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Tercera Guerra Mundial.

Suenan los rugidos y seguimos tomando café tranquilamente en los bares. El mundo se tambalea sin saber a dónde va. Vuelven a oírse las palabras del miedo, la guerra se cuela en nuestras fibras y en IKEA no dejan de vender su mierda.

Nos indignamos con los dientes apretados, como si de verdad nos afectara que los militares se alcen, que mueran en Niza o que los sirios acaben pudriéndose en el mar.

Estamos tan cómodos viendo las noticias desde el sofá, protegiéndonos con un escudo de miles de kilómetros. Masacres en Oriente Próximo, desastres naturales y más bombardeos. Y a mí lo que me importa es ir todos los días al gimnasio para ligar más, que mi equipo de fútbol gane la Europa League, tener dinero para pillar algo que me haga olvidar un sábado por la noche. Lo que me importa es tener un coche nuevo, llenar la estantería de libros y beber una cerveza cada viernes por la tarde.

La primavera árabe se ha quedado en nada, Reino Unido da un paso al lado, Alemania sigue moviendo los hilos mientras se ríe de la desgracia ajena, y en EE.UU siguen matando negros por ser negros y pasean las armas como quien lleva una bicicleta.

Las voces del caos ya gritan que viene la Tercera Guerra Mundial, y nos va a pillar con el móvil en la mano para poder grabarlo todo.

Se nos olvida lo importante, a estas alturas, hemos perdido la noción básica de lo que debería ser vivir.

Se nos olvida el abrazar más y decir la verdad.

Se nos olvida el pronunciar te quieros sin tener que escondernos.

Ya hay demasiada oscuridad en el mundo, demasiada guerra, demasiada sangre como para no querernos en voz alta, y confiar un poco.

Ya hay demasiados barcos hundidos, demasiadas lágrimas, demasiados llantos como para llorar por nimiedades y dejar de sonreír.

Y en el fondo sé que la rabia me ha teñido ya las entrañas, y que han conseguido impregnarme del veneno del odio, pero no voy a dejar que ganen.

Sólo podemos luchar con aquello que nos quieren arrebatar.

No podrán quitarnos nunca los besos y el brillo que se me pone en la mirada al hablar de ti.

De verdad.

Sólo podemos seguir hacia adelante dándonos la mano.

Confía en mí.

Mírame a los ojos.

Si hace falta voy a parar las balas y los misiles por ti.

No pienso dejar que caigas nunca más.