Tragaluz (Parte 21)

“Una mentira puede correr alrededor del mundo seis veces,
Mientras que la verdad está todavía tratando de ponerse los pantalones.”
“Nunca le digas la verdad a quién no la merece.”
Mark Twain.
 
He vuelto a entrar, como si no supiera ya de sobra que no me sigues. Me habría gustado equivocarme, como tantas otras veces en mi vida, pero puto Twitter, traicionero y nada efímero, porque te recuerda que un día fuiste idiota, por una vez en tu vida, fuiste egoísta y sólo pensaste en ti, y eso querida, eso no se perdona. El pasado vuelve una y otra vez, inevitable desde este maldito encierro, repentino y no buscado.
Da igual, te guste o no yo también vivo aquí, en el primer piso, puerta 17, aunque doy al patio interior del #Tragaluz de refilón por mi dormitorio, también dispongo de dos balcones a la calle.
Me parece mentira volver a escuchar los pájaros, desde hacía 34 años no había vuelto a escucharlos en estos árboles recién plantados hace tan sólo unos pocos años, castaños de indias, desagradables en primavera como un grano en el culo, y no lo digo sólo por aquellos que padecen de rinitis u otras mil formas de alergias, que también, sino porque suelen desprender esas marañas de paja. Ya, ya sé que los entendidos me vais a decir que no es paja, pero semejante si es, ¿o no?, ruedan por el suelo como si estuviéramos viviendo en el mismísimo desierto de Arizona, ¿he dicho Arizona?  Seguro que no es ese, pero es que hace siglos que he abandonado en un cajón todo lo que se refiere a Estados Unidos desde que tienen esos presidentes tan estrafalarios, pero el peor el último, que además de estar como una puta cabra, es un inconsciente de narices.  Y narices sí que tiene el tío, ¡me cago en toda su casta! Pero esa historia es harina de otro costal, en este instante al menos.
Seguimos… Ya sé que todos los vecinos mantienen la calma, que aparentan que nada pasa, y por primera vez en nuestras vidas es cierto, no pasa nada. Porque nada avanza, nos hemos quedado parados en el día 13 de marzo, y a partir de ahí, como educados que somos, nadie se mueve de su casa. Si hasta yo me he puesto a escribir de nuevo, ¿será este el apocalipsis del que hablaba la vecina, Mari, del quinto piso, puerta 17? … Ella es una jovencita muy mona que va siempre muy arregladita, como recién salida de la sala de maquillaje. Aun así Poncio es el único que realmente la entiende. No como a la del Cuarto piso, puerta 14, una tal Patricia a la que desde el día en que Paquita decidió pasar a otra vida, no la confortan ni Meitner y Curie, sus dos preciosas gatas. Entre los niños del bloque, están mis ruidosos vecinos del tercer piso, dos gemelos insoportables, que no soy la única que opina lo mismo que conste, también lo dice Yaiza del segundo piso puerta 8, que siempre cuenta lo del tal Luka que conoció en Dublín, y que nunca me he creído. Por no hablar de la loca del Ático, que se ha puesto más botox que la mismísima Cher, y a quién lo único que le preocupa es que se le noten las canas estos días que no podrá teñirse. Dicen las malas lenguas que cualquier día nos da un disgusto, pero yo creo que además de sus vestidos de lunares y sus tacones de vértigo, alguna vez fue una magnífica escritora, la pobre muñeca rota, ya ni siquiera es capaz de escribir algo que no sea sobre su propio culo.
En el peculiar edificio en el que vivimos hay fauna para dar y tomar, eso sí, todos muy solidarios a las ocho en punto salen a aplaudir como el resto del planeta a todos los sanitarios que se están jugando el tipo y parecen no importarle a nadie más que a los que aplaudimos. Entre los bichos Rara Avis del primer piso, está Olvido, en la puerta 1, una treintañera dice ella, aunque parece más cuarentona que otra cosa, imagínate si es yonki que ni siquiera le ha puesto nombre a su gato para no tener que llamarle, me comentaron un día, que se prostituía por ahí en un polígono de las afueras, y come gracias a lo que le fía la pobre difunta, así que a partir de ahora ya veremos cómo sobrevive.
Otro rarito del club del primero es Ezequiel, que fuma tanto que huele todo el puto rellano, se pasa la vida llamando colegueando con Emilio, el del tercero 9, un viejales al que abandonó su mujer hace la friolera de 10 años, a quién no vienen a ver ni sus hijos, eso sí también es amigo de Paquita. Su perro es casi tan raro como él, Profesor Mora le llama, ¡será cursi el tío! Hablan de él, que bebe como un cosaco ruso y que a pesar de ir todo el día cámara en mano, no es nada buen fotógrafo, aunque para fotografiar el cadáver si ha estado rápido el tío… Y ni os cuento lo de la vieja lesbiana del primero, 3. Esa si que es rara la viudita refunfuñona, que protesta por todo pero luego sacude las migas de su mantel sobre mi ropa recién lavada.
