Etiqueta: explosión

¿Estás lista?

Sólo hay eco.

En las calles y en tu cabeza.

Y nada más.

Los perros callejeros aún duermen, un botellín de cerveza nada por la alcantarilla y yo sigo en mi guarida, de la que creo que no debería volver a salir.

Pequeñas luces apagándose y encendiéndose en la penumbra de tu mente mientras aparece el sol con timidez entre las paredes de tu habitación. Sonidos y voces de vecinos que comienzan a elevarse tras los muros, y la sirena de alguna ambulancia que, ha quitado el sueño a más de uno y de una en el barrio, sigue el efecto doppler.

Tienes la mirada turbia y esquiva desde hace meses por no atreverte a hablar en voz alta, puede verse toda esa cantidad de palabras que se te atraviesan en la garganta, que te arañan por dentro dejando marcas que no van a irse, puede verse cómo viaja tu mente de una idea a otra sin que seas capaz de hacerles frente. Supongo que te estás preguntando si estamos preparados, y yo podría responderte pero no me quieres escuchar. Te da absolutamente igual lo que te diga, y te deja indiferente, y creo que hay pocas cosas tan mortíferas y venenosas como la indiferencia creciendo entre dos personas.

Porque, por si no lo sabes, la indiferencia se acaba convirtiendo en odio o en olvido, o en algo peor.

Explosión, desastre y luego, un silencio eterno.

Llegará ese punto en el que ya no se rozarán nuestras manos, ni compartiremos latidos ni besos, ni enfados, ni sonrisas.

Va a llegar.

¿Estás lista?

Porque yo no.

No creo que pueda estarlo nunca.

La última guerra.

Casi siento ya la explosión, el temblor en el suelo, los pájaros volando nerviosos, los perros ladrando más de la cuenta y mirando a la puerta de casa, los gatos con el pelaje erizado. El mundo comienza a desmoronarse y quizá es que ya nos merecemos todo lo malo que nos pueda pasar, como especie hemos dado toda la pena posible, hemos llevado al planeta a la destrucción completa poco a poco.

Gente defendiendo lo indefendible, justificando actos que atentan contra los derechos humanos y formas de pensar porque debemos ser tolerantes. No, hay determinadas maneras de vivir con las que no se puede ser tolerante. Ya basta de poner siempre la otra mejilla hasta que te cuelan un puñal en el costado. No se puede tolerar a quien porta antorchas, viste esvásticas en la piel y alza la mano a la sombra de un Führer que todavía parece caminar entre nosotros.

Y da miedo, da un miedo terrible observar que nada cambia y que sólo vamos a peor. Me provoca un temor absoluto ver que la historia no nos sirve para nada, ni siquiera para aprender la lección.

Estamos a escasos pasos de que se presione el botón rojo y el hongo nuclear lo llene todo, fundamentalmente porque nos sigue gustando marcar las diferencias en lugar de vernos como iguales.

Pero es que no somos iguales.

Cállate.

Deja de decir estupideces.

¿Qué te diferencia realmente de otro ser humano? ¿Qué hay más importante que todo eso que nos une y nos rebaja al mismo escalón?

Respirar, amar, llorar.

Exactamente igual.

El problema es que nos hemos creído las fronteras, las religiones y la identidad, y hemos necesitado siempre formar parte de grupos que nos arropen y excluir a otros por las más absurdas cuestiones: el color de la piel, el género, el país, la religión, la orientación sexual, la ideología política.

El problema es que hay poder y dinero, y objetivos e intereses que están fuera de nuestro alcance. Y da miedo, es acojonante ver cómo el mundo lo dominan unos cuantos y los medios focalizan nuestra atención para distraernos, y logran llenarnos de rabia y frustración, y consiguen que pelemos entre nosotros por temas irrelevantes.

Me temo que esto no tiene solución, mientras haya narcisistas y sociópatas con el mando de la nave entre las manos.

Me temo que todo pasa por desparecer y esperar a que en algún momento haya vida realmente inteligente, que sepa hacer de los buenos sentimientos un refugio, el lugar donde vivir, y que la próxima sea la última guerra mundial.

Y pido que si todo se va a la mierda de pronto, que si el mundo tiene que acabarse de una vez, sólo pido estar contigo.

La tormenta que llevas en tus ojos.

Creo que todos sabemos ya que la vida es una mierda, la cuestión es que a algunas personas les cuesta más que a otras asumirlo.

