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Sol y silencio.

Hay sol y silencio.

Y no sé cómo encajarlo.

Siento el hormigueo en la piel, los pensamientos intentando abrirse paso en mi mente a golpe de gritos y el miedo cogiendo fuerza por momentos.

Hay sol y silencio pero aquí dentro siempre llueve, se me empañan los ojos sin que pueda evitarlo. La mayor parte del tiempo soy capaz de controlar las emociones ante la gente, pero eso se acaba cada vez que pongo los pies sobre el sofá y me derrumbo. Nunca hay consuelo, ni tranquilidad, ni paz interior que me permita dormir cuando el reloj marca la medianoche.

Vivimos tan rodeados de mentiras que nos pesan en los hombros, tan acostumbrados a engañar y sonreír, vivimos tan pendientes de lo que dicen, opinan y piensan los demás que nos hemos dejado en la carretera lo que realmente importaba. Vivir según dicen es un acto más de violencia contra uno mismo, pretender seguir el camino marcado, no salirse de las guías, olvidar los propios sueños por el bienestar de otros.

Hemos permitido que nos llamen egoístas por no sucumbir a los deseos y órdenes de aquellos con los que convivimos. Hemos dejado que nos digan que no podemos pisar sobre el cemento fresco para no dejar huellas y ahora estamos encorsetados dentro de esa jaula en la que han intentado convercernos de que se vive bien si tienes nevera, internet, ducha y cama.

He intentado desde hace tiempo quitarme las lianas de piernas y brazos, romper barrotes, bombardear los márgenes, olvidar los tabús y las religiones.

Soy la mayor parte del tiempo como el Roquentin de Sartre, no conozco muy bien el motivo de mi existencia, ni por qué motivo sigo en este mundo sin sentido.

Ya no hay lucha en mi interior, sólo resistencia, porque ya nada importa, ni tiene fruto, ni me sirve en absoluto.

Sólo espero que algún día nos dejen alzar el vuelo sin dispararnos porque queremos irnos lejos.

Sólo espero algún día cerrar los ojos, coger tu mano, morir tranquilo.

Sacrificio.

La gente dice que hay que sacrificarse por amor y la verdad es que no lo entiendo. Para mí nada que suponga un esfuerzo se parece a querer a alguien, porque querer es algo sencillo, que simplemente surge, aparece de la nada y muchas veces se va sin saber ni cómo ni por qué.

Un día te enamoras y al cabo del tiempo esa sensación ha desaparecido de tu interior sin dejar rastro. Yo recuerdo hacer promesas de amor eterno que se han desvanecido de manera absoluta y entonces me pregunto si hablamos demasiado pronto, si nos decimos las cosas cuando sólo son las hormonas las que están alterándolo todo.

Las hormonas y el sexo.

Culpables de casi todas nuestras malas decisiones.

Yo también pensé que algunas personas se quedarían conmigo para siempre y que yo las querría siempre junto a mí, y ahora me doy cuenta de que no ha sido así. Pasé noches de San Juan entrelazando mis dedos junto a la orilla de una playa desierta, me asfixié a besos en una cama en pleno Agosto, me cuidaron cuando la fiebre se apoderaba de mí, fui lo más importante para alguien durante años.

Y ahora nada.

He ido dejando amores a mis espaldas como quien deja cadáveres, he hecho más daño del que me han hecho a mí.

Hasta que me topé contigo.

Recuerdo que hace un tiempo había cosas que me costaba hacer aunque estuviera enamorado, también recuerdo que yo quería ser el centro. En el fondo, algunas personas usan el amor sólo para satisfacer su propio ego, sólo para sentirse queridos e importantes.

Yo también caí en eso.

Hasta que me topé contigo y convertiste todo lo demás en algo secundario. Te convertiste en el centro de mi extraño sistema solar, en la directora de esta orquesta de órganos y sistemas, en quien rompe mis cadenas.

Hace ya un tiempo que tengo claro que cualquier cosa que te tenga como destino final nunca me costará más de lo que me cuesta cerrar los ojos después de darte un beso y saber que aún tenemos un mañana que vivir.

La gente dice que hay que sacrificarse por amor y la verdad es que no lo entiendo, porque ahora te miro y tengo claro que haría como Drácula, que cruzaría océanos de tiempo para volver a encontrarte, que esperaría a que llegara a septiembre para que me aprobaras nuestra asignatura pendiente, que jugaría a ser espía en medio de la Guerra Fría sólo para toparme contigo al otro lado del muro.

[Luego imagino tu cara de indiferencia al leer esto y se me encoge el pecho y me cuesta tragar saliva. Y lo llena todo un doloroso silencio.]

Sin pentagrama.

Era cuestión de bailar al mismo compás, de dejarnos llevar por los acordes hasta la siguiente melodía, y de pronto nos quedamos sin pentagrama, y las notas llenaron el suelo del salón como los trozos de vidrio de una copa de vino que se rompe en medio de una discusión.

Dejamos de mirarnos a los ojos y de hablarnos a la cara.

