El orden mundial.

Todavía hay fotos que no soy capaz de borrar.

Todavía tengo puros guardados sin fumar que estaban reservados para ti.

Todavía tengo botellas de vino, que aguardaban algún momento especial que no va a llegar, y que soy incapaz de empezar.

Todavía tengo libros a los que no he podido arrancárles la dedicatoria.

Sólo pensar en ello me produce un nudo en la garganta y un dolor urente en el tórax, que me hace saber que aún no es el momento. Esa sensación de malestar que me recorre el cuerpo con el recuerdo, esos sentimientos encontrados que me obligan a cerrar los ojos por un instante y a escuchar los ruidos de la casa para no desmoronarme.

Está siendo un tiempo difícil, de horas demasiado largas y días raros. De ver el sol tras las ventanas con cierta nostalgia, de salir a la calle sin saludar ni sonreír, de estirar las piernas y tratar de hacer ejercicio, cocinar, desgastar libros y aplicaciones de los teléfonos móviles.

Está siendo un tiempo extraño para descubrir quién sí y quién no.

Un tiempo incierto en el que el futuro que pensábamos claro se desdibuja como una acuarela a la que le echan un cubo de agua por encima, y en la que se diluyen los colores y mezclan entre sí sin poder distinguir formas ni significados.

Los planes han desaparecido y los caminos de los mapas se han quedado a medias, con un gran muro invisible que nos impide avanzar. La normalidad pasada parece muy lejana, casi inidentificable, y el futuro se muestra tan inestable como caminar sobre un puente de tablas húmedas.

En medio de todo el caos me siento viviendo dentro de una burbuja de calma escéptica, sin saber muy bien ya ni quién soy ni quién quiero ser, ni quién he podido ser hasta el momento. Pensando si sólo he estado perdiendo el tiempo durante años, si me he equivocado de rumbo por completo.

Mis sensaciones se reducen ahora mismo a dos: decepción e incertidumbre.

A veces no respiro bien y no sé si es culpa del virus o de la ansiedad incipiente que se abraza a mis costillas, pero si he logrado sobrevivir a un desamor como el tuyo creo que estoy preparado para cualquier pandemia que amenace el orden mundial.

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