Mes: febrero 2017

Destierro.

El principal problema es que te quiero y no debería.

El principal problema es que me quieres y no deberías.

Sería más fácil todo si dejáramos de cogernos de la mano, si dejáramos de mirarnos a los ojos, si nos diéramos igual, si empezara a importarnos todo una mierda.

O quizá no.

Estoy convencido de que no.

Porque renunciar a lo que quieres, dejar atrás algo que es mejor de lo que esperabas no tiene sentido, por mucho que tratemos de encontrarlo, por muchas excusas que queramos inventarnos para justificarnos, por mucho que nos pesen todas las cadenas que nos atan.

Pero en el fondo eso da igual, no importan los latidos, ni las sonrisas, ni que los mejores besos hayan sido sin testigos; porque ya me veo buscando los rescoldos de cualquier amor en la barra de un bar, con los ojos translúcidos y la vida goteando dentro de un vaso sucio., oliendo a tinta y a papel viejo, y a tristeza. Y es que ella lo es todo y yo sigo siendo nada.

Tanto esfuerzo será en vano si un día nos damos las gracias y nos decimos adiós. Lo jodido será cuando no quieras marcar mi número y volver a llamarme.

Y sabemos que lo hemos hecho terriblemente mal, pero aún así tenemos claro que estamos haciendo lo correcto.

Lo correcto, y eso sí que es difícil.

Sólo te pido verdad, para mentiras ya tengo al resto de la humanidad.

Me has salvado sin saberlo y si te vas todo esto será como un destierro, y si me voy todo esto se convertirá en un puto infierno. Arderé entre llamas y no serán las mismas que me quemaban cuando estabas en mi cama.

Kamikazes.

[Tienes todo un día por delante y vas a desperdiciarlo estando lejos.]

No hace falta jurar ya que somos un par de locos pidiendo la hora al final del partido, y que vamos a tener que echar a correr antes de que empiecen a caer los meteoritos a nuestro alrededor.

Escondidos y perseguidos, queriendo siempre más.

El mundo está paranoico y nosotros también.

Un par de kamikazes que se chocan las caderas cuando encuentran una cama. Un par de locos suicidas que se besan en todas las esquinas que se acaban encontrando por ahí. Estamos en el borde, en la cornisa, todavía abrazados y descalzos, enredando nuestras lenguas mientras no suena el despertador. Tenemos los ojos cerrados y nos dejamos llevar, mientras nos mojamos los dedos y nos arde la entrepierna. Hemos llenado la casa de cerveza, sudor y saliva.

Somos cazadores furtivos de sexo en medio de la madrugada, que mantenemos vivo el milagro de tener el corazón en llamas.

Y sigue siendo increíble, aunque acabemos por deshacernos y quemarnos como si estuviéramos hechos de papel.

Pero ahora van a empezar a escucharse los rugidos de las bombas por encima de nuestros jadeos.

Sólo hay que abrir los ojos para darse cuenta de que tarde o temprano vamos a desaparecer, que nos vamos a borrar los dos como si fuéramos huellas en la playa, que dejaremos de existir en nuestras respectivas memorias.

Y quizá sea mejor así.

Quizá el único propósito de conocernos fue el de sonreír durante un rato.

Lo bueno se acaba.

Y lo malo.

Y todo lo demás que sea que haya entre medio de los dos extremos.

Creo que debemos dejarnos caer a la vez, mirar al vacío antes de darnos la mano y lanzarnos a toda esta explosión que nos recorre por dentro.

Y dejar el llanto y el horror para cuando lleguen los malos tiempos.

Quiero correr contigo hasta que no pueda más, hasta llegar más allá sin tener que despertar.

Quiero que seas mi esperanza, mujer guerrera.