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Bonnie and Clyde.

Está el planeta como para no leer los periódicos, como para que crezcan bosques en medio del desierto y se seque el lago Onega. No sé si esta es la realidad o estamos respirando ya en una realidad paralela en la que todo lo imposible está sucediendo.

Situados a un paso de que vuelva la Santa Inquisición, el garrote vil y las opiniones no puedan compartirse en voz alta.

Crece el odio, se nos va el pulso y el murmullo entre la multitud no cesa. Desde arriba siguen riéndose de nosotros, que peleamos sin razonar, que no vemos el fondo real que hay en todos los problemas, que sólo cosemos parches que no solucionan nada, que nos dejamos guiar por consejos de sabios mentirosos. Nos han atrapado en una red de ciegos que pueden ver, de mudos que pueden hablar, de sordos que pueden escuchar pero no quieren.

Me siento cada vez menos humano y más pájaro, porque sólo quiero volar lejos de tanta insensatez. Me siento cada vez más despegado de la tierra y la gente que me rodea. Me siento cada vez más decepcionado con la vida, porque la muerte nunca falla.

Se nos van los años sin atrapar sueños con las manos, dejamos que el mundo gire sin tratar de frenarlo, nos tapamos los ojos ante la belleza porque no estamos acostumbrados a tratar con ella.

Si al final lo único que quiero es llevarte entre mis brazos todo lo lejos del resto del mundo que sea posible. Encender la estufa, contarte historias con las llamas reflejándose en nuestras pupilas dilatadas, abrazarte por la cintura, que sea verano siempre que nuestros cuerpos se encuentran.

Ojalá todo fuera tan fácil como cuando me obligas a dejarte sin ropa o buscar refugio en la oscuridad cuando estás conmigo.

Ojalá todas las guerras fueran entre sábanas y saliva en la piel.

Ojalá todas las balas fueran besos sin piedad.

Ojalá todos los gatillos fueran te quieros.

Ojalá todas las miradas fueran la tuya.

Está el planeta como para convertirnos en Bonnie and Clyde, y huir de los demás pero nunca de nosotros mismos.

Fugitivos.

Tanta lluvia y nosotros sin salir a abrazarnos desnudos al balcón. Cuánto tiempo perdido en este mundo, cuántas oportunidades desperdiciadas, olvidadas debajo de la almohada. Aún no he conseguido despegar tu olor de mi piel después de una noche sudando juntos sobre las sábanas recién estrenadas. Aún no he conseguido elevar la vista hasta el cielo sin pensar en ti.

Hemos vuelto a destrozarlo todo desde la soledad de nuestra habitación, a arañarnos la espalda, a rompernos la cadera, a lamernos el hilo de las suturas. Hemos vuelto a hacer que los vecinos vengan a llamarnos a la puerta, hemos conseguido que se escandalice todo el edificio.

Y apenas nos da ya vergüenza, porque sabemos de memoria nuestras grietas.

Todavía no se han dado cuenta que nosotros dos somos un par de fugitivos que ven la vida pasar desde la ventanilla de su coche, que no tenemos claro el final pero sí que caminamos juntos, que no nos asustan las mareas, que nos podemos alimentar con besos y mañanas de verano. Todavía no se han dado cuenta de que no van a ganarnos ni las malas épocas, ni los días grises en los que la tristeza se nos cuela en cada una de nuestras articulaciones.

Y tú no te has dado cuenta de que me recompones todos los trozos sólo con un abrazo, que algunos de tus besos saben a Mediterráneo en calma, que tu risa me gusta más que la mayoría de canciones de cantautores españoles.

Y yo aún no me he dado cuenta de que te he enseñado a vivir despacio, a esquivar las balas, a respirar y pensar antes de hablar.

Que sólo somos héroes de backstage, de sonrisa frágil y esperanza trastocada, que hemos dejado que la imaginación nos juegue otra mala pasada, que nos hemos llenado de una ilusión que igual se acaba.

Sólo soy un poeta rancio incapaz de escribirte más de cuatro versos al día y encontrarte defectos.

Sólo eres la más bonita y profunda de mis heridas.

Si pierdo en esta huida sin final, si muero tras la partida, que sea contigo galopando en mi pecho.