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La búsqueda y la esperanza.

Buscar.

Nos pasamos toda la vida buscando sin llegar a encontrar lo que realmente queremos.

Buscar.

El sol del litoral nos indica el camino algunos días otros, sin embargo, nos dejamos guiar por las nubes grises que nos llenan la cabeza.

Yo comencé a caminar sin nada entra las manos y he ido poco a poco llenando la maleta, de recuerdos, fotografías, conversaciones, libros, canciones y personas que vienen siempre conmigo. También hay un hueco siempre en la maleta, acompañando a los calcetines y la ropa interior, para las mentiras, lo malo, los miedos, el odio, la rabia.

Y sigo buscando.

Supongo que la búsqueda es algo innato, algo intrínseco al ser humano, algo que va tan ligado a nuestra genética que no nos podemos desprender de ello por mucho que lo intentemos. Somos envoltorios llenos de intenciones y curiosidad. Somos niños tratando de aprender el por qué de todo lo que nos rodea.

Trato de indagar siempre en los rostros, en los ojos, en las manos, intentando averiguar si tras el negro de la pupila hay un alma que anhela lo mismo que anhelo yo.

Buscaba después de tantas turbulencias encontrar algo de calma en ti, al abrigo de tus brazos y tus piernas, y aún te busco porque echo de menos el día a día. El sólo mirarte, darte un beso suave que no lleva a ninguna parte, abrazarte sin miedo a que nos rompamos, escucharte activamente, tratar de evitar tu dolor de forma inconsciente y conscientemente elegirte siempre.

Lo bueno de ese intento nuestro de conseguir cosas es que nunca nos detenemos, ni cuando parece que estamos completamente parados. Hay un pequeño mecanismo en nuestro interior, que parece funcionar como lo hacen los engranajes de un reloj, y nunca para de moverse, mantiene la llama lo suficientemente viva para que no perdamos la esperanza.

Porque es cierto, en muchas ocasiones la esperanza es lo único que nos queda. Quizá eso es lo que realmente nos hace más fuertes, a pesar de las dudas que todo quieren destruirlo.

Terrorismo emocional.

Nos pasamos la vida buscando.

Buscamos emociones, el amor, una muerte digna, un sueldo a fin de mes, adrenalina en la cama y tranquilidad cuando nos sentamos a comer.

Buscamos el oro de Moscú, la Atlántida, los secretos de Da Vinci, el significado de las runas, la verdad del imperio de Qin Shi Huang y los siete círculos del purgatorio.

Nos han dicho desde que tenemos conciencia que tenemos que encontrar algo que valga la pena, sentirnos felices, ganar siempre y disfrutar del verano. Nos han marcado el camino, nos han dicho que debemos seguir las pisadas y no salir del círculo. Nos han contado tantas mentiras que sólo podemos alzar la voz y tirar la basura.

Nos han dicho que hay dulces venenos y que se puede aguantar el sufrimiento. Nos han dicho que tengamos paciencia, que los hombres no lloran, que el sol sale cada día indiferente.

Hay días en los que el tiempo se para. Queremos quedarnos a vivir eternamente en algunos instantes, cuando todo parece ir bien.

Nos estamos desgastando y no de la forma en que nos gustaría.

Es que ya no tengo ganas de resignarme y quedarme encadenado a la pared.

Le he cogido miedo a no volverte a ver, pero voy a coserme los labios y tirar la aguja e hilo a las alcantarillas viejas de esta puta ciudad.

Dejaré mejor que hable la rabia en las canciones, y en las palabras de otros que saben expresarse mejor que yo. Dejaré mejor los pensamientos en el aire, sin darles forma, que parezca que no son reales.

Sólo soy un titiritero haciendo apología del terrorismo emocional en una obra de teatro callejera.

Soy verdugo, juez y víctima.

Ojalá después de todo se me quede el corazón intacto, más helado, más frío si cabe. Y pueda tomarme el whisky con mi propio hielo.

Pido poco, quedarme como estaba. Sin marcar iniciales en ningún árbol, ni mirar las estrellas en un coche a las afueras.

No sé si puedo ir a peor, la suerte me ha vuelto a decir adiós.