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El puente de los perros suicidas.

Todos tenemos un punto débil que los demás no entienden.

Todos tenemos ese resquicio por el que puedes penetrar en una realidad paralela donde todo es diferente.

Todos tenemos ese imán que nos llama por nuestro nombre de vez en cuando y nos deshace los nervios y los tobillos.

Todos tenemos ese puente que nos atrae como si fuéramos perros suicidas, y nos obliga a saltar una y otra vez; y nos mata más de las siete vidas que tiene un gato.

Yo me obligo a no pensarte pero no puedo evitar deshacer la cama si estás conmigo y querer quedarme encerrado en la habitación mientras el resto de almas en pena vagan por el mundo a sus anchas.

El viento en las calles sigue trayéndote hacia mí, me acerca los ecos de tu voz y el leve aroma que deja la colonia sobre tu tibia piel. Y sigues siendo el silencio, la paz, la calma, en medio de tanto ruido ensordecedor; como tener el móvil apagado en pleno siglo XXI.

Estoy tan acostumbrado a perderme a mí mismo y tan poco a perderte a ti.

Inexplicablemente seguimos viviendo al límite, llevándonos al extremo, jugando contra nosotros mismos.

Y aquí estamos, después de todo, a pesar de todo.

Por algo será.

Pieles rotas.

Llega septiembre y sus días más cortos.

El caos se acopla de nuevo a una ciudad en calma, vuelven los coches y los niños al colegio. Se han deshecho ya los hielos del último vaso en las fiestas del pueblo, ahora flotan las banderas entre las casas mientras las moja la lluvia fresca que avisa de que llegará el otoño con más ganas que nunca.

Es ahora cuando tocará abrir el pecho y que caigan las flores muertas, las hojas secas, las pieles rotas.

Ahora que pase el viento entre las costillas para limpiarnos por dentro, que caigan los aguaceros mientras corremos contra el tiempo para cambiarlo todo. Hemos tardado mucho en cambiar las fichas del tablero, en ser reyes, reinas y alfiles jugando a los dados.

Ahora escucho el silencio a primera hora del día, cuando todavía empapado en sudor intento abrir los ojos mientras lucho contra el sueño que me atrapa.  Estoy todavía dando tumbos en la vida, golpeando muros con y sin vergüenza, tambaleándome por intentar bailar al ritmo que marcan otros.

No sé cómo somos capaces de sobrevivir a tanta mierda, ¿tú no ves a las moscas frotándose las patas?

Apenas hay paz interior pero veo tu silueta al otro lado de la calle, y me llena de calma.

El cielo se apaga hoy como se apagaron un día mis llamas, mis ganas.

El cielo se apaga y se llena de ausencias, de gritos sin voz.

Llega septiembre y sus días más cortos, y sus besos más largos, y sus abrazos más fuertes.

Llega septiembre y yo siempre llego contigo.

Ataraxia.

Si al final lo único que queremos es dormir tranquilos, lo único a lo que aspiramos en la vida es no tener preocupaciones, poder besar, reír, abrazar, sin que nada duela, sin que nada pese y nos arrastre como si fuera una corriente marina traicionera.

El miedo ha ido creciendo dentro de mí y es tan tramposo, porque nos hace inseguros, cobardes. El miedo nos transforma y puede sacar lo peor de nosotros mismos: el odio, el rencor, la rabia. Estoy haciendo una lista con los errores que he cometido contigo para quemarla en San Juan, para intentar empezar de cero conmigo mismo y ser capaz de perdonarme. De nuevo soy el culpable de todo, de nuevo he arruinado la situación. Ahora me siento tan responsable de todo el daño que te he hecho, de todo el caos que he causado, que soy incapaz de cerrar los ojos sin que me despierte la taquicardia.

Contigo conseguía esa paz estoica, esa extraña calma en la que puedes escuchar cómo crecen las flores y ahora lo he convertido todo en un campo de minas, tan peligroso para lo dos.

Contigo todo era ataraxia, conseguía estar en equilibrio y quitarme los remordimientos, el malestar conmigo mismo. Lograste que pudiera mirarme al espejo sin odiarme, sin querer arrancarme la piel al desnudarme, que me sintiera querido, cuidado y protegido. Ayudaste a que buscara eso que todos deberíamos buscar por nosotros mismos: ser mejores, llegar más lejos, saltar más alto.

Supongo que ya te habrás dado cuenta de que, por mucho que pueda o sepa escribir, sigo expresándome mejor con besos que con palabras, que al final sólo los gestos nos representan realmente, y a tu lado se me atragantan las oraciones subordinadas, acabo diciendo lo contrario a lo que quiero decir, me explico peor de lo que me gustaría.

