sin que se nos fundan las bombillas por culpa de la alta tensión.

Chaqueteros, mentirosos, desertores.

Modificamos nuestro pensamiento cada vez que suena la alarma del despertador, y ya no hay convicciones, ni sentido común, ni pilares robustos en los que basar nuestro ideario.

Desleales y deshonestos.

Todo vale para llevarnos por el mundo como un rebaño de ovejas idénticas sin criterio.

Nos hemos transformado en esa sociedad insulsa y maleable que aventuraban algunos escritores a principios de siglo XX.

Somos la masa perfecta para que vuelvan a crecer el odio y la rabia en forma de hongos que nos pudran desde dentro.

Y me pregunto si hay manera de detenerlo, si existe algún botón que nos permita parar el tiempo para poder mejorar el futuro que nos espera, para intentar comprender qué ha pasado, qué necesitamos cambiar, qué podemos hacer.

Nos rodean banderas y populismos de colores, y descerebrados que hablan delante de micrófonos con grandes altavoces, gente que aún cree en razas y etiquetas con el mismo tufo que llenó Europa y el resto del mundo de sangre durante décadas.

Y aquí seguimos mientras se deshacen los polos, se acerca el Sol y se esfuman las especies en extinción.

Inmóviles y sin herramientas.

Marchitos por dentro,

sin ser capaces de salvar a la animadora ni de salvar al mundo.

El mentiroso.

La mentira es una manera fácil de lograr algo. Sirve tanto para conseguir ciertos beneficios u objetivos como para evitar reproches y castigos. Sirve también para manipular, ocultar, ganar o cualquier otro verbo que pueda conjugarse a esos efectos.

Muchas veces utilizamos las mentiras como un modo de autoconvencernos, pensamos que si decimos ciertas cosas en voz alta y hacemos partícipes al resto el pensamiento o la idea en sí mismo se convierte en realidad de manera automática. Hacemos algunas afirmaciones que son puro autoengaño con el único fin de estar un poco más tranquilos con nosotros mismos.

Buscamos la paz a costa de fingir, de mentir, y así sólo aumentan las guerras internas, las batallas diarias, las peleas de costillas para dentro.

Ya no sé qué pensar, hace tiempo que dejé de tenerlo todo claro.

Lo único que sé últimamente es que no consigo conciliar el sueño durante más de dos horas seguidas y que ya no recuerdo lo que es despertarme sin sobresaltos por culpa de las pesadillas.

Y que las ojeras no hacen más que crecer.

Sólo conozco el miedo.

Mi vida me parece algunos días como esas novelas enigma del siglo diecinueve en las que al final todo se descubre, pero yo no llegaré a verlo para entenderlo porque seré el cadáver rodeado de una silueta de tiza blanca.

Mi vida me parece algunos días como una de esas bromas pesadas de cómico inglés que sólo se entienden en determinados momentos o circunstancias, o compartiendo cierta visión cultural.

Al final sólo tenemos dos opciones, como en muchas ocasiones: mentir o elegir la verdad, ocultar o dejar que todo salga a la luz; y es fácil y a la vez tan difícil.

Pero elegir un rumbo u otro nos acaba delatando, nos coloca sobre el tablero, muestra nuestras cartas con sólo un pequeño gesto, elegir nos acaba definiendo por mucho que creamos lo contrario.

Yo tengo claro de qué lado quiero estar pero quizá soy sólo un mentiroso que se dice a sí mismo que le quieres porque no es capaz de seguir adelante sin ti.

Pero a ti siempre te he dicho la verdad.