Etiqueta: héroe

Ruinas.

Las luces de las farolas parpadean tras los cristales, el silencio nos asfixia, el diablo sonríe, la lluvia débil cayendo me recuerda a mi pulso y el frío te agarrota el corazón. Podría ser esto el Berlín más gris de una novela negra y nosotros tan sólo un par de espías soviéticos que se miran en la distancia, que tras compartirlo todo se dicen adiós.

En algún momento te das cuenta de que ya te han destrozado, o te has destrozado tú mismo. Sabes que has aceptado las propinas, que has buscado el amor seguro con sexo inseguro, que te has conformado con cualquier resquicio de cariño sin tener por qué hacerlo.

Tienes claro que tu piel va a congelarse de nuevo, que duelen los huesos, que sangran los labios por culpa del viento. Y que ella se va a ir una y otra vez, y tú vas a estar buscándola siempre.

Todo son saltos, piedras en los zapatos y equivocaciones.

Todo son agujeros en el pecho, lágrimas recorriendo las mejillas y sonrisas que duelen.

Todo son jodidos problemas, resacas y canciones de Iván Ferreiro. 

Parece que no podemos acertar, que estamos destinados a equivocarnos una y otra vez. Parece que se nos va a acabar para siempre la cerveza fría.

Querer a alguien es más difícil que enhebrar una aguja a la primera.

Me has susurrado al oído y he querido ponerme la capa, ser tu héroe de las cosas pequeñas. He querido salvarte de los malos finales, colarme en tu cama en una noche de invierno para aislarte del frío, darte todas mis vidas en abrazos, y vencer al cruel villano de los cómics con uno de nuestros besos.

Al parecer, me encontré con el único verso que no podía rimar. Qué zorra es la vida.

Voy a permitirme perder ya la esperanza.

Si ya soy todo ruinas, qué más da.

Quiero morir como Jesse James.

Te fuiste otra vez, me dejaste de lado.

La oscuridad como testigo y aliada te llevó de la mano de vuelta a una cama que sí te corresponde. Tengo los pulmones cansados de gritar tu nombre sin que surja efecto, sin que pase nada, y llamarte sólo ha servido desde el principio de los tiempos para que los recuerdos se retuerzan en mi cerebro y se me lleven los demonios.

El alcohol mezclado con lecturas nocturnas me obliga a soñar contigo sin ropa y en silencio. Más de un día me he despertado de madrugada jurando que acababas de abrazarme, que todavía seguías anclada a mí y suplicando en mi oído por un poco de cariño. Todas las imágenes sólo sirven para que me lamente, para que tenga ganas de tirar de la cuerda y saltar al vacío, para ver que volví a equivocarme.

Ya no tengo claro si el error es querer, dejarme querer o seguir creyendo en un amor que no he visto profesarse a nadie en la vida real. Pantomimas de besos y graffitis, regalos para llenar huecos, complacer al otro por costumbre. Adictos a las rutinas que nos evitan pensar, adictos a no hablar de verdad, acabamos siendo robots que se dedican a cumplir órdenes. Marionetas de nuestros seres queridos, familia y amigos. Nos han atado de pies y manos, nos han quitado el cerebro y se han encargado de plantarnos unas gafas para que lo veamos todo del mismo color. Y no puedo más.

Voy a dejar la honradez atrás, voy a romper tus fotos y a vivir en el Lejano Oeste. Quiero convertirme en forajido de este mundo insoportable, atracar bancos y corazones, que mi final llegue con un tiro en la espalda.

Recordadme como lo que nunca fui, un héroe, un luchador, un hombre feliz.