Dejamos de querernos en la cama y fuera de ella.

Dejamos de sujetarnos la cintura y ponernos el paracaídas.

Lo dejamos todo.

Y nos perdimos.

Lo único que siempre dijimos que no dejaríamos que sucediera.

Yo te prometí que siempre estaría, pero no me quedo nunca en los lugares en los que no soy bien recibido. No quiero pisar baldosas que no sean amarillas, ni tener llaves de un corazón que no me quiere de huésped.

Al final va a crecer la indiferencia, como lo hace la mala hierba en un jardín que no se cuida, como la podredumbre entre la fruta que no se come.

Espero que no llegue el odio, porque de ahí sí que no se sale.

El odio lo hace todo más horrible, echar la culpa al otro, tomar una distancia insana, permitirte el lujo de hablar mal de la persona a la que quieres o has querido. No me gustaría formar parte de esa rueda, entrar en ese círculo vicioso y que acabes siendo sólo un punto insignificante. Tú que lo has sido todo sin saberlo, que has llenado todos mis huecos como nadie lo había hecho antes, que me habías devuelto las ganas de respirar sobre la superficie.

Tú que te habías convertido en el sol que lo bañaba todo, en objetivo y en medio, en la lente a través de la cual poder ver.

Tú que te habías convertido en el eje, en la columna sobre la que apoyarme, en el bastón al que sujetarme cuando perdía el equilibrio, en mi sexto sentido.

Yo que sólo quería ser tu amigo, tu amante, tu alivio.

Ahora soy tu olvido.

A pesar de todo, entre este dolor, esta ansiedad, este no saber qué va a pasar conmigo, estoy tranquilo porque he sido de verdad estando a tu lado.

Aunque ahora me toque volver a bailar solo.

[He vuelto al lugar que me corresponde.]

Cerveza fría.

Miras hacia abajo y sientes vértigo, a mí me pasa lo mismo cuando miro hacia atrás o cuando miro hacia adelante sin distinguir tu silueta entre la multitud.

Hoy me duele la garganta de gritar tu nombre al vacío.

Sé desde el primer día que no eres como los demás, que te pasa como a La mujer de verde en la tercera estrofa de la canción.

Yo sé desde que decidiste abrirme tu puerta que sólo buscas libertad y poder volar sin que nadie intente atraparte, no tener que dar explicaciones, ni preocuparte demasiado por nada que no te importe de verdad.

Escucho todavía el eco de tu voz dándome esperanzas, haciendo que mi pulso se mantenga rítmico, aunque débil entre la lucha y el abandono.

Tengo clavados a estas alturas tus ojos observándome en la penumbra, mientras estabas recubierta de miedos e inseguridades incendiarias que no he sabido apagar, que quizá sólo he alimentado por no saber hacer las cosas bien.

Lo que no sé es cómo evitar esto de estar convirtiéndome en una sombra de lo que era o he llegado a ser alguna vez, de qué manera puedo evitar la debacle de este amor en el que no tengo la decisión final.

Me siento como un artesano sin manos, sin herramientas, sin armas; y hasta sin lo que creía que no perdería nunca por ti, las ganas. Porque creo que he demostrado, dicho y hecho todo lo que podía.

Ya no guardo ningún truco bajo la manga, has visto mi realidad sin máscaras.

Hay cerveza fría esperándote en mi nevera y tengo café para hacer por la mañana.

Siempre, por si quieres venir.

Balada sobre ti.

Viernes y a estas horas él sonríe, sólo puede sonreír.

Pensar en ella es sentirse tranquilo.

No sabe cómo pero desde hace tiempo los únicos momentos de paz que tiene son los que comparten juntos. Ella consigue que se difumine el miedo, que la inseguridad no pase por la puerta, que los nudos que tiene en la cabeza se desenreden y la cuerda caiga al suelo. Logra que el exterior deje de importar y que no haya sufrimiento, y que lo único importante sea el color de sus ojos. Atrapa todas esas malas vibraciones para tirarlas por la alcantarilla y que se vayan lejos con toda la mierda.

La imagina tumbada sobre la cama, con la respiración lenta del que puede dormir con la conciencia tranquila, tapada hasta el cuello cuando comienzan a bajar las temperaturas. La imagina dando un par de vueltas en la cama antes de decidirse a abrir los ojos, desperezarse y bostezar. La imagina preparándose un café después de lavarse la cara y mirarse al espejo sin saber qué pensar sobre sí misma. Como nos pasa a todos.

Hace tiempo que ha dejado de importarle lo guapa que sea y que todos la miren cuando pasa por su lado, que al final lo que le importa de verdad es que su sonrisa no se mueva nunca del sitio y el corazón se le desboque a cada rato.

Hace tiempo que han dejado de importarle todo lo que ella llama defectos y que a él sólo le parecen rasgos que la hacen única.

Hace tiempo que ha dejado de importarle estar caminando constantemente sobre el alambre y poder caer en cualquier momento, sin paracaídas que le libre del golpe.

