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Dejar de respirar.

¿Crees que hemos hecho algo bueno? ¿Que lo nuestro ha merecido la pena?

Me has dicho que me quieres sin apenas estar despierta. Y, sin embargo, tus palabras suenan tan vacías, porque vas a dejar que todo esto se pierda entre la lluvia como las putas lágrimas del épico desenlace de Blade Runner.

Y entonces da igual todo, al final no importa que luches, que tengas ganas, que quieras, porque nada sirve. Todo eso que te dicen apenas importa, apenas tiene sentido, porque se cuela como cualquier rata se cuela en una alcantarilla y se pierde en el fondo entre el resto de desechos.

Y duele, claro que duele.

Joder si duele.

Y no te lo crees hasta que pasa, y lo sientes, y notas como quema, que el cristal desaparece, caes de bruces contra el suelo sin tener tiempo de reaccionar para poner las manos y detener el golpe.

Supongo que he estado tan ciego que no he querido ver la realidad, que no he querido darme cuenta, que prefería vivir en la burbuja a enfrentarme a la verdad. Supongo que he sido yo el que ha seguido estirando el hilo hasta el infinito con tal de agarrarse a un poco de esperanza, con tal de no volver a sentir las ganas de morir poco a poco que siento ahora.

Si piensas que eres un idiota los demás lo acaban pensando, tenemos esa manera de mimetizarnos con el entorno, la jodida empatía. Y yo lo he dicho tanto que me lo he creído, al final he acabado siéndolo y tú lo has asumido como tal.

Tu rechazo es algo así como una herida mortal. Tu silencio una manera de desangrarme lentamente.

Lo único que quiero en el fondo es alguien con quien poder dormir sin que me duela el pecho y me falte el aire. Una mujer a la que olerle el pelo, acariciarle la mano, besarle el cuello, y follar como si cada noche fuera la última. Alguien con quien hablar y compartir, y que se harte de mi palabrería y que me harte con la suya. Y que aunque haga como que no me escucha se quede con cada detalle, y que aunque haga como que no la escucho me quede con cada detalle, con cada suspiro, con cada parpadeo. Con todas esas casi invisibles cosas que sean importantes para ella. Lo mismo que queremos todos, o lo que yo creo que deberíamos querer.

La única cura, para esto que me pasa, va a ser dejar de respirar pronto.

La piel cansada.

¿Que si me acuerdo de la primera vez que te vi? ¿Cómo no iba a hacerlo? Si aún te miro como entonces, como si todo fuera nuevo, como si fueras un regalo al que estoy quitando el envoltorio con prisa porque me muero de ganas de ver qué hay dentro, como si no supiera lo que hay detrás de tu sonrisa y tu mirada, como si no supiera que tras la ropa sólo hay piel cansada y lágrimas saladas.

Estamos hechos de cosas que no se olvidan y vacío, de pequeños fragmentos de pasado y deseos, de esperanza y viejas historias.

Yo no sé si mañana vamos a ser sólo aire o si vamos a estar bajo la misma piel de lobo manteniéndonos lejos del frío. Ni siquiera sé si voy a verte despertar algún día más, ni siquiera sé si voy a despertar algún día más. Tampoco sé si habrá dinero o si me queda café en la despensa y puedo seguir viviendo, o hacer lo que hago.

Pero no importa, lo que importa es que estoy aunque no me veas, aunque no puedas tocarme cada vez que quieras.

Estoy.

Justo a tu lado.

Estoy como está una sombra, o una huella sobre la arena, sin que te des cuenta, sin que le des importancia. Pero no somos nadie sin sombra. Mira lo que le pasó a Peter Pan, que huía de ella, y cuando la perdió y volvió a encontrarla tuvo que acabar cosiéndola. Porque tenemos miedo a todo eso que es parte de nosotros mismos, porque intentamos no ver ni mirar hacia dentro, porque no sabemos qué hacer con nuestros sentimientos llenos de nudos ni sabemos mirarnos al espejo sin cerrar los ojos. Tememos hacernos adultos, crecer, ser responsables, y asumimos que algunas cosas no deben cambiar para no tener que volver a empezar.

No creas que me pasan estas cosas con cualquiera, que nadie me ha hecho perder el sueño como tú, que nadie me ha hecho temblar en la oscuridad como tú, que nadie me ha besado con prisa como tú lo has hecho, que nadie me ha borrado las dudas de golpe como tú lo has hecho.

Escribiría por ti miles de páginas sin esfuerzo, y sonreiría cuando las nubes grises se posaran sobre nosotros, cantaría desafinando después de dos cervezas si es cuestión de reír contigo. Si tuviera que elegir te salvaría a ti de cualquier desastre.

Quizá por eso yo lo tengo todo tan claro y tú no.

Balada sobre ti.

Viernes y a estas horas él sonríe, sólo puede sonreír.

Pensar en ella es sentirse tranquilo.

No sabe cómo pero desde hace tiempo los únicos momentos de paz que tiene son los que comparten juntos. Ella consigue que se difumine el miedo, que la inseguridad no pase por la puerta, que los nudos que tiene en la cabeza se desenreden y la cuerda caiga al suelo. Logra que el exterior deje de importar y que no haya sufrimiento, y que lo único importante sea el color de sus ojos. Atrapa todas esas malas vibraciones para tirarlas por la alcantarilla y que se vayan lejos con toda la mierda.

