Cuidarnos.

Un día estás en la cima y al otro revolcándote en la ciénaga.

No tenemos equilibrio.

No existe el punto medio.

Has vuelto a descubrirte con una mentira entre los labios, tratando de convencer a los que te rodean de algo que no crees ni tú mismo. Sigues esperando a ser tú; como si tuvieras que arreglarte, coserte las heridas y borrarte las cicatrices para eso.

Nos impiden salir a la calle cojeando, con dudas, sin saber qué queremos.

Nos obligan a estar perfectos para que nos quieran, como si tuviéramos que presentarnos intactos, todavía con el envoltorio en su lugar, como si viviéramos en un escaparate preparados para la foto desenfadada, para el atardecer perfecto, para la sonrisa permanente.

Ya no disfrutamos, sólo aparentamos buscando la luz, el ángulo, el momento, el lugar; siguiendo la corriente, haciendo caso a los consejos de gente que nos importa una mierda.

Todo es mentira.

Menos algunas cosas.

Algunas miradas.

Algunos besos.

Algunos abrazos.

Algunas palabras.

Sólo hay que darse cuenta y cuidarlo.

Y cuidarnos.

Hasta cuando no tengamos ganas ni de levantarnos de la cama.

 

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