Los gigantes que quisieron derrotarte.

Vas dejando atrás todas las armas oxidadas que pelearon contra cada uno de esos gigantes que quisieron derrotarte y no pudieron.

Recuerdas, ahora, las heridas que hubo en cada una de tus cicatrices mientras crece la hierba sobre sus viejos huesos rotos, mientras asoman las nuevas hojas de esa flor que intentaron pisotear.

La primavera siempre llega para sacarnos del letargo, para abrirnos los ojos, para que el sol nos de allá donde un día dejamos que unos labios nos besaran.

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