Etiqueta: cinismo

Dos bandos.

Al final el mundo acaba dividiéndose en dos. Resulta, la mayor parte de las veces, extremadamente complicado quedarse neutral, impasible, ser el gris entre un magma alterado de negro y blanco.

Equilibrar la balanza parece cosa de magia o ciencia-ficción.

Sobre la tierra la división es entre personas de gatos y otras de perros.

Personas a las que les gusta beber café y otras que prefieren el té.

Los que beben o vino o cerveza.

A favor del Imperio o de la República.

También hay zurdos y diestros.

Policías y ladrones.

Músicos y oyentes.

Ciegos y aquellos que pueden ver.

Los que sienten y los insensibles.

Los que tienen nombre y los sin nombre.

Los que aman y los que hacen como que aman.

Ganadores y perdedores.

Nos gusta simplificar, explicar las situaciones a grandes rasgos, generalizar.

Y también banalizar prácticamente todo.

O estás conmigo o contra mí.

Damos poca opción a elegir, y en realidad lo entiendo, facilita las cosas, es más sencillo saber si alguien es compatible contigo sólo conociendo si está de tu lado o está en el lado contrario.

Tan fácil como eso.

Hoy es de esos días en los que el cinismo me sale por los dedos y sonrío para mí mismo viendo la mierda en la que se ha convertido todo mientras me retuerzo de dolor, sin saber canalizarlo demasiado bien.

Yo sólo sé que un día nos miramos a los ojos y ahora ya no creo en nada, que tumbé muros por tocarte y ahora estoy solo en medio de la inmensidad de una ciudad que no arropa como arropan tus brazos.

No me hacen falta armas para morir, tengo la más mortífera de todas entre los huesos del cráneo.

Y es que es cierto que al final todo se reduce, todo es mínimo.

Era más sencillo de lo que parece, era cuestión de decidir.

Yo aposté sin que me temblara el pulso de la mano que llevo siempre en el bolsillo, y tú mirabas desde lejos, asomando sólo de vez en cuando la cabeza para ver cómo iba la partida.

No quisiste hablar en voz alta más de lo necesario, ni mantenerme la mirada, ni tocarme cuando había luz.

Pregúntate ahora tú en qué bando estás, ¿entre los valientes o entre los que luchan y hablan sólo en su imaginación?

Yo lo tengo claro.

Cumpleaños.

Detesto los cumpleaños.

Bueno, en realidad, sólo detesto el mío.

Me hace pensar que te conviertes en importante por un día, que la gente cae en la cuenta de que debe hacer un esfuerzo por felicitarte y pensar en ti, como si el resto de los días dejáramos de importar. Ayer te daba igual pero «eh, hoy es tu cumpleaños. Te deseo toda la felicidad del mundo.» y es mentira, ¿sabes? Claro que lo es.

Porque al final somos tan egoístas que la felicidad de los demás nos da bastante igual, porque mientras yo esté bajo las mantas me importa una mierda que mueran de frío en la calle.

Y es que no tengo interés en que pierdas dos segundos de tu tiempo si el resto de tu vida apenas sabes quién soy, si te da igual que necesite un abrazo o enterrarme entre un mar de lágrimas, si te es indiferente que tenga el corazón encogido desde hace tiempo y deba fingir cada sonrisa.

La gente que te felicita el cumpleaños es gente que no sabe que te gusta dormir sin calcetines, que buscas música nueva cada semana, que llevas siempre un cuaderno para escribir en los viajes, que prefieres a Tchaikovsky, Bruckner y Mahler antes que al electrolatino, que los gintonics deben ser de ginebra dulce y que estás cansado de finales sin principios a la vista.

Que la mayoría no tiene ni idea de que siempre estás construyendo castillos en el aire, y que sueñas con las olas llegando a la orilla, que lees menos de lo que te gustaría pero más de lo que debes, que te da pereza fregar los platos en invierno, y que duermes en el sofá porque te hace sentir menos solo.

Nadie sabe que la acaricias con cuidado para que no acabe de romperse, que has quemado las viejas cartas de amor porque ya no tienen sentido, que llevas besos de sal grabados en la memoria, que buscas la salida del abismo en plena oscuridad.

No hay certeza, ni golpes secos, ni vasos rotos sólo quedan ojalás para los dos.

Quizá todo esto tan solo es un reflejo, es culpa del cinismo que me corre de vez en cuando por las venas y que me hace escupir como lo hacía Bukowski, que me hace parecer lleno de rabia y decepción por la vida.

Detesto los cumpleaños, y pensar que el paso del tiempo me está matando pero no me ayuda en nada.

Feliz cumpleaños.