Torre de control.

Despídete de lo que nunca será me han dicho y he vuelto a convertirme en miles de esferas de mercurio rodando por el suelo, llenándolo todo. Me he hecho tan pequeño de pronto, me he sentido tan débil, tan cansado, tan viejo, tan cobarde por no entender que no vamos a tener segunda parte, por no entender que quizá no hemos tenido ni primera.

Me tiemblan las piernas y las manos cada vez que pienso que he estado equivocado todo este tiempo luchando sólo contra la nada, que he intentado remar contra la corriente sin que tú quisieras que llegara a tu puerto. Soy el único que ha intentado alcanzar el santo grial mientras me mirabas desde un trono de plata entre las nubes. Soy el único que ha puesto empeño en que fuéramos a alguna parte, el que ha intentado que no nos quedáramos sólo siendo aquello que no pudo ser. Me he dejado las uñas y la cordura en buscar un nosotros que rechazas con la boca pequeña y esquivando mi mirada.

Estoy lleno de miedos, tantos que no me dejan ver con claridad el futuro. Y ya soy sólo un trapo con el que recoger las gotas de whisky que caen sobre la barra, soy un mantel blanco lleno de manchas de vino que caen de la botella rota.

No sé si estás esperando el momento exacto, el momento perfecto, pero si quieres te adelanto ya que nunca va a llegar. Ya hemos tenido nuestra oportunidad y la hemos desaprovechado y ahora sólo nos queda seguir andando hasta que nos soltemos las manos por completo de una vez. O no. No entiendo por qué tenemos que resignarnos y reducirnos a acabar siendo nada, no puedo entenderlo. A mí, que siempre voy cogido de la mano de la lógica, que siempre intento abrazar a la ciencia, has conseguido romperme los esquemas, tirarlo todo por el suelo, dejarme desnudo sin tocarme con las manos.

Siempre tengo hambre de ti, siempre tengo esa escasa fuerza de voluntad cuando te tengo de frente, siempre tengo esas ganas de hacerlo todo contigo: de coger un billete, de acabarme otra cerveza, de quedarnos abrazados sin tener que hablar de nada, de mirar la luna desde algún rincón perdido.

Ya tengo claro que soy cada vez más imperfecto, y que lo hago todo más difícil. También tengo claro que soy algo más que una máscara que finge sonrisas cuando pone un pie en la calle, y que cuando quieres algo debes darlo todo y, sobre todo, demostrarlo. O no sirve de nada.

Y sé que la caída es cada vez más alta y que nunca vas a ayudarme a bajar sin que me golpee con fuerza, sin que me deje los huesos contra el suelo, sin que me muerdan los demonios cada noche, sin que la ansiedad me ahogue cuando estoy solo.

—Piloto a torre de control, voy a estrellarme esta vez.

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