Etiqueta: detective

Labios rotos.

Corría el verano de 1925 y una gran embarcación que cubría la ruta Nueva York – Londres había zarpado hacía días desde la ciudad norteamericana con rumbo a las islas británicas. Entre los viajeros se encontraba una joven que no se había deshecho de las lágrimas en ningún momento, que miraba atrás como si no quisiera dejar su hogar, como si al otro lado del gran océano no fuera a encontrar una buena vida.

Y así era.

La hija menor de los Wright, era una chica de sonrisa nostálgica, ojos tristes y contagiosos. Tenía un aura de inocencia y misterio a partes iguales que había hecho caer a sus pies hasta al más pintado; pero ella, todavía era de esa clase de personas que cree en el amor verdadero, en esa persona que llega a tu vida para rescatarte, para hacerte olvidar esa escoria de persona que eres sólo con un beso. Dicen, los que saben de estos asuntos, que ese tipo de amor existe realmente. Ella se había marchado sin despedirse de nadie, sin dar explicaciones, huyendo por salvar a la persona que más le importaba desde hacía tiempo.

Lo había conocido por casualidad. Una noche, como tantas otras, en la que ella caminaba entre las mesas, él la había cogido del brazo y la había hecho sentarse sólo para interrogarla con discreción. Horas más tarde había descubierto su nombre, un nombre que sin saberlo aquel día la acompañaría para el resto de su vida como un lastre. Harvey Williams, un policía novato que se ganaba la vida fuera de la Comisaría y que tenía más enemigos que amigos en la ciudad. Y los dos habían caído en el desastre, en el desastre de un amor que no debía suceder. Fue meses más tarde cuando lo expulsaron del cuerpo y acabó siendo detective por cuenta propia. Algo que bajo el punto de vista de la chica había sido todo un error. Un error que, tenía claro, algún día acabaría con su vida. Quizá con la de los dos.

Daphne miraba el océano abrirse paso ante ellos y se sintió pequeña, demasiada agua en la que poder ahogarse. Al otro lado le esperaba una nueva vida, una vida que según Bobby Moore le haría justicia. Bobby era uno de los gángsters más conocidos de la ciudad y pretendía seguir con sus negocios sucios al otro lado del charco, se llevaba bajo la manga la experiencia de la ley seca y varios prostíbulos entre sus negocios. Desde la primera vez que la vio, aquel mafioso de pacotilla se empecinó en que sería suya, y quizá fueron sus cicatrices y esa voz ruda la que alguna vez la hizo dejarse convencer. Aunque quizá fue el dinero. Probablemente fue el dinero. Seguramente fue el dinero.

— Si quieres salvar a ese imbécil de Williams hazme caso, ven conmigo. Él podrá vivir sin ti. — Bobby le había dicho tantas palabras vacías que ella no lo creía, pero sabía que Harvey estaría a salvo mientras ella permaneciera alejada.

Y eso hizo, huyó para salvarlo a él sin saber que se condenaba ella misma.

Se sacrificó sin saber que Harvey Williams viviría para siempre con un agujero en el pecho por su culpa, porque algunos amores no se olvidan y uno nunca es capaz de recuperarse.

Golpe maestro.

Daphne bebe otro trago de café, puede que sólo quiera ganar tiempo, o pensar bien cómo decir las cosas. Seguramente sea lo último, intenta encajar las palabras como un buen rompecabezas para que todo parezca perfecto, para que Williams tenga que creer lo que ella diga a pies juntillas. Él deja el café con whisky, ahora mismo no le interesa beber, sólo sigue la curva de los labios de la mujer que tiene ante él. A Harvey lo que realmente le importa es conocer el por qué ella ha desaparecido durante tantos años, el por qué ella fingió su propia muerte a sabiendas de que lo destrozaría por completo.

 

Sin Daphne la vida dejó de tener sentido para él durante meses. Harvey Williams se transformó por completo, pasó de ser un joven de sonrisa ladeada a ser alguien oscuro, gris, que vivía trabajando en casos cada vez más arriesgados con tal de sentirse vivo. Todo son cosas que ella no tiene que saber y que él está seguro que no le contará nunca, ni siquiera en un futuro improbable en el que se vean cada día. Sus heridas saben a whisky, a jazz de los barrios bajos y a pólvora malgastada.

 

― Si querías librarte de mí no tenías que haberte esforzado tanto. ―Él hubiera entendido un simple adiós, una despedida normal y corriente, y no una muerte que le cambió la vida.

 

― Harvey, te equivocas, es algo mucho más complejo. ―Ella alza sus ojos y lo taladra durante unos segundos, él siente el hielo apoderarse de su pecho. Nunca está preparado para enfrentarse a Daphne, nunca lo estuvo y duda de poder estarlo en el futuro. ― Era mejor desaparecer. Era mejor que nadie volviera a preocuparse por mí. Y Londres, después de todo no está tan mal para una chica como yo.

 

Ese una chica como yo le chirría al detective en los oídos y le quema en el centro del pecho. No le gusta. Así que, finalmente Londres había sido su destino. La capital británica, la gran ciudad al otro lado del océano Atlántico con la que compartían un idioma que los ingleses les habían dejado prestado. Daphne pervirtió su vida por dinero, aquello que se prometió no hacer acabó siendo su rutina y ahora se había visto obligada a huir de ella, de una realidad que estaba a punto de arruinarla. Su ropa no cuenta su realidad, ni su peinado, ni ese carmín oscuro que realza el color natural de sus labios.

 

―Me fui para salvarte. ―dice ella finalmente, y él suelta el vaso sobre la mesa.

―Ahora sí. Cuéntame la verdad.