Etiqueta: complicaciones

Intelectivo.

Las luces de octubre se acercan y el sol se esconde cada vez con menos ganas. Será que ya le sucede lo mismo que nos está pasando a nosotros, que se nos van cerrando los ojos mientras se nos rompe el corazón. Y es que siento los latidos, los minutos y cómo se nos escapan las fuerzas mezcladas con dióxido de carbono.

Al final ni tú ni yo tendremos lo que queremos en el momento en el que se suelten nuestras manos (por error), y tengamos que atarnos los zapatos para seguir caminando por sendas distintas, con rumbos diferentes.

Es triste ver que te vas apagando conmigo, que te desinflas como un globo que se escapa de las pequeñas manos de un niño de mirada clara. Es triste pensar que todo estaba en mi cabeza desde el principio, que fui yo quien alimentó a los cuervos y se dedicó a inventar otra historia más sin ningún tipo de cimientos.

Los sueños son tan fáciles, y la vida tan difícil.

Y, por si fuera poco, nos gusta deleitarnos con las complicaciones, rizar el rizo, dar la vuelta a todo y después quejarnos por ello; como si fuéramos Alicia sin saber qué nos encontraríamos al entrar en la madriguera.

Somos nosotros mismos los que nos buscamos los problemas, la mayoría de veces con nocturnidad y alevosía, pero es mejor engañarse y creer en las casualidades.

Y echar la culpa a los demás.

Siempre es mejor buscar justificaciones para aquello que no tiene justificación, excusas, palabras vagas, frases que nunca se acaban porque no se les puede poner fin.

Me va a esperar la eternidad y el whisky, y libros haciéndose viejos conmigo en la biblioteca. Va a ser todo nostalgia, melancolía y puro drama.

Y entiendo que no haya nadie dispuesto a aguantar todo eso.

Entiendo que cansa tanta verborrea, pensamiento tangencial y un ánimo ciclotímico.

Puedo entender muchas cosas, pero lo que no entiendo es por qué no estás aquí conmigo.

Stranger Things.

Mira, no.

Hay cosas por las que ya no paso. Supongo que todos tenemos un momento que marca un antes y un después en nuestras vidas. El puto punto de inflexión, el de no retorno, el que separa nuestras vidas en dos mundo paralelos, iguales pero distintos.

Ya no soporto los chantajes emocionales, los juegos psicológicos, las complicaciones, las mentiras, las manías, las personas irreductibles a la razón.

Llámame loco, pero ya sólo busco a gente que en lugar de ponerme piedras en el camino me coja de la mano y me lleve por otro lugar más seguro, pacífico y transitable.

Ya sólo me interesan las personas que en lugar de una excusa se inventen un domingo para tomar café conmigo, que me manden una foto cuando están a miles de kilómetros porque se acuerdan de mí, que prefieren llamarme y hablar dos minutos por teléfono a señalarme con el dedo porque no lo hago yo. Aquellos que hacen fácil la victoria porque no creen en la derrota, que dejan que las olas de un mar embravecido los acerquen a la costa, que construyen un par de alas con sábanas viejas y cañas rotas.

He dejado atrás los lastres, los sacos llenos de piedras y miedos, la penumbra y las maldiciones. He tirado por la borda el peso muerto, los abrazos falsos, los besos de Judas, las caricias que sólo producen desgaste.

Será todo culpa de que me voy haciendo viejo y me gustan las cosas simples, los pequeños detalles, y los nuevos sabores. Será que ya prefiero una cabaña de madera a un inabarcable rascacielos.

Me ha costado entender que lo complejo no es mejor, que lo complicado no tiene nada bueno, que cuando alguien tiene verdadero interés te allana el camino y te espera en la puerta de casa.

Ya no quiero excusas, ni cosas extrañas, ni tempestades desatadas, ni besos que te hacen naufragar y lo dejan todo en ruinas.

Toma, ahí tienes el timón de tu vida, yo ya he empezado a controlar mi rumbo.