Etiqueta: karma

Destino, azar y karma.

Vuelve a llover y nosotros empapados.

La vida en los bolsillos y el corazón entre las manos.

Eres el rompecabezas que más me ha costado de recomponer y ahora no quiero que nadie te haga daño, no quiero que te vuelvan a quitar alguna pieza y que no la puedas encontrar. Ahora que te tengo entera no voy a dejar que te destrocen otra vez, créeme. Te ayudaré a colocar ladrillos en el muro para que sólo entre quien tú quieras, caminaré contigo cuando me lo pidas, te acariciaré el alma y las verdades.

No sé si a ti te pasa eso de sentirte más fuerte cuando me miras a los ojos.

No sé si tú también te ves la capa cuando caminas entre el resto de la gente.

No sé si eres consciente de cada uno de tus superpoderes, incluida la sonrisa.

Eres como la adrenalina cuando caes desde una montaña rusa, la risa incontrolable en medio de una reunión, el agua fría en un día caluroso de verano, la primera luz que ilumina la oscuridad de la noche.

La de veces que me pregunto al día si ya estamos a punto de caer, si es nuestro final, si nos hemos quedado sin madera que echar a nuestra hoguera, si nos conocemos realmente. Y pienso tanto que sólo nos dejamos ver la superficie, que todavía estamos guardando más de lo que conseguimos decir en voz alta cuando estamos juntos, que nos hemos atado los pies y al siguiente paso no hay más opción que la de tropezar.

Si nos acaba separando la marea, si nos llevan las corrientes, recordaré que fuimos más fuertes de lo que pensábamos al principio, que resistimos aunque creímos lo contrario, y que al final todo fue por culpa de la fuerza magnética que se volvió en nuestra contra dando la vuelta a los polos opuestos.

Sabemos de sobra que ninguno de los dos es afortunado, que la mala suerte siempre ha estado en nuestro lado de la balanza, que ni el destino, ni el azar, ni el karma han sido para nosotros buenos amigos.

Pero es que no quiero complicarme mucho más, sabes todo lo que pienso con mirarme, sabes que no miento, sabes que te beso sin poder evitarlo, sabes que te cuido por instinto.

Lo bueno surge, pasa, sucede, y siempre lo hace por alguna razón.

Aunque no podamos entenderla.

Esta vez no pienso luchar contra los elementos, quiero relamerme los dedos después de tocarte, cargar con tu cruz y la mía, probar otra vez tu veneno, que seamos un par de desastres. Olvidar los problemas, que haya delirio, que seamos un par de animales cuando nos quedamos sin ropa.

Al final del día no soy capaz de dormirme, dar marcha atrás, cerrar la puerta y ver que no estás.

Tenemos lo que merecemos.

Dicen los más viejos del lugar que tenemos lo que merecemos, y deben tener razón. El problema viene cuando lo que merecemos algunos es la soledad, morder la rabia y observar cómo viven los demás; con los pies hundidos en el fango de las trincheras y llenos de barro hasta las orejas de tanta batalla que no hemos conseguido ganar ni con malas artes. Acabamos resignados, sin fuerza en las manos, con los ojos convertidos en diamantes de tanto llorar.

Hemos visto cómo han ido alejándose los sueños que teníamos en la infancia, sin cumplirse, cada vez más imposibles. Y observamos siempre con pena a aquel niño de mirada clara que sonreía a sus padres al verlos en la puerta del colegio, cuando todo iba bien, cuando, inocentes, no sabíamos que la vida se convertiría en estos espejismos de realidad manchados de pequeñas farsas.

Ahora tenemos sonrisas de plástico y besos de caucho, y gafas de sol que nos tapan la cara, porque ya ni siquiera nos atrevemos a mirar a los demás a las pupilas por miedo a que averigüen que somos de mentira. Pieles de poliestireno expandido, corazones de plastilina y un remix de serotonina, dopamina y noradrenalina bailando en nuestros blandos cerebros sin sentido alguno.

Haciendo un repaso quizá es cierto que cada uno tiene su merecido, en mayor o menor medida, y que todo llega, y que esa mierda del karma acaba actuando y poniendo a cada uno en su lugar. Yo seguiré esperando, viendo cómo se escapa la vida sin vivirla, dándote palmadas en la espalda diciéndote que lo estás haciendo bien, como si entendiera de eso.

Voy a quedarme en las trincheras escuchando el sonido de la guerra, sin atreverme a salir a luchar. No pienso arriesgar, soy campeón en perder en todo lo importante. Mejor me quedo quieto, me conformo con lo que tengo y lo que soy, que para algo tengo lo que merezco.