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Que no se te olvide.

Tantas noches bajo el mismo techo que no han servido para nada.

Sólo hay asco y cierta rabia.

Y mientras tanto seguimos alejando de nuestro lado a quien sólo ha querido lo mejor para nosotros. Es tan típico de la gente, lo de no saber mantener a las personas correctas junto a ti, lo de hacer daño de manera inconsciente y a pequeños mordiscos, sin darnos cuenta, favoreciendo diminutos indicios de dejadez e indiferencia, creando grietas que un día no podremos saltar para dar un beso y pedir perdón por todos nuestros errores, buscando la eterna absolución de aquellos que nunca debimos dejar atrás.

Tomamos las peores decisiones cuando no somos capaces de confiar en otros y dejarnos ayudar.

Metemos la pata hasta el fondo cuando nos permitimos el lujo de obrar por nuestra cuenta sin preguntar otras opiniones. Sabemos que es mucho más fácil ver los problemas de otros que los propios, y también las soluciones, pero no queremos permitirnos utilizar el comodín del público para mostrar nuestras debilidades.

Autosuficiente no es sinónimo de todopoderoso.

Que no se te olvide.

Tarde o temprano necesitarás ayuda, asegúrate de haber guardado a buen recaudo a quienes estarían dispuestos a anteponerse a las flechas y a las balas, y a evitarte las caídas.

Que no se te olvide, arrogante autosuficiente.

Sin pentagrama.

Era cuestión de bailar al mismo compás, de dejarnos llevar por los acordes hasta la siguiente melodía, y de pronto nos quedamos sin pentagrama, y las notas llenaron el suelo del salón como los trozos de vidrio de una copa de vino que se rompe en medio de una discusión.

Dejamos de mirarnos a los ojos y de hablarnos a la cara.

Dejamos de querernos en la cama y fuera de ella.

Dejamos de sujetarnos la cintura y ponernos el paracaídas.

Lo dejamos todo.

Y nos perdimos.

Lo único que siempre dijimos que no dejaríamos que sucediera.

Yo te prometí que siempre estaría, pero no me quedo nunca en los lugares en los que no soy bien recibido. No quiero pisar baldosas que no sean amarillas, ni tener llaves de un corazón que no me quiere de huésped.

Al final va a crecer la indiferencia, como lo hace la mala hierba en un jardín que no se cuida, como la podredumbre entre la fruta que no se come.

Espero que no llegue el odio, porque de ahí sí que no se sale.

El odio lo hace todo más horrible, echar la culpa al otro, tomar una distancia insana, permitirte el lujo de hablar mal de la persona a la que quieres o has querido. No me gustaría formar parte de esa rueda, entrar en ese círculo vicioso y que acabes siendo sólo un punto insignificante. Tú que lo has sido todo sin saberlo, que has llenado todos mis huecos como nadie lo había hecho antes, que me habías devuelto las ganas de respirar sobre la superficie.

Tú que te habías convertido en el sol que lo bañaba todo, en objetivo y en medio, en la lente a través de la cual poder ver.

Tú que te habías convertido en el eje, en la columna sobre la que apoyarme, en el bastón al que sujetarme cuando perdía el equilibrio, en mi sexto sentido.

Yo que sólo quería ser tu amigo, tu amante, tu alivio.

Ahora soy tu olvido.

A pesar de todo, entre este dolor, esta ansiedad, este no saber qué va a pasar conmigo, estoy tranquilo porque he sido de verdad estando a tu lado.

Aunque ahora me toque volver a bailar solo.

[He vuelto al lugar que me corresponde.]

Indiferencia.

Hay días en los que todo te da igual aunque no sea así. Hay días en los que haces de tripas corazón y disimulas de la mejor forma que sabes, pones tu mejor cara y sigues caminando con las manos en los bolsillos y una sonrisa de dolor en el rostro.

La vida se presenta tan gris de cara a un otoño sin ti.

Siento que el tiempo ya se nos acaba y que vamos a quedarnos tan atrás, que cualquier día el saludo se nos va a atravesar en la garganta, que nos giraremos las caras antes de ocultarnos en cualquier esquina.

Y va a ser tan triste todo eso.

Desaparecer de tu vida y que te de igual.

Que desaparezcas de la mía y que nada sea igual.

Es tan complicado.

Cuando se pierde la ilusión no queda nada, se apaga la llama, se funde la bombilla, y sólo somos carne de cañón.

Parece que ha sido una cruel mentira, que después de tantos meses todo se ha puesto realmente en su sitio y resulta que el mío está lejos de ti.

Más de lo que me gustaría.

Al final sólo he resultado ser otro juguete roto con el que probar, al que morder y al que acabar tirando cuando la cosa se complica.

Qué jodida es la puta indiferencia, y cuánto duele sin que se haga nada. O quizá, precisamente por eso.

Has sido para mí como esa trampa mortal en la que quedarme atrapado, una de esas de las que si logras escapar acaba dejando secuelas importantes, de las que no se van con facilidad, de las que quedan para siempre.

Y no hay quien supere eso.

Espero que alguien sepa besar mis cicatrices, que las acaricien con las mismas ganas con las que yo lo he hecho contigo.

No seguiré esperando afuera, cierra la puerta.

Estoy agotado.