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Ser humano.

Es tan raro eso de que los seres humanos podamos ser capaces de lo mejor y lo peor.

Capaces de unirnos en masa para alzar la voz y las manos contra la injusticia.

De crear obras de arte que trascenderán a lo largo de los siglos.

De inventar seres invisibles y omnipresentes para justificar el motivo de nuestros actos.

De no perder la esperanza ni si quiera cuando lo hemos perdido todo.

Capaces de odiar y de increpar.

De dormir tranquilos después de la tragedia.

Infligimos dolor físico.

Destrozamos mentes, autoestimas y cuerpos sin ningún tipo de control.

Construimos barricadas, refugios, búnkers y campos de concentración.

Odiamos por razón de sexo, raza, religión.

Arrancamos bosques y los sustituimos por bloques de hormigón.

Cambiamos el mirar de frente por hablar a las espaldas.

Volamos por las nubes y saltamos hasta el fondo.

Perdemos la consciencia.

Aplastamos a otras personas igual que hacemos con los insectos.

Bailamos al son de canciones que desconocemos.

Tendemos la mano.

Levantamos puentes para unirnos y fronteras para separarnos.

Agitamos banderas y escupimos desde el balcón.

Gritamos a ídolos que se funden cuando vuelan cerca del sol.

Queremos suerte.

Lanzamos misiles y también besos.

Amamos, matamos, sangramos.

Y no hay lógica por mucho que nos la hayan querido explicar la física y la filosofía.

Sólo queda el miedo, la incertidumbre, el futuro incierto que nos espera de brazos abiertos, el caos, el laberinto del día a día.

Y al final del día preguntar si de verdad somos seres humanos.

Si eres humano.

Si soy humano.

Y yo ni siquiera sé muy bien qué debe ser la humanidad.

Sé que no lo entiendes.

Bailar con los problemas como si todo se pudiera resolver como se resuelve la última nota de un vals, convivir con ellos sin que se nos nublen los días de manera irremediable.

Te voy a proponer un juego en el que ganamos los dos.

Yo te enseño a esquivar las balas, a saltar acantilados, a buscar nuevos planetas. Tú me enseñas a mirarme al espejo sin desviar la vista, a plantar mi bandera en los lugares en los que quiera quedarme, a besar sin desgastar. Quiero abrazarte sin romperme, no tener la sensación de estar perdiendo el tiempo cuando miro la pantalla del teléfono hasta que sale tu nombre, poder sonreírte sin sentir que voy a romperme hasta ser arena volcánica como la de las playas islandesas.

Me dejas marchar con los brazos caídos, mirando al horizonte, como si no hubiera más opciones. Te has dado por vencida mientras yo he intentado luchar. Vamos a naufragar por no corregir las velas buscando buenos vientos. Vamos a estrellarnos por no querer afrontarlo todo cogidos de la mano, con miedo pero juntos.

Me dejas sin esperanza.

Sin esperanza nos convertimos en seres vacíos, de ojos opacos, que se reflejan en las canciones más tristes de todos los idiomas.

Llevo demasiado tiempo sentado al otro lado de la puerta esperando a que aparezcas y ya tengo algunas canas, y arrugas bajo los ojos. También dice mi madre que tengo la mirada triste, y no me atrevo a decirle que es porque me enamoré sin saber protegerme.

Nunca se me ha dado bien hacer las cosas a medias, nunca he sabido ir a medio gas en la vida, y cuando algo me importa, cuando creo que algo vale la pena me dejo las manos, la piel, y normalmente el corazón.

Habías entrado como entra un rayo de luz entre las nubes negras un día de tormenta. Eres siempre ese haz que se cuela para meter el verano entre la lluvia, que calienta donde normalmente hace frío.

Yo sé que no lo entiendes, que no me entiendes, pero es fácil para mí si eres capaz de sanarme las heridas sólo con un roce en mi cuello.

Yo sé que no lo entiendes, que no me entiendes, pero es fácil para mí porque no he querido antes así.

Yo sé que no lo entiendes, pero si te quedas quieta es como si estuvieras muerta.

Sé que no lo entiendes, pero prefiero la soledad infinita a tener a alguien que no seas tú.

¿Dónde?

En el fondo (y en la superficie) son muchos más mis defectos que mis virtudes y apenas hay un débil rastro en mi interior de esa imagen que trato de proyectar hacia los demás. Soy en realidad tan inseguro, cabezota, cobarde, complaciente y descreído, tengo tan asumido que las cosas en la vida no acaban bien salvo cuando te conformas.

Y yo nunca me conformo.

Y siempre querré más de ti, del postre, del mundo.

Siempre tendré sed, hambre, sueño y la cabeza llena de miedos que dejar perder en cualquier retrete; por eso he aceptado y asumido ya que es imposible lo de llegar a ser feliz, si es que la felicidad finalmente es una meta y no el camino.

Ya no puedo camuflarme, ya no puedo mantener el pecho sellado para que no quede a la vista la verdad que ha estado ahogándome todo este tiempo. Ahora estoy tan expuesto que me siento desnudo en plena calle, como si cualquiera pudiera juzgarme a la primera de cambio. Justo cuando he logrado quitarme las escamas, alejarme del suelo, comenzar a caminar sobre mis dos piernas.

