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Desde el principio.

Hablamos tanto sin hacer nada, se nos llena la boca con te quieros que se quedan flotando en el aire igual que flota el polvo, igual que flotan las ganas cuando yo te miro.

Nos enseñan desde pequeños a hablar bien pero se entretienen poco a decirnos que las palabras se acompañan con actos, que no podemos pensar de una manera y actuar de otra porque eso tiene un nombre que recoge el diccionario.

Nos enseñan ortografía, gramática, sintaxis, adecuación, cohesión y coherencia, y no tenemos ni idea de manejar las emociones, de explicar cómo nos sentimos, de bautizar con sustantivos todo eso que nos pasa por dentro y nos remueve desde la primera costilla hasta el bazo y la vesícula.

Incapaces, ineptos emocionales, androides a los que destruir después de que hayan sido útiles durante un tiempo. Nos late el corazón sin saber muy bien por quién ni durante cuánto tiempo. Cogemos aire sin saber cómo hablarnos con sinceridad. Nos abrazamos sin tener muy claro cómo usar la compasión, ni qué significa eso de la resiliencia, la perseverancia, la tolerancia, la abnegación.

(No sé si es casualidad que de las virtudes se hable en femenino.)

No es suficiente con escribir en un papel o en una pantalla, no es suficiente con gritar palabras que el viento se lleva cada vez más lejos, no basta con besar si por dentro no se te despiertan los demonios y tienes que guardarlos para no morderle el cuello.

No es adecuado, ni conveniente, ni aceptable arrepentirse de sentir, creerse un loco por querer cuando los elementos están en contra y el teléfono suena sin respuesta.

Deberíamos tocarnos más la piel.

Acariciarnos los párpados cuando cerramos los ojos, besarnos detrás de la oreja, rozarnos el dorso de la mano, palparnos a oscuras.

Y hablar menos.

Porque las palabras se malinterpretan, pierden su significado, pero quitarse la ropa lo deja todo claro.

Desde el principio.

Sol y silencio.

Hay sol y silencio.

Y no sé cómo encajarlo.

Siento el hormigueo en la piel, los pensamientos intentando abrirse paso en mi mente a golpe de gritos y el miedo cogiendo fuerza por momentos.

Hay sol y silencio pero aquí dentro siempre llueve, se me empañan los ojos sin que pueda evitarlo. La mayor parte del tiempo soy capaz de controlar las emociones ante la gente, pero eso se acaba cada vez que pongo los pies sobre el sofá y me derrumbo. Nunca hay consuelo, ni tranquilidad, ni paz interior que me permita dormir cuando el reloj marca la medianoche.

Vivimos tan rodeados de mentiras que nos pesan en los hombros, tan acostumbrados a engañar y sonreír, vivimos tan pendientes de lo que dicen, opinan y piensan los demás que nos hemos dejado en la carretera lo que realmente importaba. Vivir según dicen es un acto más de violencia contra uno mismo, pretender seguir el camino marcado, no salirse de las guías, olvidar los propios sueños por el bienestar de otros.

Hemos permitido que nos llamen egoístas por no sucumbir a los deseos y órdenes de aquellos con los que convivimos. Hemos dejado que nos digan que no podemos pisar sobre el cemento fresco para no dejar huellas y ahora estamos encorsetados dentro de esa jaula en la que han intentado convercernos de que se vive bien si tienes nevera, internet, ducha y cama.

He intentado desde hace tiempo quitarme las lianas de piernas y brazos, romper barrotes, bombardear los márgenes, olvidar los tabús y las religiones.

Soy la mayor parte del tiempo como el Roquentin de Sartre, no conozco muy bien el motivo de mi existencia, ni por qué motivo sigo en este mundo sin sentido.

Ya no hay lucha en mi interior, sólo resistencia, porque ya nada importa, ni tiene fruto, ni me sirve en absoluto.

Sólo espero que algún día nos dejen alzar el vuelo sin dispararnos porque queremos irnos lejos.

