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Yo insisto pero nunca gano.

Yo insisto pero nunca gano.

Y veo las palomas blancas volando, sin saber si me hablan de paz o de muertes lejanas.

Y hay edificios antiguos que cada día me miran distinto y a mí me parecen cambiados de sitio.

Y a ti te crece el pelo y te mengua la sonrisa.

Y a mí me brotan lágrimas y se me secan las raíces.

Y se sale el café de la taza nueva y hay que volver a limpiar las ventanas por culpa de la lluvia.

Hoy alguien ha empuñado un kalashnikov en Siria y han tenido que rescatar del mar a una madre con su niño.

Hoy alguien construye nuevas emociones, pinta una pared, hace sonar un piano de cola, se besa en un ascensor.

Hoy alguien ha muerto de la manera más tonta, se han roto miles de corazones, nuevas voces han gritado frente a los muros, los aviones se siguen manteniendo en el aire.

Y hay billetes de ida sin vuelta.
Y hay besos crueles.
Y hay quien sólo mira hacia adelante.
Y hay palabras flotando entre nosotros, invisibles cual mentira.
Y hay gente esperando un salvavidas en forma de abrazo largo.
Y hay ríos que se secan y entrepiernas que se mojan.

Aún no lo sabes, pero te he escrito canciones que te gustaría que te cantaran al oído.

Aún no lo sabes, pero te he ido dejado mensajes escondidos.

Queda esperanza entre las nubes y soledad para quien corre muy temprano.

Quedan ciudades para descubrirlas de la mano.

Quedan noches y días, y saliva para cubrirnos la piel.

Ojalá me fueran a salvar tu risa y tus ojos por el resto de mis días.

Pero yo insisto contigo y nunca gano.

Declaración de intenciones.

Has vuelto a soltar mi mano sin que me de cuenta.

Has vuelto a irte de puntillas en la penumbra para no despertarme y retenerte cinco minutos más en la cama.

Has vuelto a abrazarme con prisa.

Has vuelto a bajar la mirada cuando quiero hablar sobre algo serio contigo.

Has vuelto a sentir pena por un pobre enamorado como yo.

Has vuelto a construir la muralla, a ponerte la coraza, a fingir que aquí no pasa nada.

Has vuelto a arañarme por dentro y ya me duelen las costillas.

Has vuelto a dejar café recién hecho en la mesa de la cocina.

Has vuelto a quedarte dormida sobre mis piernas después de la cena.

Has vuelto a llegar tarde al trabajo por mi culpa.

Has vuelto a besarme después de una copa de vino.

Has vuelto a intentar hacer lo correcto.

Has vuelto a no jugar con fuego pero te has acabado quemando.

Y ahora somos cenizas que flotan en medio de la nada, esperando que una ráfaga de viento las lleve hacia otro lado, a donde haya tierra nueva y podamos asentarnos, y ser alimento para los nuevos tallos que florecerán más tarde.

Somos el germen, el inicio de algo mejor, pero tú.

Tú aún no quieres darte cuenta.

Nadie dijo que la vida fuera fácil, ni que las cuestiones del corazón sean lógicas, ni tampoco que no haya decisiones que nos van comiendo por dentro, del mismo modo que hacen las termitas con la madera o las ratas con los cables del teléfono.

Y al final, nos quedamos llenos de huecos que solamente la persona que los hizo tiene el poder de sanar.

El miedo ha hecho ya que dejes de escuchar tus latidos.

Y en estos asuntos, ya se sabe, al último al que hay que hacerle caso es al necio de nuestro cerebro, que prefiere quedarse tranquilo en un sillón con la serotonina por las nubes antes de dar el salto final que nos lleve a la meta que queremos conseguir.

Has vuelto a tener dudas.

Y con tus dudas no puedo.

[Mientras la lluvia inunda la calle todavía me queda un poco de esperanza.

Tengo un te quiero en forma de bala en la recámara.

Es mi última oportunidad contigo.

No pienso fallar.]