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Declaración de intenciones.

Has vuelto a soltar mi mano sin que me de cuenta.

Has vuelto a irte de puntillas en la penumbra para no despertarme y retenerte cinco minutos más en la cama.

Has vuelto a abrazarme con prisa.

Has vuelto a bajar la mirada cuando quiero hablar sobre algo serio contigo.

Has vuelto a sentir pena por un pobre enamorado como yo.

Has vuelto a construir la muralla, a ponerte la coraza, a fingir que aquí no pasa nada.

Has vuelto a arañarme por dentro y ya me duelen las costillas.

Has vuelto a dejar café recién hecho en la mesa de la cocina.

Has vuelto a quedarte dormida sobre mis piernas después de la cena.

Has vuelto a llegar tarde al trabajo por mi culpa.

Has vuelto a besarme después de una copa de vino.

Has vuelto a intentar hacer lo correcto.

Has vuelto a no jugar con fuego pero te has acabado quemando.

Y ahora somos cenizas que flotan en medio de la nada, esperando que una ráfaga de viento las lleve hacia otro lado, a donde haya tierra nueva y podamos asentarnos, y ser alimento para los nuevos tallos que florecerán más tarde.

Somos el germen, el inicio de algo mejor, pero tú.

Tú aún no quieres darte cuenta.

Nadie dijo que la vida fuera fácil, ni que las cuestiones del corazón sean lógicas, ni tampoco que no haya decisiones que nos van comiendo por dentro, del mismo modo que hacen las termitas con la madera o las ratas con los cables del teléfono.

Y al final, nos quedamos llenos de huecos que solamente la persona que los hizo tiene el poder de sanar.

El miedo ha hecho ya que dejes de escuchar tus latidos.

Y en estos asuntos, ya se sabe, al último al que hay que hacerle caso es al necio de nuestro cerebro, que prefiere quedarse tranquilo en un sillón con la serotonina por las nubes antes de dar el salto final que nos lleve a la meta que queremos conseguir.

Has vuelto a tener dudas.

Y con tus dudas no puedo.

[Mientras la lluvia inunda la calle todavía me queda un poco de esperanza.

Tengo un te quiero en forma de bala en la recámara.

Es mi última oportunidad contigo.

No pienso fallar.]

Sólo respiro polvo.

Me he convertido en una roca que se deshace por dentro y no sé cómo revertir la situación. He conseguido volverme duro por fuera para mantener el desgaste escondido, donde no pueda notarse. Y ahora parece que todo me da igual, pero es la mayor de las mentiras.

Ahora parece que soy superficial y que nada me importa.

Ahora parece que soy feliz.

He empezado a fingir bien.

Me dejaste desvalido, sin posibilidad de defenderme, sin fuerzas para poder caminar en dirección correcta, y ahora me pregunto a dónde cojones voy. No sé hacia dónde me dirijo, ni si hay alguien siguiendo mis pasos. Tampoco me queda claro si realmente hay alguien que se preocupe por mí más allá de dos o tres ratos al día.

Vuelvo a sentirme solo, completamente solo, y espero que sólo sea culpa del otoño. Espero que sea otra invención más de mi cabeza. No sé si es por los días cortos, por tener que usar otra vez las mantas, o es que abusar del café comienza a jugarme malas pasadas.

Ya sólo veo obviedades en las palabras de los demás, y no confío en nadie. Llevo los puños llenos de rasguños de golpear las paredes de pura rabia, y sólo puedo temblar cuando se apagan las luces y tengo que respirar solo en la oscuridad. Estoy hecho añicos y no voy a volver a ser el mismo.

No sé cómo se recupera uno de tener el corazón roto, si basta con tiritas, o con agua oxigenada. Si la mejor opción consiste en beber vodka sin hielo, dormir y esperar hasta que duela menos. Si tengo que coger la gasolina, fumarme un último cigarro e incendiarlo todo de una jodida vez. Si he de saltar por la ventana sin dejarte una nota de despedida.

Supongo que otra vez es culpa mía, que tiendo la mano demasiado rápido, que no sé jugar a esto como los demás, que me expongo sin apenas darme cuenta, que siento sin pensar, que pienso sólo en ti.

Y es que siempre me ha perdido una mirada bonita, el placer por la lectura y el romanticismo de hace siglos.

Siempre me ha perdido una bala envuelta en pintalabios rojo que vaya directa a reventarme los cimientos.

Tengo los pulmones destrozados de coger aire buscándote.

Y ahora sólo respiro polvo.