Espero acabar siendo una figura de mármol, que todas estas turbulencias que siento se vayan lejos, quedarme inmóvil por un tiempo, que pasen los días y las noches lo más rápido posible, que desaparezca esta sensación que tengo en la piel, dejar de echarte de menos más de lo que he echado de menos a nadie antes, querer vivir de nuevo.

O que lo arregles todo y vengas a salvarme con un abrazo, y me dejes llorar en el hueco de tu cuello hasta calmarme, que tus besos sean bálsamo y no veneno.

 

El mentiroso.

La mentira es una manera fácil de lograr algo. Sirve tanto para conseguir ciertos beneficios u objetivos como para evitar reproches y castigos. Sirve también para manipular, ocultar, ganar o cualquier otro verbo que pueda conjugarse a esos efectos.

Muchas veces utilizamos las mentiras como un modo de autoconvencernos, pensamos que si decimos ciertas cosas en voz alta y hacemos partícipes al resto el pensamiento o la idea en sí mismo se convierte en realidad de manera automática. Hacemos algunas afirmaciones que son puro autoengaño con el único fin de estar un poco más tranquilos con nosotros mismos.

Buscamos la paz a costa de fingir, de mentir, y así sólo aumentan las guerras internas, las batallas diarias, las peleas de costillas para dentro.

Ya no sé qué pensar, hace tiempo que dejé de tenerlo todo claro.

Lo único que sé últimamente es que no consigo conciliar el sueño durante más de dos horas seguidas y que ya no recuerdo lo que es despertarme sin sobresaltos por culpa de las pesadillas.

Y que las ojeras no hacen más que crecer.

Sólo conozco el miedo.

Mi vida me parece algunos días como esas novelas enigma del siglo diecinueve en las que al final todo se descubre, pero yo no llegaré a verlo para entenderlo porque seré el cadáver rodeado de una silueta de tiza blanca.

Mi vida me parece algunos días como una de esas bromas pesadas de cómico inglés que sólo se entienden en determinados momentos o circunstancias, o compartiendo cierta visión cultural.

Al final sólo tenemos dos opciones, como en muchas ocasiones: mentir o elegir la verdad, ocultar o dejar que todo salga a la luz; y es fácil y a la vez tan difícil.

Pero elegir un rumbo u otro nos acaba delatando, nos coloca sobre el tablero, muestra nuestras cartas con sólo un pequeño gesto, elegir nos acaba definiendo por mucho que creamos lo contrario.

Yo tengo claro de qué lado quiero estar pero quizá soy sólo un mentiroso que se dice a sí mismo que le quieres porque no es capaz de seguir adelante sin ti.

Pero a ti siempre te he dicho la verdad.

Yo insisto pero nunca gano.

Yo insisto pero nunca gano.

Y veo las palomas blancas volando, sin saber si me hablan de paz o de muertes lejanas.

Y hay edificios antiguos que cada día me miran distinto y a mí me parecen cambiados de sitio.

Y a ti te crece el pelo y te mengua la sonrisa.

Y a mí me brotan lágrimas y se me secan las raíces.

Y se sale el café de la taza nueva y hay que volver a limpiar las ventanas por culpa de la lluvia.

Hoy alguien ha empuñado un kalashnikov en Siria y han tenido que rescatar del mar a una madre con su niño.

Hoy alguien construye nuevas emociones, pinta una pared, hace sonar un piano de cola, se besa en un ascensor.

Hoy alguien ha muerto de la manera más tonta, se han roto miles de corazones, nuevas voces han gritado frente a los muros, los aviones se siguen manteniendo en el aire.

Y hay billetes de ida sin vuelta.
Y hay besos crueles.
Y hay quien sólo mira hacia adelante.
Y hay palabras flotando entre nosotros, invisibles cual mentira.
Y hay gente esperando un salvavidas en forma de abrazo largo.
Y hay ríos que se secan y entrepiernas que se mojan.

Aún no lo sabes, pero te he escrito canciones que te gustaría que te cantaran al oído.

Aún no lo sabes, pero te he ido dejado mensajes escondidos.

Queda esperanza entre las nubes y soledad para quien corre muy temprano.

Quedan ciudades para descubrirlas de la mano.

Quedan noches y días, y saliva para cubrirnos la piel.

Ojalá me fueran a salvar tu risa y tus ojos por el resto de mis días.

Pero yo insisto contigo y nunca gano.

Balada sobre ti.