Hablando de yonquis, no me puedo olvidar de otra vecina del primero, 4, Raquelita que roba luz a la Comunidad aunque aquí todo el mundo debe ser rico, porque nadie dice nada, y me consta que casi todos lo saben. Que para más inri hasta tuvieron que venir a quitarle a sus hijas porque no las atendía adecuadamente, pobres Jesi y Lidia, siempre llenas de mugre y con los mocos colgando, siempre sospeché que la que llamó a la policía para que se las llevaran había sido Paquita.
A toda esta lista de sospechosos, dice mi jefe que tengo que añadir a los jóvenes del edificio. Aunque no os lo había dicho, soy sargento de policía y este puto crimen me ha pillado con las bragas bajadas, y lo digo literalmente, porque estaba en el cuarto de baño cuando acaecieron los hechos. El inspector Garrido, dice que como vivo en el edificio nadie mejor que yo para hacerle una ficha de los posibles asesinos, porque él piensa que esto de suicidio no tiene ninguna pinta. Que uno no puede estar repartiendo tuppers de croquetas cinco minutos antes de suicidarse, que eso no es una suicida ni de coña, así es que a currar.
Incluyendo en la ficha a los que me quedan, con lo que esto me aburre… Seguimos… En el cuarto, 13, está Rómulo, un romántico empedernido enamorado de Patricia, la vecinita de piso, como un idiota. Fuma los puros más caros del mundo y nadie sabe de dónde saca, para tanto como destaca. La Señorita Alma del quinto, 19, veterinaria sin mascotas, enamorada como una gilipollas del americano, Jack del cuarto, 16, que vino de Virginia y parece tener aficiones en la Deepweb, obsesionado con usar un bate de baseball, yo qué sé para qué, espero que no lo haga o tendré que detenerle. Y otro raro de narices es el tal Augusto Francisco del quinto, 20, cuya casa fue heredada de su abuela, y que está totalmente desquiciado porque parece que fue testigo del suicidio de su abuelo cuando era pequeño.
Conozco poco de María Antonia, y su marido Julián, en el tercero, 3, y sus hijos, una adolescente con la que tiene problemas de entendimiento y los gemelos Miguel y Andrés que son estudiantes, o eso creo, que no lo tengo muy claro. Me olvido de alguien seguro, al menos de los conocidos que el resto tengo que hacerles ficha porque desconozco todo. Tampoco es que sepa demasiado de Mari Paz y Benigno del segundo piso, 7, un matrimonio en puertas de la tercera edad, que aún recuerdan los tiempos de Franco en los que eran libertarios aunque tenían que pasar por el crisol de mamá, quién horrorizada por un embarazo les obligó a casarse cuando ella sólo contaba con 23 años, pobre mujer, nadie le hubiera dicho entonces que se pasaría 16 días encerrada en casa por este maldito bicho, limpiando como una posesa y haciendo acopio de lejía en el súper.
¡¡Ah!! Espera un segundo, el músico, ¿cómo se llama el músico? Eugenio del segundo, 5. Bueno que él dice que es pianista, pero yo nunca le he oído tocar, comenta que no puede hacerlo desde que falleció su madre, y no digo que no, pero ya se sabe que un pianista sin practicar es como un jardín sin flores. ¡Qué pena con lo que me gustaría a mí, escuchar una buena Sonata de Haydn, imagino pero no, esto no va a ocurrir al menos por ahora, decepcionante.
Debo seguir mi larga lista, y aún me quedan tantos por investigar, pero al menos a este grupito les conozco un poco. Seguiré con la investigación, como suele ser mi costumbre, pormenorizada y profesional, para que no se diga, aunque yo creo que la teoría de Garrido se caerá por su propio peso después del resultado de la autopsia, y resultará que ha sido un suicidio sin más. Una mujer sola, abandonada a su destino que intentó hacer piña a su alrededor para crearse la ilusión de la familia que nunca tuvo, y que un día sin más, dejó de tener sentido. Seguramente las pastillas rosas le hicieron tomar el valor que nunca había tenido por sí sola para acabar de una vez con su mierda de vida.
Suena el teléfono, el pesado de Garrido quiere que empiece a interrogar a todo el mundo a la de ya, pero si aún no tengo a todos recopilados… ¡Madre mía! Este hombre es un gran explotador frustrado.
Os dejo, que voy al lío.
Con la aparición estelar de La Mala Rosa.
Nos sorprendió con esta colaboración inesperada a raíz de haber leído los relatos que componen Tragaluz.

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