Etiqueta: historia

Amor sin culpa.

Las casualidades existen, por eso aparece gente inesperada en tu camino para comenzar historias, porque está escrito que deben suceder. Somos tan pequeños que el Universo debe conocer todas las decisiones que están a nuestro a alcance y modularlas, influir sobre nosotros para que hagamos una u otra cosa y no alterar la historia. Quizá sólo vivimos un ciclo constante, un bucle que empieza y acaba siempre de la misma manera. Pero a mí me gustaría forzar los límites, cambiarlo todo contigo, romper los esquemas de los demás y también los nuestros, demostrarnos todo sólo con mirarnos.

¿Cómo voy a atreverme a huir de esto?

¿Cómo voy a atreverme a huir de ti?

Si me han dicho siempre que hay que plantar cara, enseñar los dientes y luchar por encima de todo, que lo importante es ser capaz de sacrificarse por conseguir lo que uno quiere, que no se puede llegar al ocaso arrepentido por haber callado y no haberse dejado sentir.

Ser cobarde sirve algunas veces pero nunca con los temas del corazón, porque luego duele no haberse atrevido a cruzar la línea, a lanzarlo todo por los aires, y acaba pesando donde pesa todo.

En la conciencia.

Ser cobarde sirve algunos días pero nunca cuando los demás te necesitan, cuando sabes que hay alguien que, si te tiras de cabeza, va a estar con los brazos abiertos para que no caigáis los dos, para que no os llenéis de polvo las manos.

Ser cobarde se permite en esta casa pero sin abusar, se admite sólo para coger impulso y saltar más lejos que antes.

Pero de repente llega un momento del día en el que me siento perdido, como si me encontrara en medio del lejano oeste rodeado de tierras rojas, cactus y caballos de los que no conozco su nombre. Y me muero de sed en mitad de este desierto que no conozco, sin tus brazos a punto de rodearme el cuello para acercarte y apoyar la cabeza en mi pecho, para que te proteja y me protejas. Y me muero de hambre sin tu cuerpo a medio desnudar sobre la cama, sin tus susurros en mi oído tumbados en el sofá, sin tus manos frías buscando alivio entre las mías.

Todo esto debería ser una balanza de dos, entre dos.

Amor sin culpa y ganas a compartir a partes iguales.

Día de muertos.

Uno de noviembre, el mundo ríe y llora al mismo tiempo.

Como siempre.

Hay gente visitando el cementerio una vez al año, gente llorando en sus casas, gente de resaca porque anoche decidió disfrazarse y beber hasta caer rendido, gente viviendo un día normal, gente que comerá con su familia para recordar a los que se fueron, gente que mirará las fotos y pondrá unas velas, gente que comprará flores artificiales y las pondrá en una lápida, gente que mirara el hueco de la cama, gente que cerrará la puerta de la habitación mientras se le encoge el corazón.

Pero aún no nos hemos dado cuenta de que los muertos somos nosotros y no los que han seguido dando vida al ciclo natural. Nosotros que aún tenemos la suerte de poder abrir los ojos cada mañana y poner un pie en el suelo, y no hacemos nada con ello. Nos dedicamos a repetir una y otra vez las mismas acciones automatizadas: lavarnos los dientes, ponernos colonia, desayunar, cambiar de marcha, saludar por la calle. Nosotros que tenemos la fuerza necesaria para cambiar el mundo y no la aprovechamos, nos quedamos sentados en las sillas que llevan nuestro nombre, nos ceñimos al guión de nuestra vida en lugar de arriesgarnos y salirnos de la historia y comenzar a escribir nuestros propios pasos.

Somos conformistas, acomodados, revolucionarios de boquilla, indignados de sofá.

La muerte sólo nos enseña que un día nos acabamos, dejamos de pensar, de sentir, de ser, y que hasta que eso llega debemos aprovecharlo.

La muerte sólo es un aviso, una lección, para que sepamos disfrutar todo aquello que tenemos.

La muerte sólo es una señal para que nos tomemos la vida como un privilegio y tengamos la valentía de atrevernos a volar fuera del nido. Y está bien llorar, lamentarse y quejarse una y otra vez de la mala suerte que nos rodea pero el tiempo corre.

Por eso esta vez no voy a pedirte que vengas, porque eso es lo fácil, hacer que el otro haga cosas por nosotros, dejar que el resto se encargue de las responsabilidades y lavarnos las manos. Lo sencillo es dejarse querer, no preocuparse por los demás, que estén pendientes de nosotros, tener la atención.

Y yo no soy de los que tiran la piedra y esconden la mano, yo no soy de los que besan y olvidan, yo no soy de los que rompen algo y dejan los trozos por el suelo. Yo no soy de los que quieren y permiten que todo quede en el aire.