Sólo espero algún día cerrar los ojos, coger tu mano, morir tranquilo.

Yo insisto pero nunca gano.

Yo insisto pero nunca gano.

Y veo las palomas blancas volando, sin saber si me hablan de paz o de muertes lejanas.

Y hay edificios antiguos que cada día me miran distinto y a mí me parecen cambiados de sitio.

Y a ti te crece el pelo y te mengua la sonrisa.

Y a mí me brotan lágrimas y se me secan las raíces.

Y se sale el café de la taza nueva y hay que volver a limpiar las ventanas por culpa de la lluvia.

Hoy alguien ha empuñado un kalashnikov en Siria y han tenido que rescatar del mar a una madre con su niño.

Hoy alguien construye nuevas emociones, pinta una pared, hace sonar un piano de cola, se besa en un ascensor.

Hoy alguien ha muerto de la manera más tonta, se han roto miles de corazones, nuevas voces han gritado frente a los muros, los aviones se siguen manteniendo en el aire.

Y hay billetes de ida sin vuelta.
Y hay besos crueles.
Y hay quien sólo mira hacia adelante.
Y hay palabras flotando entre nosotros, invisibles cual mentira.
Y hay gente esperando un salvavidas en forma de abrazo largo.
Y hay ríos que se secan y entrepiernas que se mojan.

Aún no lo sabes, pero te he escrito canciones que te gustaría que te cantaran al oído.

Aún no lo sabes, pero te he ido dejado mensajes escondidos.

Queda esperanza entre las nubes y soledad para quien corre muy temprano.

Quedan ciudades para descubrirlas de la mano.

Quedan noches y días, y saliva para cubrirnos la piel.

Ojalá me fueran a salvar tu risa y tus ojos por el resto de mis días.

Pero yo insisto contigo y nunca gano.

Cada uno entiende el amor a su manera.

Creo que cada uno entiende el amor a su manera.

El amor va de cuidar al otro, de preocuparse por el otro, de apoyarle, de distanciarse cuando lo necesita, de no agobiar, de saber leer sus necesidades y sus silencios, de abrazar cuando no te lo pida, de hacer reír, de llevarle un regalo un día cualquiera, de follar un martes por la noche en el sofá y no acabar de ver la película de Antena 3, de un beso tierno antes de dormir.

El amor es todo lo que te nazca hacer por, para y con la otra persona.

Y en el fondo, es más sencillo de lo que pensamos, pero luego ya nos encargamos nosotros de complicarlo todo y volverlo un jodido laberinto de emociones, de idas y venidas, de dardos llenos de veneno de absorción lenta que nos van haciendo daño con el paso del tiempo.

Pero creo que deberíamos quitarnos la idea de amores perfectos de la cabeza, ese de príncipes azules y damiselas en apuros, el de amores platónicos que nunca se convierten en carne y sólo existen en el limbo de nuestra imaginación.

El amor es algo más real, un ente que se construye día a día. Y no estoy de acuerdo con eso de que hay que demostrarlo, porque cuando quieres a alguien se nota en tus actos, y en tus palabras, no hace falta demostrar nada porque lo estás haciendo.

Pero, sobre todo, para mí lo fundamental es que el amor sea fácil.

No quiero amores complicados que me hagan perder la esperanza, ni pasiones intensas que me hagan pedacitos cuando desaparezcan. Lo único que pido, en el fondo, es alguien con quien poder caminar de la mano sin prisa y, por encima de todo, sin miedo. Y no debería ser una tarea tan ardua encontrar a quien nos acompañe en este sendero al que quisieron llamar vida.

Creo, bueno, en realidad el nivel de certeza que tengo respecto a esto es mayor que la simple creencia.

Creo que por eso te quiero, porque me gustas así, con virtudes, con defectos, con tus problemas y todas tus cadenas.

Y eso no hay quien lo pare.

A ver qué cojones hago yo ahora.