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El peor pecador.

Divagamos constantemente, cuando no pensamos en algo concreto nuestra mente se encarga de comprar un billete a cualquier parte y viajar sola, sin nuestro consentimiento. Quizá por eso estamos siempre con los bolsillos vacíos y el corazón lleno de astillas que tenemos que sacar cuidadosamente con pinzas de punta fina. Quizá por eso silbamos a la nada y miramos las noches sin estrellas entre las ventanas.

Nunca nos damos cuenta de nada, somos así de idiotas.

No hemos caído en el pequeño gesto de quien te deja comerte el último trozo de tortilla del plato, ni en quien te acerca a casa aunque le suponga una pérdida de tiempo. Tampoco hemos pensado en lo que significa que alguien te recomiende un libro porque piensa que te gustará, o una canción, o que quiere ir al cine a ver una película que no le gusta sólo por pasar un rato contigo.

Aún no hemos asumido que hay quien coge trenes de largo recorrido para estar menos de veinticuatro horas con otra persona, quien se acerca los domingos a casa de sus padres sólo para verles sonreír, quien te deja una nota o te manda un mensaje sólo para desearte un buen día.

Todavía nos quedan buenas intenciones pero parece que hoy en día demostrarlo es un signo de debilidad. No se valora la sinceridad, ni la lealtad, ni estar en la sombra siempre a punto para evitarte una caída. Somos parte de una sociedad que premia el cinismo, el sarcasmo y el doble sentido.

Nosotros podemos solucionarlo, hacernos el bien el uno al otro, mirarnos cada noche mientras no podemos evitar que se caigan los párpados por el cansancio, taparnos bajo la misma manta cuando apriete el frío, acurrucarnos juntos en la cama para ahuyentar a los fantasmas y los malos espíritus, besarnos cada vez que el mundo nos parezca un desierto, amarnos cuando suene nuestra canción favorita, no poder evitar que nos caiga una lágrima cuando algo nos emociona, cerrar las puertas cuando lleguen las malas épocas y dejar que pase el temporal.

Pero yo que proclamo, que hablo como si estuviera lejos y apartado de toda la hipocresía soy el más peligroso, porque acabo siendo una de esas cuerdas que tira fuerte para abajo y te hunde en las aguas profundas y oscuras. Yo que creo que voy con la misma armadura que un príncipe sólo soy un ladrón más. Yo que pienso que camino sobre las aguas y estoy libre de todo mal soy el peor pecador de este teatro que es la vida.

Y es que me destruyo a mí mismo cada vez que consigo reconstruirme, por eso no quiero dejar sobre tus hombros la responsabilidad de salvar a alguien como yo.

Todo se soluciona.

Algunas veces todo se soluciona cantando mal la letra de cualquier canción de Varry Brava.

Algunas veces todo se soluciona dejando las ventanas abiertas para que se paseen las moscas de un lado a otro de la casa.

Algunas veces todo se soluciona con un esguince mal curado.

Algunas veces todo se soluciona echando a perder una botella de buen vino.

Algunas veces todo se soluciona cerrando los ojos y caminando con las manos por delante.

Algunas veces todo se soluciona tirando la basura por la mañana.

Algunas veces todo se soluciona sin mirar el teléfono móvil.

Algunas veces todo se soluciona cortando un trozo de queso, comiendo un poco de chocolate, comprando unos calcetines nuevos.

Algunas veces todo se soluciona en la barra de un bar.

Algunas veces todo se soluciona acercándose al mar en pleno invierno, dejando que caigan estatuas de sal, viendo llover sin necesitar paragüas.

Algunas veces todo se soluciona cenando sobras del día anterior.

Algunas veces todo se soluciona olvidando algo.

Algunas veces todo se soluciona leyendo libros de autores sin nombre.

Algunas veces todo se soluciona resolviendo mal una ecuación o cuando cae una manzana del cuenco de la fruta, o cambiando las sábanas, o tirando de la cadena.

Algunas veces todo se soluciona cuando cae la noche.

Algunas veces todo se soluciona en los lavabos de una discoteca, en la parte trasera de un coche, en un cuarto oscuro.

