Enterrado.

Enterrado, literalmente, en un hilo de pensamientos sin fin , en un bucle que no lleva a ninguna parte. O al menos a ninguna parte que valga la pena. Sobre el escritorio me veo obligado a vaciar los pensamientos para no acabar sucumbiendo a la locura. Ser un lunático que aúlla a la luna siempre es algo que me ha llamado la atención. Dejarme llevar por los hilos de plata de una luna llena hasta acabar con las ideas revueltas y tener náuseas, esa sensación de que el mundo gira a tu alrededor y tú te has quedado parado. Anclado, varado, con los pies clavados en un suelo de arenas movedizas que me tragan a la más mínima oportunidad.

Voy a coger aire, antes de morir enterrado.