Sabe que lo que hace que todo siga creciendo entre ambos es el misterio y los silencios repentinos que hay entre los dos, y también que algunas veces puedan decírselo todo con besos y otras tengan que esquivarse las miradas.

Ella consigue que tenga ganas constantes de volver a conocerla, de tropezarse de nuevo y encontrarse con su mirada al abrir una puerta.

Ella consigue coserle por dentro, dejarle el corazón marcado con hierro candente, bajarle la fiebre, curarle el mal genio, que broten flores de sus heridas; que quiera querer, ganar y sentir.

Y aunque todo parezca una basura, con ella es simplemente perfecto.

[Si me tengo que perder buscando la felicidad, que sea sólo contigo.]

 

Enamorarse o morir.

¿Enamorarse es un acto consciente? ¿Lo elegimos?

¿Nos enamoramos o nos enamoran?

¿Podemos obligarnos a querer a alguien o a dejar de hacerlo?

Casualidad, azar, karma, destino, suerte.

Todavía no entiendo los mecanismos que nos llevan a morir en los brazos de otra persona.

No sé muy bien en qué consiste eso del amor, ni si hay tantas maneras de querer como personas o sólo existe una única forma de hacerlo bien. No sé tampoco si existe realmente el poliamor o es todo cuestión de egoísmo. No tengo ni idea de cómo ni por qué de pronto se nos encoge el corazón y nos revolotea el estómago al pensar en alguien, ni por qué se nos forma una sonrisa estúpida cuando recordamos ciertas cosas, ni por qué todo parece más especial si caminas por las mismas calles y haces las mismas cosas de siempre junto a ella.

Yo sólo sé que un día apareciste, estando ahí mucho antes, y te vi de otra manera.

Yo sólo sé que un día me miraste a los ojos y se me fueron todos los fantasmas.

Yo sólo sé que un día sonreíste y el mundo se deshizo bajo mis pies.

Y entonces lo supe. Lo supe todo con esa certeza profunda que sólo se tiene unas pocas veces en la vida, con la convicción firme de que te quedarías instalada en mi pecho por el resto de mis días.

‪Lo único que puedo decir es que no te conformes jamás.‬ Y que si le quieres luches por lo vuestro, y que se lo demuestres a diario aunque no haya posibilidades, y que no apagues la llama, que no sea tu culpa. Y que no dejes que crezca odio entre vosotros, ni el olvido, ni el dolor, ni la distancia, porque no sirve de nada.

Lo único que tengo claro del amor es que se destruye cuando dejas de cuidar, cuando hay alguien que recibe las atenciones y el otro es esclavo, cuando uno importa y el otro sólo sale a la superficie a coger aire de vez en cuando, cuando se rompe el equilibrio y la balanza se inclina.

Lo único que puedo prometer (y no me gusta prometer nada) es que voy a quererte siempre.

Te quiero como si no hubiera querido antes, como si no fuera a querer después.

El rey del baile de máscaras.

¿Sabes lo que me gustaría?

Sentir que me necesitas tú a mí alguna vez, que no soy yo el único que pone de su parte, que no soy yo el que siente todo esto, que no vivo una mentira que me desgarra poco a poco.

Pero es que creo que ya no queda nada bueno en mí, ya no soy nada que valga la pena mirar ni escuchar. Me he convertido a mí mismo en un nadie, uno de esos que se transforman en sombra y se quedan en la trastienda porque nunca pueden enseñarse a los demás.

Soy alguien digno de ocultar y olvidar para siempre en el último cajón de la mesita de noche, junto a los calcetines que no te pones jamás y acabas tirando después de un tiempo prudencial. Es verdad que soy como esa ropa vieja que se queda guardada en el armario y acaba oliendo a humedad, y que sólo sirve para echar al contenedor.

Y mientras tanto, mientras sigues pensando que no vales nada, que nada de lo que haces importa, que da igual lo que te digan y te hagan porque al fin y al cabo te lo mereces todo.

El daño, la mentira, la ausencia, el vacío, el olvido.

Y llega un punto en el que lo crees de verdad, es como una ley fundamental que rige tu vida. Esa sensación de menosprecio hacia ti mismo que te hunde poco a poco y sin que te des cuenta, hasta quitarte por completo el brillo de los ojos, hasta convertirte en un muerto viviente que finge que todo va bien, que no hay problemas.

Soy el puto rey del baile de máscaras, y siempre bailo solo.

Llega un punto en el que crees que las cosas no pueden ser de otra manera. Como si fuera a ser siempre así, como si la vida no pudiera ser diferente. Como si un día no fuera a llegar alguien que te va a querer con los brazos abiertos y sin tener que medir las palabras, alguien que pueda mirarte a los ojos y acariciarte la mejilla sin sentirse culpable por nada, alguien a quien le baste y le sobre con ver tu sonrisa al final del día para ser feliz.

Lo que me jode es tener que esperar a que eso pase cuando yo te quiero a ti. Ayer, hoy y mañana.

Y no sabía que eso acabaría siendo una mierda, no sabía que iba a tener que aprender a no estar contigo.