Algunas veces todo se soluciona yendo despacio o muy muy rápido.

Algunas veces todo se soluciona huyendo o volviendo a casa.

Algunas veces todo se soluciona en solitario o con compañía.

Algunas veces todo se soluciona en la imaginación.

Algunas veces todo se soluciona, aunque parezca una auténtica estupidez.

 

Cómo destruir a la persona que te quiere.

Trompetas de guerra en el aire y yo ya estoy dentro del refugio, sin necesidad de escuchar la sirena antiaérea. Yo ya me había dado cuenta hacía mucho tiempo de que todo estaba mal, de que todo se iría pronto por el retrete, de que no nos haría falta a esperar a que subiera la marea para ahogarnos con la espuma que nos sale por la boca.

Llevo tanto tiempo siendo un loco que ya no recuerdo lo que es estar cuerdo, y es que al final me he dado cuenta de que las cosas nunca cambian que lo que cambia es la forma en la que nosotros miramos y lo vemos todo. Y yo he tenido claro siempre que el viento nunca ha soplado para hinchar mis velas y llevarme junto a ti pero es que creo que tú has conjurado a todos los dioses del Panteón para mantenerme lejos, para que me quede atrás. Soy como ese vampiro al que no invitas a entrar a tu casa por mucho que quieras que te muerda.

Si lo que querías era convertirme en un desconocido lo has hecho bien, te doy el aprobado. Ahora sólo soy capaz de verte en sueños y ni siquiera en ellos puedo ya tocarte. Ahora sólo soy capaz de conciliar el sueño de puro cansancio cuando el sol vuelve a asomar por la ventana, cuando la noche se acaba.

Supongo que a la próxima, si es que hay próxima vez, buscaré a alguien que de verdad sepa lo que hace, que no juegue, que no lance un te quiero y esconda la mano después, que no use todas sus armas de destrucción masiva contra mis labios y después no se quede a recoger parte del desastre.

Yo ya he redactado una lista de Cómo destruir a la persona que te quiere en cinco cómodos pasos y no sé si la has leído pero los has seguido uno a uno, al pie de la letra, y sin inmutarte lo más mínimo.

Te dije que siempre prefería la verdad y tú decidiste mantenerte callada, usar la gravedad, el paso del tiempo, el silencio rastrero. Y es que con las personas que te importan se es sincero, se sacan fuerzas, se pasan nervios y se afrontan las consecuencias. No se puede enarbolar la bandera de ser buena persona si se va haciendo daño aunque no sea conscientemente, si se evita el problema.

Hay maneras de actuar que sólo hacen que incrementar el rencor, la rabia, avivar la llama hasta ahora inexistente del odio.

No sé tú pero yo voy a intentar hacer las cosas siempre mejor. Que mi insomnio y mi ansiedad nunca sean culpa de estar luchando contra la conciencia, que sean sólo por culpa del desamor.

Stormy weather.

Suena en casa el Stormy weather de Billie Holiday y respiro hondo. La lluvia ha vuelto a traer aire limpio con el que poder llenar los pulmones y ha hecho bajar las temperaturas hasta hacernos recordar de qué trata el otoño habitualmente, y yo me siento estos días como esas hojas mojadas que se acumulan en las tapas del alcantarillado. Soy un simple estorbo para que el agua pueda correr libremente y seguir su curso. Soy sólo una piedra, una roca que ha caído en un derrumbamiento y se encuentra en medio del camino. Soy una molestia, un deshecho, un portazo a destiempo.

La idea, convertida en sensación, de que no pertenezco a ningún sitio, de que soy bien recibido en todas partes pero no tengo espacio en ninguna no hace más que acrecentarse con el transcurso de los días. Tengo la impresión de que ya no tengo hueco entre tus brazos, de que quieres que el juego llegue a su fin, de que me empujas y me dejas al otro lado de la puerta después de cerrarla. Tengo el presentimiento de que me estás convirtiendo en un extraño a conciencia, para que todo sea más sencillo.

Puedes intentarlo, con todas tus fuerzas si quieres, puedes intentar alejarme cuanto quieras. Pero te digo ya, con gesto serio además, que no va a surtir efecto.

