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Cenizas y miserias.

Nos han puesto otra trampa y no la he podido esquivar a tiempo, y estoy de nuevo de bruces contra el suelo. He perdido la cuenta de las despedidas y los reencuentros, de las tragedias, de los refugiados y de los fantasmas que conviven con nosotros.

Yo creo que sabes más de lo que dices, que tienes más poder del que crees, y que hay respuestas que aún no has dado a conocer. No tendrías por qué haber usado el miedo conmigo o contra mí. No era necesario. Soy capaz de asustarme sin necesidad de dar un paso para adentrarme en el bosque.

Y ahora que todo quiere oler a los ochenta, ahora que todo el mundo quiere tener carteles luminosos y perseguir Nexus-6 por las calles. Yo busco la paciencia en páginas de libros que aún no estoy preparado para entender. Y otros más sabios me hablan desde hace siglos y saben lo que pienso mucho mejor que yo.

Supongo que todo sigue siendo una ilusión y que no hay verdad en todo esto.

Supongo que tarde o temprano voy a despertar desconcertado por este sueño tan largo y extraño.

Igual estaba vivo y no he sido capaz de darme cuenta a tiempo.

Solo quiero que llueva tan fuerte y constante como en Blade Runner. Y que alguien se apiade de mí al final y me rescate de caer desde la cornisa de un edificio.

Has hecho que me pierda y me has dejado sin hilo de oro delante del minotauro. Y ahora no sé volver a casa.

Quizá todo esto no es más que otra expresión agónica, otras cuatrocientas palabras sin sentido que he dejado caer sobre una página en blanco. Quizá todo esto no sea más que otro final que no importa y va a servirnos de catarsis.

Volveremos a ser el ave fénix que resurge de sus propias cenizas y miserias, y emprende un nuevo vuelo hacia ninguna parte. Con total libertad, sin cadenas.

Lo peor de todo es que yo no te buscaba, que todavía estaba quitando las malas hierbas que me habían crecido por dentro, que estaba en plena crisis existencial y más desprotegido que nunca.

Ahora nos encargamos de respirar hondo y mordernos la lengua cada vez que hablamos.

Y aún así parecemos eternos.

Creo que lo que nos conviene es seguir abrazándonos hasta que todo acabe, por si acaso.

Creo que nos conviene bailar mientras los demás duermen.

Robin Hood.

Las luces apagadas de su casa me hacen saber que ya no está. No tengo ni idea de dónde ha ido y me tiembla la mano si pienso en coger el teléfono y marcar un número que me sé de memoria aunque lo borrara de la agenda. Hace mucho que no compartimos vicios, ni un poco de vida. Y los recuerdos en color sepia no nos sirven. Y nada importa. Y ahora está todo tan muerto como esas plantas que dejamos secar al sol al irnos de vacaciones.

Siempre me debatí entre ser dueño de tu corazón o de tus ojos, y cuando sopla la brisa desde el mar aún te recuerdo desnuda en mis brazos.

Ya no sé dónde voy a ir, ni cuál es mi objetivo.

Esta montaña rusa diaria me ha desorientado por completo y estoy todavía demasiado lejos del olvido. 

¿Recuerdas que teníamos un plan?

¿Recuerdas que sabíamos lo que queríamos?

¿Recuerdas cuando me decías que me creía un Robin Hood moderno?

¿Recuerdas que siempre he intentado lo imposible?

Ahora hay pocas cosas ya que me dejen sin aliento, y ni siquiera tengo tanta hambre como para querer comerme el mundo como antes. Jugamos como adolescentes a ser príncipes y princesas, y nos dejamos llevar por el viento sin tener ni idea de que podíamos rompernos como dos vasos de agua al borde de una mesa.

He perdido la esperanza y no creo ni en mí mismo, ni en los demás.

La batalla está aquí dentro desde que tengo el corazón ardiendo y apunto de destrozarlo todo. Y no sé si la resistencia va a ser capaz de entrar en mi cabeza como hizo la Nueve en París aquel 24 de Agosto del 44. No sé si yo soy capaz de volar tan alto como lo hicieron antaño nuestros sueños.

Dudo que en estos momentos pueda seguir poniendo a los demás por delante de mí, y lo que más me importe sea devolver su dinero a los pobres. Dudo que siga siendo tan valiente como para pelear contra Goliat.

Sólo quiero dormir, como esos viejos de ojos cansados e historias largas.

Estoy cansado de caminar cada noche sobre los tejados poniendo a prueba mis siete vidas.

Cerrar los ojos.

Respirar.

Volver a nacer en algún momento.

Y hacerlo todo mejor.