Viernes y a estas horas él sonríe, sólo puede sonreír.

Pensar en ella es sentirse tranquilo.

No sabe cómo pero desde hace tiempo los únicos momentos de paz que tiene son los que comparten juntos. Ella consigue que se difumine el miedo, que la inseguridad no pase por la puerta, que los nudos que tiene en la cabeza se desenreden y la cuerda caiga al suelo. Logra que el exterior deje de importar y que no haya sufrimiento, y que lo único importante sea el color de sus ojos. Atrapa todas esas malas vibraciones para tirarlas por la alcantarilla y que se vayan lejos con toda la mierda.

La imagina tumbada sobre la cama, con la respiración lenta del que puede dormir con la conciencia tranquila, tapada hasta el cuello cuando comienzan a bajar las temperaturas. La imagina dando un par de vueltas en la cama antes de decidirse a abrir los ojos, desperezarse y bostezar. La imagina preparándose un café después de lavarse la cara y mirarse al espejo sin saber qué pensar sobre sí misma. Como nos pasa a todos.

Hace tiempo que ha dejado de importarle lo guapa que sea y que todos la miren cuando pasa por su lado, que al final lo que le importa de verdad es que su sonrisa no se mueva nunca del sitio y el corazón se le desboque a cada rato.

Hace tiempo que han dejado de importarle todo lo que ella llama defectos y que a él sólo le parecen rasgos que la hacen única.

Hace tiempo que ha dejado de importarle estar caminando constantemente sobre el alambre y poder caer en cualquier momento, sin paracaídas que le libre del golpe.

Sabe que lo que hace que todo siga creciendo entre ambos es el misterio y los silencios repentinos que hay entre los dos, y también que algunas veces puedan decírselo todo con besos y otras tengan que esquivarse las miradas.

Ella consigue que tenga ganas constantes de volver a conocerla, de tropezarse de nuevo y encontrarse con su mirada al abrir una puerta.

Ella consigue coserle por dentro, dejarle el corazón marcado con hierro candente, bajarle la fiebre, curarle el mal genio, que broten flores de sus heridas; que quiera querer, ganar y sentir.

Y aunque todo parezca una basura, con ella es simplemente perfecto.

[Si me tengo que perder buscando la felicidad, que sea sólo contigo.]

 

La piel.

Se nos suele olvidar lo que dice la piel, como si no fuera lo más importante. Como si no fuera lo de verdad. Como si no nos dijera muchas más cosas que el cerebro o que el corazón.

Porque la piel siente, la piel sufre, la piel acaba saltando, cayendo al suelo.

Se nos olvidan tantas cosas a diario, como que deberíamos disfrutar de los pequeños detalles con quienes sabemos que nos quieren en lugar de complicarnos la vida con historias que tan solo duelen. Que ni es mejor quedarse con lo que uno conoce, ni es mejor arriesgarse siempre, pero que a veces vale la pena.

Es fácil vivir pero difícil la vida.

Es fácil sentir pero difíciles los sentimientos.

Con lo sencillo que es abrir los ojos, contemplar el paisaje en la distancia y disfrutar del instante. Capturar momentos, sensaciones, percepciones, y guardarlos en las manos. Como los besos, como el sexo, como las caricias que nos damos por detrás de las cortinas.

La verdad es que no tengo ni puta idea de lo que va a pasar, ni conmigo, ni contigo, ni con el nosotros abstracto que tejimos en algún momento, pero me da igual. Voy a dejarme mecer por el viento. Voy a dejarme llevar como lo hacen las hojas al caer al agua.  Voy a cerrar los ojos y sentir que se cierran heridas para que se abran otras nuevas, porque es ley de vida.

Lo de sufrir, reír, morir. Y es inevitable.

Así que voy a dejar de construir muros y murallas, y voy a dejar atrás las armaduras que de poco me han valido hasta el momento. Pienso abrirme el pecho y dejarlo al descubierto, y veremos si empiezan a florecer rosas con la primavera o nos quedamos llenos de los fantasmas del invierno que vendrán a visitarnos para recordarnos los errores, los fracasos, que pudimos serlo todo pero decidimos ser ausencias.

Y es que me miro al espejo y tengo calma, hay una sensación de paz interior que no recordaba. Sin pesos, sin cargas, sin culpa. Y es raro para tratarse de mí, que siempre tengo algo que señalar, alguna bala que dispararme a bocajarro.

Voy a hacer caso a la piel y a acariciarte con cuidado, a besarte despacito.

De verdad, que la piel sabe, que para algo es la única que te ha tocado.