¿Sabes cuándo voy a estar ahí? Cuando más lo necesites, cuando todo se derrumbe y creas que no quedan motivos para sonreír.

¿Sabes cuándo voy a estar ahí? Cuando digas que eres feliz pero los ojos no te brillen, cuando mires al vacío esperando encontrarme para sacarte del agua.

¿Sabes cuándo voy a estar ahí? Cuando esté herido y no quieras verme sangrar.

No sé por qué ya no se ve el sol en el cielo, no sé por qué hace este mal tiempo desde que no estamos juntos viendo caer la noche tras las ventanas.

Y es que las tormentas son mejores si estoy susurrando en tu oído un te quiero que apenas quieres escuchar.

Y es que las nubes grises son incluso bonitas si las miro junto a ti.

Y es que los relámpagos me hacen pensar en los destellos de tu pelo en los días soleados, en el brillo de tus ojos, en tu sonrisa clara.

Y es que las tempestades me recuerdan a cómo llegaste tú a mi vida y le diste la vuelta a lo que quedaba de mi corazón.

Que siga lloviendo, que llueva mucho pero sólo si vas a venir a verlo conmigo.

[Escucha la canción, piensa en mí.]

Nuestra hora.

No sé si tú te acuerdas de aquellas noches en las que nos daba igual el frío y lo combatíamos todo con abrazos desde el sofá.

No sé si tú también estás esperando a los días de lluvia para venir conmigo y dejar que pase el tiempo y la vida por delante.

No sé si tú recuerdas los gemidos ahogados contra la almohada y el corazón bombeando con más fuerza que nunca.

No sé si tú también intentas que se rompa el muro para dejarme entrar para siempre en tu pecho.

No sé si tú también necesitas mi saliva en tu piel y mis manos sobre tus caderas.

Yo creo que el único problema es que has dejado de soñar, te has obligado a hacerlo y no te das cuenta de que da igual que sea un desastre porque es perfecto así, con todas las astillas que nos clavamos, con todos los cristales que dejamos por el suelo y que nos pueden cortar si caminamos descalzos.

Y yo ya sé que no tengo que esperar nada de nadie, ni confiar, ni dejarme llevar, porque siempre me doy de bruces, y que tengo que aprender a gestionar las decepciones y los fracasos e intentar salir más fuerte después de cada golpe. Pero es que no me creo que todo esto sea artificial. No me creo que la gravedad no haga contigo lo mismo que hace con mi alma poniéndola a tus pies. No me creo que nuestro límite esté acercándose como lo hace una valla en una carrera de cien metros.

Estás a tiempo aún y el Universo no hace más que mandarte señales, y en esto pasa como en el tráfico, que si no haces caso a las señales acabas chocando contra algo.

Estamos a tiempo de hacerlo todo, de tenerlo todo, de querernos con todo y sin nada. No te dejaría de lado por mucho que la vida se me pusiera en contra, no te olvidaría aunque quisiera hacerlo.

Nada de esto es el preludio del final.

Hazme caso, cierra los ojos, dame la mano.

 

Yo que ya sabes que siempre pienso lo peor, que dejé el optimismo a un lado cuando cogí aire por primera vez, aún no veo cuervos ni aves carroñeras sobrevolando sobre nosotros esperando a la tragedia, pero es porque no llega, porque no toca. Tampoco hay gatos negros mirándonos fijamente desde el alféizar de la ventana.

Sigo aquí, respirando contigo en la penumbra, oliendo todavía a vino y tabaco.

Sigo aquí, esperando que el despertador no suene para que no tengas que marcharte otra vez.

Es hora ya, la nuestra.

Como dice la canción, nos toca arder con chispa de futuro.

Mientras tú y yo nos besamos.

El rosal de afuera se mueve con suavidad, como te mueves tú por la noche cuando duermes conmigo y te deslizas bajo las sábanas buscando espacio entre los dos.

Yo sé que sólo te dejas querer a ratos, que el resto del tiempo no te gusta esa sensación de pertenecerle a nadie, pero me gustas así todo lo salvaje que quieras ser, con las uñas arañándome o acurrucándote contra el pecho mientras escuchas mi respiración, con maquillaje o sin él, vestida o desnuda, hablando, gritando o en silencio, esquivándome o abrazándome fuerte.

