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Lo que marca la diferencia.

Ya ha llegado el momento, ese en el que las voces se alzan pidiéndome que tire la toalla, que deje de nadar a contracorriente, que no lo intente más, que no intente seguir luchando por aquello que nunca voy a conseguir.

Pero, ¿cómo voy a conseguirlo si dejo de pelear?

Probablemente dará igual lo mucho que lo pretenda, porque no llegaremos a ser nunca. Y es triste saberlo, tener la certeza, tenerlo tan claro todo, y aún así decidir cerrar los ojos y caminar sobre la senda más peligrosa, por la que te guía el corazón.

Lo importante en estos días es tener tranquila la conciencia, saber que has dicho todo lo que tenías que decir, saber que has abierto las puertas y los brazos, que has estado dispuesto a cruzar precipicios sin que te tiemblen las manos. Que seguirías hacia adelante aunque estuvieras en medio de la batalla del Abismo de Helm, aunque tuvieras que encontrar los planos de la Estrella de la Muerte, aunque un ejército de daleks fuera hacia a ti, aunque los dementores te llenaran de frío y dolor.

Que atravesarías mares, cuevas y laberintos si eso te hiciera llegar hasta ella.

Estaba todo de nuestra parte y le dimos la vuelta. Nos caímos de rodillas al primer obstáculo, y el amor no funciona así. Si todo es difícil tenemos que hacerlo fácil nosotros, porque para complicarnos la vida ya tenemos otras cosas que no valen tanto la pena.

Si al final todos queremos lo mismo, poder sonreír, medio gramo de felicidad diario, dormir sin que nos pese todo lo que no hemos hecho, mirarnos al espejo sin que nos entren ganas de escupirnos porque no nos perdonamos ciertas cosas.

Si al final del día sólo queremos un abrazo donde caernos muertos, un beso de buenas noches, un libro esperando a ser leído en la mesita de noche.

Si al final de la vida sólo queremos mirar atrás y que no nos pesen todas las decisiones que no tomamos, la gente que dejamos de lado, los errores que no supimos perdonar, las piedras con las que no tropezamos.

Quería llegar contigo a donde nadie ha llegado, pero me lo pones muy difícil.

No es que pueda prometerte nada, pero te lo prometo todo.

No es que tenga nada, pero te lo daría todo.

Y supongo que eso es lo que marca la diferencia.

Nuevas canciones.

Siempre estamos apagando la luz, para no vernos, para no reconocernos los rostros y tener que volver a mirar al suelo. Avergonzados por todo lo que hacemos y, sobre todo, por todo aquello que dejamos hacer.

Son las cosas que dejamos en el aire las que nos persiguen para siempre, las historias interrumpidas, las pasiones que no acabamos de dejar arder.

Tú y yo fuimos expertos en viajar a las estrellas durante cientos de noches y después perdernos en los bosques para no encontrarnos más. Nos soltamos las manos en algún cruce de caminos  y no supimos volver. Me persiguen tus ojos, de verdad que lo hacen. Ya no puedo ver el mar, ni las nubes del mismo modo que lo hacía cuando reía contigo y te abrazaba sobre la cama.

Parece que han pasado siglos, que ya hemos dejado atrás el desierto y las mentiras, y que quizá es tiempo para que vuelva la calma aunque nosotros no seamos capaces de retroceder y hacer las cosas bien. Quizá deberíamos empezar a sentirnos vivos en cualquier andén y coger el primer tren que nos lleve a ninguna parte. Quizá también nos merecemos eso, volver a echar a correr, que lata fuerte el corazón aunque se desgaste, como siempre, antes de hora.

Porque si no, ¿qué nos queda?

Tal vez sólo sentarnos en el sofá, mirar el televisor y leer que el mundo se va a la mierda cada treinta segundos. Pero no, esta vez será mejor saltar, sonreír más fuerte, gritar al viento y saludarnos de lejos, con añoranza. Quizá con otra persona al lado que entrelace sus dedos con los nuestros y nos haga sonreír sin tener que sufrir.

El amor debería ir de eso, de sentirse tan bien que pensar sea innecesario, y que no tuvieran que echarnos humo el cerebro, el corazón y el resto de nuestras entrañas. El amor debería ser un juego de niños, un puzzle de un par de piezas que encajen sin tener que forzar las esquinas. Tan sencillo como abrir la ventana y sentir el día colándose en casa.

Estoy harto de tanto alcohol y tanta gasolina, y de prenderme fuego sin que quede nada después de la madrugada.

Vamos a acabar con toda esta triste historia, vamos a tachar los versos en los que hemos sido capaces de reconocernos. Es el momento perfecto para que suenen nuevas canciones, con nuevos significados. Es el momento perfecto para que suenen nuevas canciones, sin nuestro ruido de fondo.

Ser feliz debería ser tan fácil como lo es llenar de aire los pulmones y pensar en besarte.