La imagina tumbada sobre la cama, con la respiración lenta del que puede dormir con la conciencia tranquila, tapada hasta el cuello cuando comienzan a bajar las temperaturas. La imagina dando un par de vueltas en la cama antes de decidirse a abrir los ojos, desperezarse y bostezar. La imagina preparándose un café después de lavarse la cara y mirarse al espejo sin saber qué pensar sobre sí misma. Como nos pasa a todos.

Hace tiempo que ha dejado de importarle lo guapa que sea y que todos la miren cuando pasa por su lado, que al final lo que le importa de verdad es que su sonrisa no se mueva nunca del sitio y el corazón se le desboque a cada rato.

Hace tiempo que han dejado de importarle todo lo que ella llama defectos y que a él sólo le parecen rasgos que la hacen única.

Hace tiempo que ha dejado de importarle estar caminando constantemente sobre el alambre y poder caer en cualquier momento, sin paracaídas que le libre del golpe.

Sabe que lo que hace que todo siga creciendo entre ambos es el misterio y los silencios repentinos que hay entre los dos, y también que algunas veces puedan decírselo todo con besos y otras tengan que esquivarse las miradas.

Ella consigue que tenga ganas constantes de volver a conocerla, de tropezarse de nuevo y encontrarse con su mirada al abrir una puerta.

Ella consigue coserle por dentro, dejarle el corazón marcado con hierro candente, bajarle la fiebre, curarle el mal genio, que broten flores de sus heridas; que quiera querer, ganar y sentir.

Y aunque todo parezca una basura, con ella es simplemente perfecto.

[Si me tengo que perder buscando la felicidad, que sea sólo contigo.]

 

No me importa el destino.

No me importa el destino, ni el final de trayecto, ni el viaje, si voy contigo.

A veces creo que me faltan todas las dudas que a ti te sobran para igualar la balanza, para no estar tan expuesto, para evitar el daño y que no me toquen las costillas contra el suelo en el próximo golpe.

No sirve de nada escudarme en cualquier excusa para olvidar, ni en tratar de dormir más horas de las que necesito, ni fingir un bienestar que no siento en ningún momento. Y es que sigo siendo el sapo que no se convierte en príncipe al final del cuento, el mismo de siempre, el que sabe aconsejar al resto pero aún no ha aprendido a cuidarse y quererse de verdad.

Supongo que mañana te seguiré mirando, buscando en los mapas, y serás cada una de esas ciudades que me traen buenos recuerdos, serás ese cielo que no deja que las nubes le tapen el sol. Supongo que mañana me seguiré topando contigo en cualquier esquina, obligado a mirar el suelo, tragar saliva y a arrancarme las espinas.

No supe hacerlo bien.

No fui capaz de convertirme en tu imprescindible.

No conseguí hacer que necesitaras mirarme a cada rato, como quien mira a la lluvia después de largos meses de sequía, como quien mira unos labios después de encontrarse con muchos amores de mentira, como yo te miro a los ojos.

Que quizá el exceso de ternura mata la pasión, o que te he querido cuidar más de lo que estabas dispuesta a permitir.

O quizá es sólo que pienso demasiado y siempre estoy equivocado. Que todo sucede en mi cabeza y nunca pasa el umbral de la realidad.

Pero da igual lo que piense, siempre vuelvo al inicio, al lugar donde aún puedo coger tu mano, mirarme los zapatos, pisar las ramas secas y caminar junto a ti. Todavía podemos cortar las cuerdas y tirarlas bien lejos, echar el resto, apostarlo todo. Estamos a tiempo de despegar, llorar de alegría y escuchar nuevas canciones.

Nunca es tarde para regalarnos caricias, reconocernos de nuevo, reflejar nuestras sonrisas en los charcos.

Y es verdad, no me importa el destino, ni el final de trayecto, ni el viaje, si voy contigo.

Imagina si lo tengo claro.

Retroceder en el tiempo.

Ha vuelto a llover mientras pensaba en ti, y yo ya no creo en las casualidades.

La vida ha demostrado que sabe perfectamente lo que hace cuando nos pone a alguien en el camino, aunque nosotros no alcancemos a comprender el por qué, aunque en ocasiones solamente nos hagamos daño.

Crecer, creer, perecer.

Tenemos tiempo para todo si sabemos aprovecharlo.

Has hecho que imagine atardeceres en los días más nublados, que sonría cuando arreciaba el aguacero, y también que llore cuando más debería sonreír.

Ahora estamos viendo cómo cae otra gota, la que se supone que colma el vaso. No sabemos hablar de tú a tú, y al parecer tampoco de cara a la pared.

Y me pregunto dónde está la alegría que se supone que debería tener guardada y sólo me queda mirar por el desagüe para obtener respuestas. Y es que al final el golpe ha sido peor de lo esperado, sin verlo venir, sin poder prepararme. Apartarme del camino con un simple empujón como a un desconocido cualquiera lo hace todo peor, y ojalá fuera capaz de crear algo de rencor aquí adentro, algo de odio, algo más que dolor y tristeza para rellenarme los huecos.

Voy a escuchar canciones tristes hasta que me sangren los oídos, a leer de nuevo “Esa visible oscuridad” de William Styron para entender que se puede salir del peor de los abismos, a encerrarme en la habitación con la puerta atrancada mientras veo como cae el día sin ser capaz de pensar en nada más.

Y todo esto me hace darme cuenta de lo sencillo que es reducir a una persona a cenizas, convertirnos en polvo sin necesidad de estar muertos aunque nos sintamos así, destruir a quien menos deberías.

Qué puta mierda.

Y la rabia.

Ya estoy vacío de ti otra vez, y es como retroceder en el tiempo, o quizá es que nunca he llegado a avanzar y no he querido verlo.