Yo sé que escucho música rara y que digo cosas sin sentido que no interesan a nadie. Ya sé que vivo en las nubes la gran parte del día y que me repito demasiado. Ya sé que parece que sólo puedo hablar de café, música, libros y muertos, y que dejo de ser interesante a la segunda conversación. Ya sé que debo ser poca cosa en la cama y que estoy cada vez más lejos de ser lo que buscas y necesitas en estos momentos.

Tu voz, a veces, me suena como deben sonar las estrellas para quienes saben escucharlas. Tu sonrisa se dibuja tan suave como debían pintar los pinceles de Degas o Monet sobre un óleo. Tu cuerpo ha sido la única paz que he encontrado en todo este viejo y largo camino.

Yo no sé si los lobos aún te siguen al andar, ni si te das cuenta de todo el desastre que me has dejado en el alma.

Y es que me da igual, a mí me pasa como en el Evangelio, que una palabra tuya bastará para sanarme, y que podrías convertir el agua en vino y resucitarme con sólo un suave toque sobre el corazón. Porque yo lo tengo claro, pienso en lo que quiero, lo hago con calma, y sólo puedo verte a ti, y si tu imagen se difumina, si pienso que no estás en este trayecto todo se vuelve oscuro, sin sentido, y no encuentro nada que me ilumine la vida como lo hacen tus ojos al mirarme.

En tu ausencia no puedo ni quiero vivir.

No quiero contigo ni guerras ni fronteras ni silencios dolorosos.

Sabes que encajamos como esos puzzles sencillos de cuando éramos niños, y eso no debería darte miedo ni hacerte huir a ninguna parte que no sea a mi lado.

Soy tu oportunidad y tú la mía.

Seamos todo pero juntos.

Y después que se rompa el mundo, el tiempo y el universo si quieren mientras tú y yo nos besamos.

Soñar contigo.

Tenemos suerte porque seguimos aquí, sintiendo la tierra húmeda bajo nuestros pies.

Tenemos suerte porque aún no nos hemos ido, y podemos abrazarnos y besarnos en la frente para alejar el miedo en las noches de domingo.

Tenemos suerte porque todavía corre agua por los ríos y la noche y el día se suceden.

Y no sabemos apreciarlo.

El mundo sigue ahí brillando para nosotros y ya no tenemos tiempo ni de mirarlo. Hemos dado la espalda a la tierra que nos sostiene y nos ha visto crecer. Hemos querido vivir dejando de lado lo importante, creando imperios de papel mojado y catedrales de cartón.

Ya no sabemos apreciar aquello que tiene valor, y nos importa una mierda la amistad verdadera y el amor real si tenemos algo más fácil que no nos haga pensar.

Yo me quiero quedar ahora con los pequeños detalles, quiero que cualquier suceso pueda ilusionarme, hacer que mis ojos sonrían. Quiero ver las calles cada día con la mirada de un niño inocente para el que todo es nuevo y la maldad queda lejos. Quiero mezclar tu caos con el mío y hacernos uno en el futuro.

Quiero (y necesito) que todo deje de dolerme.

Me duele la injusticia, la falta de libertad, tu indiferencia, el silencio programado, que me hieras pudiendo no hacerlo, ser una marioneta del sistema, que se rían a mis espaldas, que intenten engañarme mientras me doy cuenta de ello.

Y, por eso, ante cada golpe pongo la otra mejilla, respiro hondo, hago como Gandhi y ejerzo la no-violencia activa y sigo luchando por aquello que quiero, aquello que merezco, aquello que necesito. Acabo levantándome una y otra vez, a pesar de todo. Acabo otra vez en pie aunque algunas veces quiera abandonar, salirme del camino y ponerme a descansar.

El tiempo no da respiros. Ni la vida, ni Tánatos.

Cuando desistes ya has perdido.

Cuando bajas los brazos ya has perdido.

Cuando tiras la toalla ya has perdido.

Cuando dejas de soñar estás muerto.

Y yo sigo soñando contigo.