Yo lo tengo claro, casi tan claro como que la tierra es redonda y que gira alrededor del sol y no al revés. La vida es meter los pies en el fango una y otra vez, un domingo permanente que se te mete en la columna vertebral, una trampa de la que es imposible escapar. Hasta que ella dice basta. Como en todo, porque ella siempre tiene la última palabra, te va a llevar por donde quiera sin que puedas elegir, eres sólo una mancha de aceite flotando en una masa de agua, eres una neurona sin conexión.

Ya no queda café en el fondo de la taza, ni tengo tu cabeza sobre mi hombro mientras leo otra de esas novelas negras que me saben a la historia de siempre. Noto como el aire ya no entra en mis pulmones con fluidez, culpa de la nube tóxica en la que lo has convertido todo. Siento que el suelo por el que camino se va resquebrajando y que los edificios a mi paso se derrumban sin sentido. Otro movimiento sísmico va a dejarlo todo patas arriba, otra explosión va a darle la vuelta al cielo y a la tierra, otro orgasmo tuyo va a escucharse al otro lado de la calle.

Vas a arrasar conmigo, como un desastre nuclear del que uno no se recupera jamás. Y es que bajé la guardia, me dejé llevar por la tormenta que llevas en tus ojos y ahora soy sólo otro bote varado en la peor de las orillas, en la que tú no estás.

Prendiste la llama y te olvidaste de apagar mi fuego.

Y eso no se hace.

Cuando uno se va debe dejarlo todo como cuando lo encontró, y yo ya estaba roto pero ahora no me encuentro entre tantos pedazos.

Todo son certezas cuando veo que no estás, todo son verdades cuando no estoy bajo tu influjo. Tus actos no hacen más que confirmar todas mis sospechas.

Vas a dejarme naufragando después de todo esto, y espero que alguien sepa rescatarme, que me pegue los fragmentos, que me limpie las heridas aunque escueza porque lo que pica cura.

Y es que, en el fondo, no soy nadie para ti, sólo un desconocido que te mostró su sonrisa, que te tendió la mano, que te llenó de electricidad, que hizo que te diera un vuelco el corazón.

Pero soy nadie.

Porque en el fondo lo que haga por ti no va a servir de nada y dejarme ir será el mayor de los errores.

Kamikazes.

[Tienes todo un día por delante y vas a desperdiciarlo estando lejos.]

No hace falta jurar ya que somos un par de locos pidiendo la hora al final del partido, y que vamos a tener que echar a correr antes de que empiecen a caer los meteoritos a nuestro alrededor.

Escondidos y perseguidos, queriendo siempre más.

El mundo está paranoico y nosotros también.

Un par de kamikazes que se chocan las caderas cuando encuentran una cama. Un par de locos suicidas que se besan en todas las esquinas que se acaban encontrando por ahí. Estamos en el borde, en la cornisa, todavía abrazados y descalzos, enredando nuestras lenguas mientras no suena el despertador. Tenemos los ojos cerrados y nos dejamos llevar, mientras nos mojamos los dedos y nos arde la entrepierna. Hemos llenado la casa de cerveza, sudor y saliva.

Somos cazadores furtivos de sexo en medio de la madrugada, que mantenemos vivo el milagro de tener el corazón en llamas.

Y sigue siendo increíble, aunque acabemos por deshacernos y quemarnos como si estuviéramos hechos de papel.

Pero ahora van a empezar a escucharse los rugidos de las bombas por encima de nuestros jadeos.

Sólo hay que abrir los ojos para darse cuenta de que tarde o temprano vamos a desaparecer, que nos vamos a borrar los dos como si fuéramos huellas en la playa, que dejaremos de existir en nuestras respectivas memorias.

Y quizá sea mejor así.

Quizá el único propósito de conocernos fue el de sonreír durante un rato.

Lo bueno se acaba.

Y lo malo.

Y todo lo demás que sea que haya entre medio de los dos extremos.

Creo que debemos dejarnos caer a la vez, mirar al vacío antes de darnos la mano y lanzarnos a toda esta explosión que nos recorre por dentro.

Y dejar el llanto y el horror para cuando lleguen los malos tiempos.

Quiero correr contigo hasta que no pueda más, hasta llegar más allá sin tener que despertar.

Quiero que seas mi esperanza, mujer guerrera.