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#8M

8M con M de mandar a la mierda al machismo.

Los machistas de raíz que creen que no lo son están perplejos, hay mujeres luchando por sus derechos como si no los tuvieran todos piensan.

Estos días de reivindicación salen los más rancios a la luz, aquellos que aún se preguntan por qué las mujeres quieren hacer huelga o por qué quieren ir a la manifestación con argumentos como que “la igualdad ya está conseguida”, que “ellas tienen ventajas que nosotros no tenemos”. Algunos creen que todo es un capricho y que la culpa es de las “feminazis”.

Y entonces es cuando tienes que abrir los ojos y darte cuenta de todo el trabajo que queda por hacer y de todo lo que se debe luchar todavía.

No sé si está mal que yo como hombre alce la voz contra esto y quite el foco de mujeres que, sin ningún tipo de duda, saben reivindicar más y mejor que yo todo aquello que necesitan y buscan en la sociedad actual.

Desde el apoyo que intento mostrar por todas las causas que considero justas me anexiono al movimiento, sin pretender ser quien tire del carro, si no tan solo una mano más que empuje junto al resto.

Porque no ves que mueren a diario mujeres como consecuencia de una sociedad patriarcal, en la que el hombre tiene el poder y se encuentra por encima.

Porque no te has dado cuenta de que las utilizan como reclamo sexual para entrar a las discotecas, en los anuncios de televisión (que sí, que no me digas que en los anuncios sólo salen hombres guapos y con cuerpo de gimnasio, gañán).

Porque no has visto que en toda historia las tratan como si fueran las frágiles y a quienes hay que salvar cuando también tienen dientes, puños y palabras.

Porque las obligan a vender su cuerpo y las transportan como mercancía.

Porque hacen los mismos trabajos por menos dinero.

Porque no tienes miedo de volver solo a casa de madrugada.

Porque les cuesta más llegar a un puesto directivo con los mismos títulos y aptitudes.

Porque si todo lo que piensas sobre ellas fuera real hoy en día no les haría falta salir a la calle para gritar su realidad.

Sólo os digo una cosa, mujeres:

Sentíos libres.

Alzad el puño.

Como podáis, como sepáis, como queráis

Mayo del 68.

Mayo del 68, y tú y yo todavía bebiéndonos las ganas.

París en plena ebullición y nosotros arañándonos la piel. Dejándonos llevar.

Las calles llenas, las camas vacías y los corazones temblando con tanta ambigüedad.

Empieza a llover, se mojan las banderas y el miedo nos quiere vencer.

El aire huele a rabia, a esperanza, a pérdida y victoria, a jóvenes luchando por la libertad, a pintura en pancartas y paredes.

Y nosotros, seguimos siendo dos almas que se piden a gritos.

La revolución estaba entre tus piernas y otros la buscaron en las armas.

Y a mí, pequeño incauto, ni los himnos consiguieron arrancarme de tus brazos.

Preferí arder contigo, luchar contigo, y no contra ti.

Ni Vietnam, ni las colonias de ultramar importaban lo más mínimo desde nuestra ventana, esa en la que te apoyabas a medio vestir, esa en la que te encendías el primer cigarro del día mientras observabas las calles llenas de humo y gasolina, los restos de noches incendiarias.

Absenta, un Renault 16 y la policía a las espaldas.

Nuestras manos entrelazadas cogiendo aire a bocanadas, escondidos en cualquier esquina.

La risa y el llanto, y el alma viva.

Y qué más da todo, si nuestra huelga duró más, si nuestra rabia la apagábamos entre las sábanas, si el ruido de las jaurías nos arropaba por las noches mientras otros peleaban y nosotros follábamos en la cama.

Hace 48 años desde que Francia volvió a estornudar y Europa se murió de frío.

Mayo del 68, y tú y yo seguimos apagando las ganas con besos.

Y la revolución, la revolución sólo puede empezar mirándote a los ojos.

[En realidad no estábamos vivos en aquel año, no llegamos a respirar el espíritu del París inconformista ni a plantarnos contra el gobierno de Charles de Gaulle. Somos de la generación rota, de finales de siglo, del nuevo milenio. Los niños de la cocaína y el TDAH. Se acabó Lost y han muerto los mejores. La religión sigue matando y Kanye West es el nuevo Jesucristo. Ahora EE.UU y Coca-cola son el enemigo, y sólo suena basura en la radio. La censura vuelve a la prensa y al pensamiento crítico. Ya no se escribe como antes, ya no se bebe como antes, ya no se quiere como antes. Vives en Instagram y pierdes el tiempo con el teléfono en la mano. Hemos olvidado a nuestro abuelos y todo lo que importa de verdad. Y nuestra ambición muere cada sábado por la noche. La inteligencia es otra especie en extinción. La decadencia es el siglo XXI.]