Tragaluz (Parte 11)

Rómulo Descalzo, cuarto piso, puerta 13.

“Es más difícil no envidiar a un amigo feliz, que ser generoso con un amigo en desgracia”

Alberto Moravia.

Dieciseis días. Su puta madre, esto no hay quien lo aguante.

He tenido tiempo suficiente para ordenar los muebles de forma geométrica, centrar todos los cuadros de la casa con escuadra y cartabón. Hasta los brazos de las figuritas de Lladró señalan el polo norte magnético de la tierra y todavía sigo dándole vueltas al mismo tema, ¿me podré follar algún día a la vecina del catorce?

No suele hacerme caso pero creo que es para disimular que le gusto, porque lo cierto es que siempre me ha mirado raro, no solo las veces que subía borracho, que lo entiendo, si no las que coincidíamos en el ascensor después de trabajar o bajando la basura. Esa mirada pícara, pedir sal a altas horas de la noche recibiéndome en pijama, que por cierto, ¡me cago en todo! cómo le queda a la cabrona. Yo creo que sí, seguro que le gusto. Por otro lado, no sé por qué acumula tanto gato, espero que no me de alergia.

Tengo la nevera medio vacía, el humificador de puros con apenas dos Cohiba Behike, un Romeo y Julieta robusto y una pequeña caja de Partagas mini que me regaló la zorra de mi ex novia el día que me dejó por mi primo Paco, para que él no volviera a fumar, porque le jodía demasiado el olor a humo. Y yo que pensaba que era el regalo por nuestro octavo mes, qué iluso. Aun así, necesito salir a la calle a comprar algo de alcohol. No creo que esta incertidumbre pueda soportarla un minuto más estando sereno.

No se oye nada en la escalera, es el momento. ¡Hija de puta!, otra vez el felpudo doblado, yo creo que lo hace a propósito y me observa con mirada lasciva por la mirilla cuando me acerco a colocarlo rectecito, como a mí me gusta. Noto un extraño perfume a laca, seguro que Paquita se excedió de nuevo, emocionada mientras escucha a Manolo Escobar y pensó en que salía a la verbena del pueblo.

—Vaya panda de tarados.

Nadie por aquí, nadie por allá. Vamos, seguro que en el Mercadona estará todo el puto mundo que no se ve en la calle. Yo creo que ni por necesidad ni hostias, la gente baja al supermercado porque necesita el contacto humano, si no, cómo se explica el hecho de comprar tanto papel del culo. Es para disimular y relacionarse, que no entiendo el por qué si luego siempre estamos hablando mal unos de otros. Nos merecemos la extinción. Jódete meteorito, por llegar tantas veces tarde que te va a ganar un microscópico bicho chino.

De todo lo que hay en los estantes del supermercado me quedo con dos botellas de Macallan Rubí, un ron Dictador 16 y cerveza para un mes, creo que con esto aguanto el fin de semana. Mierda las pipas, ¿también se han acabado las putas pipas? Y veo a una mujer, ¡jajajajajajaaja la jodida esa!, ¿qué cojones va hacer con 200 natillas y 100 yogures? En serio que lo merecemos, lo de la extinción digo.

¡Puta vida!, setecientos cincuenta pavos sin romper nada y la tarjeta temblando, como no empecemos pronto a producir habrá que robar.

Mira qué bien, pienso al ver que el ascensor ni se ha movido de la planta baja. Vamos para casa antes de que Ezequiel me vea la cerveza y se apunte.

¿Qué ha sido ese ruido? ¿un portazo? ¿un golpe?

—¡Corre para adentro que no pintas nada fuera! — murmuro para mis adentros.

Seguro que se están volviendo a pelear, es lo que tiene tantos días encerrados, me parece que la psicóloga esa de la puerta diecisiete se estará forrando estos días. Cuántas veces estuve a punto de pedirle ayuda, pero mira con esa mirada de superioridad por encima de las gafas, siempre como si te escrudiñara el alma en busca de tu tara. Pues sí, lo admito, la tengo ¿y qué? Voy a pillarme una cogorza de tres pares de cojones, hasta que sea capaz de volverla a llamar sin que me tiemblen los pantalones.

No sé qué es esa escandalera, pero me están jodiendo el trago de whisky y este delicioso habano.

Ya verás que están de lío la bollera y su novia con Ezequiel, que se mete en todos los “saraos”, como se ponga choni la pastillera y empiece a gritar también ya tenemos movida para rato.

Si no soy un puto cotilla ¿por qué me acerco al deslunado?

—¿Pero qué cojones?

No puede ser cierto, Paquita. Vamos, no me jodas, que la vieja chocha la ha palmado. Ahora sí lo tengo claro para follar con Patricia, seguro que hay movida hasta después de la cuarentena.

Rómulo, tal y como pueden ponerse las cosas, date una ducha, lávate la boca para no oler a puto borracho de antro, cierra el pestillo de la puerta y hazte el muerto, esta movida no va contigo. Si este puto virus no acaba con nosotros, acabaremos nosotros mismos.

Escrito por Dani Martín.

Twitter: @DescalzoRomulo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s