Etiqueta: astros

Marineros y sirenas.

No quedan ni marineros de confianza ni sirenas que busquen derrotas en los bares.

No queda ni rastro de la magia ni de las brujas en el aire.

No quedan sueños de los que se pueden cumplir.

Ahora sólo somos carne de ansiedad y nos bebemos cualquier cosa con sal y limón.

Vamos buscando caminos que se cruzan sin saber dónde detenernos a tomar aire, sin saber distinguir cuál es nuestro sitio. Seguimos igual de perdidos que al principio de la historia.

Exploramos el mar y las olas, y esperamos los vientos fríos que nos llenen las alas, el corazón y las manos de esperanzas, que nos borren las telarañas que nos han mantenido inmóviles en cualquier esquina.

Siempre acabo viéndote dibujada en el horizonte, como una silueta inalcanzable que me espera sin dejar de avanzar, como la Isla del Tesoro. Y ahora me pasa como en esas pesadillas en las que te despiertas de las peores maneras cuando te das cuenta de que estás equivocado y la razón no está de tu parte, ni el destino. El azar y los astros vuelven a señalarme con el dedo mientras ríen entre dientes y su aullido se me clava en las entrañas.

Tanta calma, tanto cielo azul esperando el terremoto y la tormenta.

Tanto pecado esperando redención, tanto error sin corregir, tanto abismo abierto bajo nuestros pies.

Tanta gente esperando un mesías que está jugando al póker en su desierto de cristal.

Estamos siendo consumidos por la vorágine, por la destrucción, por el tiempo haciendo que nuestros huesos se conviertan en polvo.

Sólo quiero mar y silencio.

Y tus besos.

Y que alguna vez me digas la verdad.

 

Se alinean los astros.

A veces se alinean los astros y se producen casualidades, pequeños golpes de suerte que estallan alrededor del mundo sin que seamos conscientes de ello, como cuando sin querer tropezamos y empecé a sonreír cuando nadie podía verlo, y empecé a hinchar el pecho y a caminar más seguro de mí mismo.

Existen momentos en los que todo el inmenso telar que es el universo se reduce a nosotros, y cuadran en un instante todos los complejos engranajes de nuestro reloj interior, y te recuerdo que eso ha pasado cuando estamos enredados en las sábanas y también fuera de ellas, con una simple mirada cómplice, con un leve roce de nuestra piel, con risas y sonrisas sin forzar.

La esperanza suele ser una virtud duradera, difícil de esquilmar, que a veces se confunde con la constancia. La esperanza es como esas plantas que no necesitan mucha agua, el cactus de los estados de ánimo. Algunas veces es punzante e incluso puede hacer daño, pero resiste y aguanta pese a todo. También es algo que nos acaba volviendo frágiles, indefensos, porque nos aferramos a ella cuando el bote se hunde en medio del océano. Como si pudiera salvarnos de algo.

Y yo sigo mirando el calendario con ojos de niño, esperando que algo cambie, que aparezcas entre la lluvia con una maleta y toques a mi puerta. Me sigue latiendo el corazón con más fuerza cuando me cruzo contigo, me duele más de lo habitual cuando te pierdo en todas esas pesadillas nocturnas que me despiertan y no me dejan, desde hace ya tiempo, dormir tranquilo.

A pesar de todo lo que diga o haga para ti sigo siendo el débil, el eslabón perdido de la cadena que es mejor dejar en el camino en lugar de volver a recogerlo. Entiendo que soy incómodo, que hablo mucho y pienso más, que intento entenderlo todo aunque me cueste, y racionalizarlo y volverlo tangible. Entiendo que debe ser agotador observarlo desde el otro lado, incluso aburrido.

Me disculpo contigo por quererte de la única forma que he podido hacerlo, sin barreras, sin prejuicios, sin miedo a caer en el abismo.

A veces se alinean los astros, las estrellas brillan un poco más fuerte, y te quedas conmigo para no volverte a ir.

[Tranquila, yo te espero.]