Me he acostumbrado al dolor, a las heridas, a sangrar sin que nadie lo vea.

Me he acostumbrado a sonreír, asentir y fingir que todo va bien, que nada pasa, que puedo controlarlo todo.

Afuera ladran los perros y el sol aguanta un rato más que ayer, y la pólvora me inunda las fosas nasales. Ahora siento esta tristeza removiéndolo todo por dentro y no lo acabo de entender, ni siquiera ahora que marzo asoma por la ventana y el paso de los meses comienza a darme vértigo y a provocarme náuseas.

Has visto que estoy cerrando la puerta y ni siquiera te has levantado para impedir que me vaya para siempre.

He estado con los brazos abiertos siempre para evitarte la caída, atento a los posibles daños, a los efectos colaterales de esta historia, siempre tan alerta que estoy agotado y me duele la cabeza de pensar en decisiones, opciones y resultados.

He estado tan al pie del cañón que ahora me deshago contra el suelo, como aquel cubito de hielo que rozó tus labios.

¿Dónde estás tú cuando más te necesito?

Hoy que flaquea la esperanza.

¿Dónde?

Hoy que no me quedan fuerzas para esperar.

¿Dónde?

Hoy que quiero escuchar tu voz, tocar tu pelo y dormir tranquilo.

Y siempre querré más de ti, del postre, del mundo.

[No me arrepiento.

Ni de ti, ni de mí, ni de nosotros.]

 

 

La búsqueda y la esperanza.

Buscar.

Nos pasamos toda la vida buscando sin llegar a encontrar lo que realmente queremos.

Buscar.

El sol del litoral nos indica el camino algunos días otros, sin embargo, nos dejamos guiar por las nubes grises que nos llenan la cabeza.

Yo comencé a caminar sin nada entra las manos y he ido poco a poco llenando la maleta, de recuerdos, fotografías, conversaciones, libros, canciones y personas que vienen siempre conmigo. También hay un hueco siempre en la maleta, acompañando a los calcetines y la ropa interior, para las mentiras, lo malo, los miedos, el odio, la rabia.

Y sigo buscando.

Supongo que la búsqueda es algo innato, algo intrínseco al ser humano, algo que va tan ligado a nuestra genética que no nos podemos desprender de ello por mucho que lo intentemos. Somos envoltorios llenos de intenciones y curiosidad. Somos niños tratando de aprender el por qué de todo lo que nos rodea.

Trato de indagar siempre en los rostros, en los ojos, en las manos, intentando averiguar si tras el negro de la pupila hay un alma que anhela lo mismo que anhelo yo.

Buscaba después de tantas turbulencias encontrar algo de calma en ti, al abrigo de tus brazos y tus piernas, y aún te busco porque echo de menos el día a día. El sólo mirarte, darte un beso suave que no lleva a ninguna parte, abrazarte sin miedo a que nos rompamos, escucharte activamente, tratar de evitar tu dolor de forma inconsciente y conscientemente elegirte siempre.

Lo bueno de ese intento nuestro de conseguir cosas es que nunca nos detenemos, ni cuando parece que estamos completamente parados. Hay un pequeño mecanismo en nuestro interior, que parece funcionar como lo hacen los engranajes de un reloj, y nunca para de moverse, mantiene la llama lo suficientemente viva para que no perdamos la esperanza.

Porque es cierto, en muchas ocasiones la esperanza es lo único que nos queda. Quizá eso es lo que realmente nos hace más fuertes, a pesar de las dudas que todo quieren destruirlo.

Perdiendo el norte.

Se me atragantan los días desde que vivo atrincherado en el sofá sin más esperanza que la que soy capaz de ver sólo de vez en cuando, como esos destellos de luz que ven los náufragos desde la orilla de sus islas perdidas en mitad del océano. A ciertas cosas no me puedo acostumbrar, hay ciertas cosas que no puedo asumir y seguir como si nada.

Siento el martillo en mi cabeza trabajando sin parar, sin descansar, sin detenerse ni un segundo para dejarme coger aire y volver a empezar.

Hoy he vuelto a despertarme con sed en plena madrugada mientras la televisión y las luces del comedor seguían encendidas, mientras un libro con su marcapáginas fuera de sitio reposaba en mi regazo y he tragado saliva. He vuelto a caer en la cuenta de que nadie va a darme un toque en el hombro y a decirme que me vaya a la cama. He vuelto a caer en la cuenta de que soy mucho más frágil de lo que me atrevo a decir.

Y el mundo ahí afuera se está congelando y yo por dentro estoy en llamas.

Es como si ahora mismo estuviera solo, abandonado, viviendo en medio de un valle donde nadie va a venir a rescatarme si estoy en apuros, si hago ese último grito pidiendo ayuda me quedaré en el mismo sitio, esperando con los lobos.

Sin que nada pase.

Sin que nada cambie.

Sin que nada sea como tú quieres que sea.

Sin que nos encontremos escondidos en la esquina de siempre.

