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Cafeína.

Llevo tanto muriendo cada día y resucitando que ya he perdido la cuenta del momento en el que comenzó todo. Tengo otra vez el estómago vacío y cafeína en las venas, y de nada me sirve decir la verdad.

A veces no sé si intentar olvidarte, a veces no sé si rogar que me olvides tú.

A veces tengo la tentación de pedirte que no me beses en la boca, que te vayas lejos, que me sueltes la mano.

Pero no puedo.

Bastantes heridas me he hecho ya, como para darme yo mismo el golpe final.

Si me tienen que disparar, mejor que lo hagas tú. Yo me lavo las manos.

Me siento incapaz de hacerme a un lado y darme por vencido,  incapaz de obligarme a verte pasar sin más, incapaz de no volver a acariciarte la piel y crear nuevos caminos.

Y es que en el fondo no quiero.

Ni quiero escapar, ni huir de ti, ni mirar hacia otro lado.

Me planto.

Que, en realidad, yo sólo quiero ser esa marea que se lleve tus problemas. La lluvia que consiga arrastrar todo lo malo hasta el próximo invierno. El golpe de suerte que coloque recto el cuadro de tu habitación. La luz que te sirva de faro cuando las nieblas te envuelvan. El tren que te traiga de vuelta cuando creas que has perdido.

Lo que no soporto en este mundo es tu dolor, el ver tus lágrimas llenando otro vaso, el ver tu pecho ir tornándose gris, el ver tu sonrisa ocultarse con el paso del tiempo, el ver tus manos volviendo a temblar.

El amor nos ha arrollado y estamos tirados en la misma cuneta. Y no sé cómo vamos a sacar los pies de este barro.

Te prometo que no necesito que seas ninguna princesa, ni ninguna damisela en apuros a la que poder salvar. Te prometo que podría cuidarte igual que tú a mí. Te prometo que me sirve con ver cómo te ríes hasta desgastarte la voz, o cómo frunces el ceño cuando te haces la enfadada.

Y sé que probablemente acabe con una mejilla tocando el suelo y los sueños destrozados. Que voy a tener que mirar fotos y marcar fechas en el calendario para sobrevivir después de todo.

Me han dicho que hay que apostarlo todo al rojo. Y sé que ni el croupier está de mi parte, y que volverá a ganar la banca.

Como pasa siempre.

Pero me da igual que me llamen loco por querer robarte el corazón.

Nunca quise.

Nunca quise escribir el final de nuestra historia, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise besarte con los ojos cerrados, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise tocarte sin sentir, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise dejarte escapar, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise tener que esconderme de la gente, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise quedarme solo en medio de la nada, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise dejar que el mundo se echara a perder, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise dejarte dormida en el sofá, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise convertirme en el hombre que no dice nada, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise dejar que los besos cayeran al vacío, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise que dejara de sonar nuestra canción, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise caminar solo por ciudades sin nombre, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise bailar bajo la lluvia sin ti de la mano, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise ser el villano de la historia, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise ser llanto en la noche, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise ser poeta, y sigo sin querer hacerlo.

Nunca quise morir de amor, pero si es por ti,

quizá eso sí.

Eso sí quiero hacerlo.