Seremos.

No sé cómo decírtelo, que me des tu mano, que saltes por esa ventana que yo te cojo, que camines descalza, que sueltes tus alas.

Confía por una vez en que no voy a hacerte daño sino todo lo contrario. Confía en tu instinto, en lo que sientes cuando beso tu cuello y cierras los ojos, en lo que piensas cuando escuchas mis latidos galopando en tu oído, en esa tranquilidad que te permite coger aire sin que te duela el pecho mientras duran nuestros abrazos. Cree de una vez que algo mejor es posible, que te lo mereces, que está todo más cerca que ese horizonte que te parece tan lejano e inexplorado.

Cree, porque todo lo bueno llega.

He encontrado la tranquilidad cuando te tengo entre los dedos. Mientras tú estás extasiada yo soy capaz de respirar con calma, de redescubrir el significado de la palabra vida, de ver el lado bueno de las cosas mientras observo cómo se dilatan tus pupilas, de reconciliarme con mis demonios. Nosotros sólo somos un par de humanos que se buscan entre la necesidad, entre ese lazo que tejemos a diario, y no tenemos culpa de sentir.

La vida va de luchar, desde que naces, porque si dejas de hacerlo estás muerto mucho antes de que tus huesos toquen tierra. Estamos en nuestro derecho de quedarnos sin ropa, desnudarnos la mente, tocarnos a oscuras. Estamos en nuestro derecho de querernos sin tener que medirlo, sin tener que demostrar nada, sin tener que ocultarnos.

Las distancias más cortas a veces son las más difíciles de superar, y no sé si también has sentido que nos estamos escapando poco a poco, que te resbalas entre mis dedos, que ya no sonrío como antes, que ya no nos besamos como antes. Pero creo que podemos hacerlo mejor, que todavía somos capaces de salvarnos el uno al otro. Podemos ser compañeros de aventura, porque juntos somos capaces de meternos en cualquier libro para salir a la superficie en el punto final. Podemos hacer las mil leguas de viaje submarino y meternos en el centro de la tierra, descubrir la Atlántida, enfrentarnos a los cuarenta ladrones, salir sin perder la cabeza del espejo por el que se metió Alicia.

No todo es tan difícil como piensas porque voy a estar aquí, con la mano abierta, dispuesto a todo. A sacar dientes, garras y las caricias que hagan falta.

Es ahora cuando tengo la certeza.

Cierro los ojos.

Te pienso.

Sé que seremos.

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