Todas las calles llevan tu nombre.

La soledad es una jodida alimaña que se te agarra al pecho y no quiere soltarse. Un día, de pronto, la sientes instalada por completo, tomando tu café sin haber pedido permiso con una sonrisa amplia y no sabes qué hacer. Da igual lo que suceda a mi alrededor, da igual quién me arrope por las noches o me plante un beso en cualquier portal, da igual que llegue el que puede ser el peor verano de mi vida.

Sigo acumulando miedos por momentos en lugar de quitármelos todos de golpe. Sigo mirando al cielo buscando algo de ayuda aunque nunca sé de qué forma puede llegar ya.

Quizá por eso te convertiste en mi centro de gravedad sin que yo tomara parte de una decisión que mis vísceras quisieron adoptar sin consultarme. Me pareciste la estrella que más brilla por la cual un planeta sólo puede girar a su alrededor y no pude evitarlo. Desde que apareciste todas las calles llevan tu nombre, y no hablan de nadie más las canciones. No pude obviar las señales, los mensajes, las fuerzas de la física que me empujaban de manera irremediable hacia ti. Tus labios, tus manos, esa manera incorregible de mantenerme en vilo con la respiración entrecortada, con las pulsaciones siempre al borde de la taquicardia insana.

Quizá fuiste tú el alcohol que tenía que quemarme y curarme desde dentro, la tentación en la que tengo que caer una y otra vez sin ser capaz de oponer resistencia, el poema con el que que poder dormir con la conciencia tranquila.

Yo no sé si a ti te pasa lo mismo pero cierro los ojos sin darme cuenta, sin tener que luchar contra el insomnio, sin pensar de más ni lamentarme por todo cuando estás cerca.

La verdad es que quiero soñar despacio a tu lado sin más prisa que la que pueda marcar el ritmo de nuestro latidos, sin tener miedo a apagar la luz porque ya no existen enemigos a los que combatir, sin que me tiemblen las piernas cada vez que me besas en la mejilla por no decirme adiós.

Sólo quiero que me lleves lejos, que seas tú quien me salve esta vez porque estoy cansado de intentar redimir a los demás, de olvidarme constantemente de mí.

No pido nada nunca pero esto sí lo necesito.

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