Bailar en la nada.

Todavía no había conseguido darme cuenta de que eres la canción que nunca había cantado. Tantas noches observándote, dejando que mis ojos vagaran por tu cuerpo en busca de tu alma. Tantas noches perdiendo la cabeza y el sueño para poder ganarme tus besos.

No sé qué pensarás cuando yo ya no esté, cuando esto se acabe, cuando la marea me arrastre todo lo lejos que pueda de ti y de tus labios. No sé cómo podrás seguir con tus días ni yo con los míos pero habrá valido la pena, porque durante un tiempo fuimos valientes y estuvimos a punto de sacar todos los sueños y desperfectos del cajón. Estuvimos cerca de querernos de la forma más fácil que existe, sin complicarnos la vida, sin reproches, sin ceños fruncidos y desconfianza. Con lo bonito que es abrir la puerta y que alguien te reciba con una sonrisa y algo de cariño en los bolsillos. Con lo bonito que sería dejarse caer de espaldas sin temer el golpe.

Y es que me has tenido en tus manos siendo más frágil de lo que imaginas.

Después de ti, creo que la vida será como cuando pasa la tormenta y se van las nubes, que sale el sol pero se queda el suelo mojado. Será como el poso que queda en la taza del café. Será como el mar sin poder arrastrar toda la arena de la playa. Será como una noche de luna llena con un rastro de niebla y eco en las montañas.

Seguro que será mucho más difícil olvidarte de lo que fue conocerte, de lo que fue conseguir que nuestras miradas se cruzaran en el tiempo. Y está claro que tu recuerdo me perseguirá cuando consiga ser feliz en otra parte, en otros brazos y en otro nombre, que llevaré conmigo el doble lazo que me has dejado en el pecho.

Lo que no tengo tan claro es cuando va a llegar el adiós. Si te atreverás a que haya despedida, o si serás cobarde y me dirás tan solo un hasta luego para que no pierda la esperanza, para que pueda abrigarme las noches más duras del invierno.

Y aún tengo que decirte todas las cosas que nunca te he dicho, quitarte la falda, gritar contigo, bailar en la nada, morderte las bragas.

Y aún tengo que dejar que el mundo deje de importarnos una noche más.

Y perdernos a oscuras, saltar los charcos, robarte las ganas.

Y conseguir que no me pese el futuro de la misma forma que lo hace el pasado.

Y que te quedes conmigo sin tener que pedírtelo.

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