Esta vez no voy a pedirte que vengas porque si realmente (me) quisieras ya estarías aquí.

No te muevas si no quieres yo voy a vivir hasta que se apague la luz.

Canciones que son historia.

Hay historias que nacen para ser convertidas en canciones.

Hay historias que son canción.

Hay amores que son historia, y canción, y muchas otras cosas.

Y el nuestro, da igual si era poema, historia, melodía, o sólo un pentagrama por escribir de principio a fin, un relato con el que deleitarse y dejarse llevar.

El nuestro, el amor digo, es una canción que ya es historia.

Espero que tú puedas seguir sin que te duela el alma del mismo modo que me duele a mí.

En busca del fuego.

Mis ganas en su lengua, entre sus piernas.

Si es por mí no dudes en morder y quedarte con los restos, puedes desangrarme sin piedad. Voy con las vísceras por fuera, sin ganas de dar explicaciones, dispuesto a que cualquiera toque en blando y haga más profundo el dolor. Al final no valgo nada, al final sólo estoy aquí para ser, estar y fracasar todas y cada una de las veces que me proponga intentarlo contigo.

Yo ya no puedo ser el mismo, me he hecho demasiado daño -he dejado que tú me lo hagas- como para recomponerme y poner las piezas en el mismo lugar que ocupaban al principio.

Ahora soy una especie de Guernica emocional.

Somos las malas versiones de las mejores canciones; o algo parecido, ya no entiendo las cosas demasiado bien.

Veo turbio, todo es niebla y gris en el camino y el futuro ya no tiene sentido, ya no existe. Mi vida se basa en un presente desestructurado, sin sentido, desfigurado. Y es que no tengo claro si compartimos sueños, si queremos lo mismo, ni tan sólo si queremos algo parecido. Y los sueños en abstracto no sirven de nada, sólo para acabar frustrándonos. Lo único que sí sé es que los sueños sólo se hacen realidad si se persiguen, si se atrapan entre los dedos igual que yo atrapo tus mechones de pelo algunas noches. Los sueños sólo se hacen realidad si los agarras, soplas para quitarles el polvo y haces algo con ellos.

Los sueños igual que la energía ni se crean ni se destruyen sólo se transforman, y la única forma de transformación que conozco a parte de la fuerza del agua y del viento es la fuerza que todos guardamos dentro.

Las quimeras sólo sirven si las conviertes en algo tangible, de verdad.

Y te digo que esto no es por falta de ganas, es que hay obstáculos que ya no sé cómo derribar, distancias que no me dejas salvar.

Ante la catástrofe propongo el amor como forma máxima de rebeldía e insumisión.

Ante el desastre propongo los besos como forma perfecta de revolución.

Ante la vuelta a las cavernas a la que nos quiere arrastrar el mundo propongo volver a descubrir el fuego con la fricción de nuestros cuerpos.

Empezar de cero, mucho antes de Cristo, y volver a crear el mundo con nuestras manos, a través de nuestros ojos.

Contigo quiero buscar las Indias Orientales, pintar los lienzos de Velázquez, escribir las leyendas de Bécquer y admirar la música de Albéniz.

Así para empezar, se me ocurre que podemos cambiar la historia desde el principio.

 

Como hacías antes.

Creo que eres algo parecido a un volcán dormido, pero no es miedo lo que me provocas.

Te mantienes en silencio mientras la lava arde en tu interior y algún día entrarás en erupción. Todos tenemos un límite, lo que pasa es que a mí no me gustaría verme en la tesitura de tener que descubrir dónde está el mío. Aún así creo que yo también soy todo rabia contenida, palabras que se han enquistado en mi garganta y van a hacerme escupir veneno el día menos pensado.

Pero ya está.

La historia nos ha puesto a prueba suficientes veces.

Ahora tan solo dejamos que el tiempo pase, sin hablar, porque parece que así todo duele menos, es menos real, así parece que todo lo que ha pasado ha sido un espejismo al que podemos dejar de mirar. Mientras, las circunstancias y las decisiones quedan flotando en el aire sostenidas por mentiras invisibles que van a acabar por estrangularnos sin remordimientos.

Con lo sencillo que es decir la verdad y lo que nos cuesta pronunciarla en voz alta. Somos más cobardes de lo que queremos pensar, nos escudamos en excusas que no tienen fundamento para sentirnos mejor con nosotros mismos, para intentar salvarnos de otro error que ya suma y decanta el marcador en nuestra contra.

Ya basta de fingir y de engañarse.

Ya basta de intentar reanimar lo que está muerto.