Ya hemos dicho muchas veces que no aprendemos, que no sabemos elegir bien ni hacer las cosas mejor. Y yo soy el ejemplo más claro de lo que no hay que hacer en la vida porque lo único que hago como nadie sabe hacer es destruirme poco a poco, echarme sal y tierra por encima, y quedarme enterrado.

A pesar de todo (y de nada) aquí sigo, perdiendo el norte por ella.

[Estamos diciéndonos adiós con el corazón encogido.]

Dejar de respirar.

¿Crees que hemos hecho algo bueno? ¿Que lo nuestro ha merecido la pena?

Me has dicho que me quieres sin apenas estar despierta. Y, sin embargo, tus palabras suenan tan vacías, porque vas a dejar que todo esto se pierda entre la lluvia como las putas lágrimas del épico desenlace de Blade Runner.

Y entonces da igual todo, al final no importa que luches, que tengas ganas, que quieras, porque nada sirve. Todo eso que te dicen apenas importa, apenas tiene sentido, porque se cuela como cualquier rata se cuela en una alcantarilla y se pierde en el fondo entre el resto de desechos.

Y duele, claro que duele.

Joder si duele.

Y no te lo crees hasta que pasa, y lo sientes, y notas como quema, que el cristal desaparece, caes de bruces contra el suelo sin tener tiempo de reaccionar para poner las manos y detener el golpe.

Supongo que he estado tan ciego que no he querido ver la realidad, que no he querido darme cuenta, que prefería vivir en la burbuja a enfrentarme a la verdad. Supongo que he sido yo el que ha seguido estirando el hilo hasta el infinito con tal de agarrarse a un poco de esperanza, con tal de no volver a sentir las ganas de morir poco a poco que siento ahora.

Si piensas que eres un idiota los demás lo acaban pensando, tenemos esa manera de mimetizarnos con el entorno, la jodida empatía. Y yo lo he dicho tanto que me lo he creído, al final he acabado siéndolo y tú lo has asumido como tal.

Tu rechazo es algo así como una herida mortal. Tu silencio una manera de desangrarme lentamente.

Lo único que quiero en el fondo es alguien con quien poder dormir sin que me duela el pecho y me falte el aire. Una mujer a la que olerle el pelo, acariciarle la mano, besarle el cuello, y follar como si cada noche fuera la última. Alguien con quien hablar y compartir, y que se harte de mi palabrería y que me harte con la suya. Y que aunque haga como que no me escucha se quede con cada detalle, y que aunque haga como que no la escucho me quede con cada detalle, con cada suspiro, con cada parpadeo. Con todas esas casi invisibles cosas que sean importantes para ella. Lo mismo que queremos todos, o lo que yo creo que deberíamos querer.

La única cura, para esto que me pasa, va a ser dejar de respirar pronto.

La piel cansada.

¿Que si me acuerdo de la primera vez que te vi? ¿Cómo no iba a hacerlo? Si aún te miro como entonces, como si todo fuera nuevo, como si fueras un regalo al que estoy quitando el envoltorio con prisa porque me muero de ganas de ver qué hay dentro, como si no supiera lo que hay detrás de tu sonrisa y tu mirada, como si no supiera que tras la ropa sólo hay piel cansada y lágrimas saladas.

Estamos hechos de cosas que no se olvidan y vacío, de pequeños fragmentos de pasado y deseos, de esperanza y viejas historias.

Yo no sé si mañana vamos a ser sólo aire o si vamos a estar bajo la misma piel de lobo manteniéndonos lejos del frío. Ni siquiera sé si voy a verte despertar algún día más, ni siquiera sé si voy a despertar algún día más. Tampoco sé si habrá dinero o si me queda café en la despensa y puedo seguir viviendo, o hacer lo que hago.

Pero no importa, lo que importa es que estoy aunque no me veas, aunque no puedas tocarme cada vez que quieras.

Estoy.

Justo a tu lado.

Estoy como está una sombra, o una huella sobre la arena, sin que te des cuenta, sin que le des importancia. Pero no somos nadie sin sombra. Mira lo que le pasó a Peter Pan, que huía de ella, y cuando la perdió y volvió a encontrarla tuvo que acabar cosiéndola. Porque tenemos miedo a todo eso que es parte de nosotros mismos, porque intentamos no ver ni mirar hacia dentro, porque no sabemos qué hacer con nuestros sentimientos llenos de nudos ni sabemos mirarnos al espejo sin cerrar los ojos. Tememos hacernos adultos, crecer, ser responsables, y asumimos que algunas cosas no deben cambiar para no tener que volver a empezar.

No creas que me pasan estas cosas con cualquiera, que nadie me ha hecho perder el sueño como tú, que nadie me ha hecho temblar en la oscuridad como tú, que nadie me ha besado con prisa como tú lo has hecho, que nadie me ha borrado las dudas de golpe como tú lo has hecho.

Escribiría por ti miles de páginas sin esfuerzo, y sonreiría cuando las nubes grises se posaran sobre nosotros, cantaría desafinando después de dos cervezas si es cuestión de reír contigo. Si tuviera que elegir te salvaría a ti de cualquier desastre.

Quizá por eso yo lo tengo todo tan claro y tú no.