Etiqueta: cuidar

Enamorarse o morir.

¿Enamorarse es un acto consciente? ¿Lo elegimos?

¿Nos enamoramos o nos enamoran?

¿Podemos obligarnos a querer a alguien o a dejar de hacerlo?

Casualidad, azar, karma, destino, suerte.

Todavía no entiendo los mecanismos que nos llevan a morir en los brazos de otra persona.

No sé muy bien en qué consiste eso del amor, ni si hay tantas maneras de querer como personas o sólo existe una única forma de hacerlo bien. No sé tampoco si existe realmente el poliamor o es todo cuestión de egoísmo. No tengo ni idea de cómo ni por qué de pronto se nos encoge el corazón y nos revolotea el estómago al pensar en alguien, ni por qué se nos forma una sonrisa estúpida cuando recordamos ciertas cosas, ni por qué todo parece más especial si caminas por las mismas calles y haces las mismas cosas de siempre junto a ella.

Yo sólo sé que un día apareciste, estando ahí mucho antes, y te vi de otra manera.

Yo sólo sé que un día me miraste a los ojos y se me fueron todos los fantasmas.

Yo sólo sé que un día sonreíste y el mundo se deshizo bajo mis pies.

Y entonces lo supe. Lo supe todo con esa certeza profunda que sólo se tiene unas pocas veces en la vida, con la convicción firme de que te quedarías instalada en mi pecho por el resto de mis días.

‪Lo único que puedo decir es que no te conformes jamás.‬ Y que si le quieres luches por lo vuestro, y que se lo demuestres a diario aunque no haya posibilidades, y que no apagues la llama, que no sea tu culpa. Y que no dejes que crezca odio entre vosotros, ni el olvido, ni el dolor, ni la distancia, porque no sirve de nada.

Lo único que tengo claro del amor es que se destruye cuando dejas de cuidar, cuando hay alguien que recibe las atenciones y el otro es esclavo, cuando uno importa y el otro sólo sale a la superficie a coger aire de vez en cuando, cuando se rompe el equilibrio y la balanza se inclina.

Lo único que puedo prometer (y no me gusta prometer nada) es que voy a quererte siempre.

Te quiero como si no hubiera querido antes, como si no fuera a querer después.

Laberintos.

El gris de otro domingo sobrevuela nuestras cabezas como si fuera un buitre carroñero que se alimenta de nuestras penas, de cada una de esas tristezas que tenemos en la médula y no nos abandonan por mucho que alargue el día. Los demonios mordiéndonos el cuello, dejándonos sin sangre que derramar por los demás.

Lo siento.

Voy a pedirte perdón de antemano por lo que pueda pasar, porque no controlo eso de querer a alguien y, a veces, se me va de las manos lo de intentar allanarte el camino, limpiar tus heridas, besarte en la sien.

Se me va de las manos lo de cuidar sin dejar que me cuiden.

Y no sé cómo hacer para no estar siempre alerta, para creer que las cosas buenas también pasan, para pensar que no siempre hay algo malo esperándonos en cada esquina.

No sé qué he de hacer para intentar confiar un poco en ti, pero sobretodo hacerlo más en mí.

He vuelto a ser el protagonista de una historia sin aparecer en los créditos finales, he vuelto a rendirme demasiado pronto y no debería.

Tú ya me has demostrado que luchando puede lograrse cualquier cosa.

Tú ya me has demostrado que sólo hay que coger las maletas y dejar atrás los miedos.

Y yo, que a estas alturas parezco sólo un impostor, aún no he dicho en voz alta que puedes estar tranquila, que voy a estar contigo, que van a dar igual los laberintos en los que quieran perdernos porque nos vamos a encontrar una y otra vez.

Quiero estar siempre, no sólo para cuando todo vaya bien.

Quiero evitar todos los daños, lo trágico.

Quiero que sepas que cuando lo necesites te sobrará con estirar la mano para acariciarme el pelo.

Esto debe ser un pacto, yo te rescato y tú me rescatas, que sea algo de los dos, que el amor deje de ser cosa de uno que rema y otro que va a remolque.

Sólo tienes que sonreír de ahora en adelante, porque nos va a dar igual tropezar con piedras si después podemos mirarnos a los ojos desde el suelo.