El cielo te está mirando de nuevo, desea fundirse contigo, igual que lo deseo yo. Y viene viento, de ese que remueve faldas, quiere jugar contigo, igual que quiero yo.

Sigo escuchando las manecillas del reloj en mi cabeza, sigo esperando a que acabe esta farsa, a que acabe la cuenta atrás y presiones el detonador que me haga saltar por los aires de una vez por todas. Espero el puñetazo en el estómago y el último beso que me deje un mal sabor de boca para el resto de mis días.

Pero, mientras tanto, hasta que eso pase, ¿por qué no vuelves y me pones una mano en el pecho, me besas con calma y cierras los ojos?

Como hacías antes.

Pura comedia.

La vida es pura comedia y nos la tomamos demasiado en serio. Los formalismos, los enfados, la moral cristiana apostólica romana que impregna cada uno de nuestros actos desde la tierna infancia.

La vida es pura comedia y no lo estamos entendiendo. Joder, si al final todos acabamos en el mismo sitio sin que nadie nos recuerde más que en las fechas señaladas por el calendario.

Pensamos que todas nuestras decisiones acaban siendo transcendentales cuando al final sólo somos un pequeño punto invisible en la historia del Universo, sin más importancia que la que tiene cualquier mosquito aplastado contra el cristal de la ventana para nosotros.

Podríamos hacer que todo fuera más liviano, porque en el fondo, si lo pensamos bien, nada es tan grave como lo pensamos. Cualquier nueva decisión nos parece más difícil de tomar que la anterior. Nos creamos jaulas con nuestros miedos más íntimos, nos prohibimos la felicidad sin darnos cuenta. Nos cortamos las alas, somos víctimas de nuestros propios prejuicios, de nuestra dura conciencia que nos golpea antes de cerrar los ojos y coger el sueño.

Nos estamos complicando cuando todo debería ser igual de fácil que cuando éramos niños, pero nos encargamos de hundir todos los botes en los que subimos. Y a veces tengo la sensación de que estoy remando solo, y de que no sirve de nada, y de que no vale la pena, y de que pierdo el tiempo, y, sobre todo, de que soy un imbécil por no darme cuenta antes de todo esto. Es un asco ser un soñador entre tanta gente sin color, entre los que se conforman, entre los que ríen a medias, entre los que tienen miedo a decir la verdad.

La vida es pura comedia y la estamos convirtiendo en el peor de los dramas, porque todo esto no va de luchar, ni de merecer más o menos, en el fondo lo único de lo que va toda esta historia es de querer.

Y estoy tranquilo, porque eso sí lo hago.

[Dime tú si lo hago bien.]

Laberintos.

El gris de otro domingo sobrevuela nuestras cabezas como si fuera un buitre carroñero que se alimenta de nuestras penas, de cada una de esas tristezas que tenemos en la médula y no nos abandonan por mucho que alargue el día. Los demonios mordiéndonos el cuello, dejándonos sin sangre que derramar por los demás.

Lo siento.

Voy a pedirte perdón de antemano por lo que pueda pasar, porque no controlo eso de querer a alguien y, a veces, se me va de las manos lo de intentar allanarte el camino, limpiar tus heridas, besarte en la sien.

Se me va de las manos lo de cuidar sin dejar que me cuiden.

Y no sé cómo hacer para no estar siempre alerta, para creer que las cosas buenas también pasan, para pensar que no siempre hay algo malo esperándonos en cada esquina.

No sé qué he de hacer para intentar confiar un poco en ti, pero sobretodo hacerlo más en mí.

He vuelto a ser el protagonista de una historia sin aparecer en los créditos finales, he vuelto a rendirme demasiado pronto y no debería.

Tú ya me has demostrado que luchando puede lograrse cualquier cosa.

Tú ya me has demostrado que sólo hay que coger las maletas y dejar atrás los miedos.

Y yo, que a estas alturas parezco sólo un impostor, aún no he dicho en voz alta que puedes estar tranquila, que voy a estar contigo, que van a dar igual los laberintos en los que quieran perdernos porque nos vamos a encontrar una y otra vez.

Quiero estar siempre, no sólo para cuando todo vaya bien.

Quiero evitar todos los daños, lo trágico.

Quiero que sepas que cuando lo necesites te sobrará con estirar la mano para acariciarme el pelo.

Esto debe ser un pacto, yo te rescato y tú me rescatas, que sea algo de los dos, que el amor deje de ser cosa de uno que rema y otro que va a remolque.

Sólo tienes que sonreír de ahora en adelante, porque nos va a dar igual tropezar con piedras si después podemos mirarnos a los ojos desde el suelo.