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Tragaluz (Parte 8)

Jack. 4ª piso, puerta 16.

“Con tu permiso me voy a casa, a tener un  ataque al corazón”

                                                                                              Pulp Fiction

Vamos a morir todos, y yo, debí  de haberme quedado en la soleada Virginia, con sus postres hipercalóricos y sus ciudadanos libres para portar armas de fuego.

Debí de haberme quedado sentado en la mecedora, contando ovejas, poniendo a parir a los liberales.

Debí de haberme quedado, pero no, aquí estoy.

Joder…

No sé qué pinto aquí en medio de esta locura. Venirme a España no fue la mejor de las ideas. Lo tenía todo allí, y mírame ahora, esto es Guantánamo.

Un virus, dicen. Todo esto se veía venir, los gobiernos nos ocultan tantísima información que es ridículo pensar que esto no era previsible.

Lo de las Torres Gemelas, el Watergate, el asesinato  de Kennedy… ¡Todo putas falacias!

Llevamos siendo engañados desde tiempos inmemoriales. Pero no, mejor pensar que somos víctimas de algo. Mejor pensar que confinarse va a lograr cambiar las cosas. Mejor pensar que es muy, muy raro estar bebiendo a éstas horas, o tener una habitación del pánico, o ser propietario orgulloso de seis máscaras anti gas.

La verdad está en la deepweeb, pero cuéntaselo a mis vecinos.

Si supieran que esta pandemia es cosa mi país para acabar con el comunismo, controlar la población y subir la venta de satisfyers, me tildarían de loco. ¡Loco, yo! Locos, ellos. No los soporto. Y lo de Paquita…  No, ¡No los soporto!

Ahí los tienes con sus mascotas, sus adicciones y sus dramitas cotidianos esperando el fin del mundo, recreándose en el sonido de los coches de policía, mordiendo una manzana con desgana como si no fuera con ellos.

Ahí los tienes, mandando mensajes ramdon al grupo de madres del colegio, haciendo deporte en casa, quejándose de estupideces.

Hay que hacer algo ya, mira a Boris Johnson, él sí lo ha entendido bien. Hay que hacer algo ya, yo lo tengo clarísimo.

De momento voy a pensar en servirme otra copa de Jack Daniels. con dos hielos, y en Alma. Mi vecinita del quinto. Hay algo en ella que me intriga más que la Cienciología.

Ella, una veterinaria sin mascotas. Solo sé yo o que te pasa, muñeca. Ni siquiera te das cuenta. Ya estoy yo para salvarte ese culito…

Ella, que me sonríe en el ascensor y me vuelvo de arcilla.

Ella, ¡Qué por ella votaría a Podemos! ¡Hubiera aplaudido a Hillary! ¡Hubiese matado a cientos!

Espero seguir vivo cuando esto acabe para decírselo.

Y  quiero dejar claro que estoy escribiendo parte de cuanto pienso por si el Gobierno español manda a mi casa a sus esbirros, me tiran la puerta abajo y me confinan. Pero en plan mal.

Y no es por otra cosa, eh, que luego dirán que escribo sin ser yo nada de eso, pero no hay que guardarse nada. Yo es que ya no me fío ni un pelo, llevan años espiándonos.

Hablando de pelo, una parte buena de todo esto es que no tengo que cortármelo, ni arreglarme la barba. También puedo ducharme solo las mañanas que me de la ganas. Y comer Doritos sin culpa. Y dormir sin despertador. Total, Almita parece seguir mirándome con predilección…

Espero mantenerme cuerdo, que ya he visto lo que pasa cuando el sistema te engulle.

Estoy bien.

Estoy bien, aunque suelte ideas aleatorias.

Si me leéis, no me pidáis método ni estilo en el relato, hijos de puta, que bastante tengo con saber lo que sé.

Os juro que iría puerta por puerta, bate de baseball en mano, repartiendo conocimiento. A ver si aprenden de una vez lo que es estar en el mundo.

De verdad, hay tanto idiota ahí fuera, que muchas veces pienso que merecemos la extinción.

Dan ganas de fumarse un piti sobre la taza del inodoro, mientras todo se desmorona, mientras La Tierra se va a la mierda. No sé, no hay mal que por bien no venga.

Estoy bien, sí, pero… Estoy empezando a hartarme.

No sé cuanto aguantaré sin soltarlo todo, sin darles una dosis de realidad a esos vecinos de mierda. Se lo merecen, desde luego.

No pueden estar más ciegos, ser más borregos, estar más desconectados de lo que estamos viviendo. Estoy empezando a hartarme. Además, Ezequiel no contesta al teléfono. ¡Coge el puto teléfono, joder!

Se ve que ese asunto que era de extrema importancia, ahora puede esperar. Tanta urgencia para esto.

Y si, ya, lo de Paquita: Selección natural.

Escrito por Davile Matellán.

Twitter e Instagram: @davilematellan