El ganador.

No puedo mirarme al espejo sin esperar que aparezcas por detrás para abrazarme y convertirte en una lapa. Ni soy capaz de aguantar los silencios eternos en el comedor.

Yo que siempre he sido reflexivo, que me ha bastado con escuchar a Mahler mientras leía a Orwell o Conan Doyle y afuera llovía con fuerza. Yo que me he conformado con tener un bolígrafo y una hoja en blanco, y algo de tiempo en la muñeca.

Y ahora no aguanto todo este desierto, esta lava fría que me deja clavado al suelo. No aguanto tanta tempestad sin hielo.

Ahora no comprendo por qué ya no puedo sin ti.

Debería poder sonreír y que todo me diera absolutamente igual, pero a veces una canción me lleva hasta a ti y casi puedo cogerte de la mano y siento el nudo en la garganta y las ganas de saltar por la ventana.

Porque en realidad no.

Porque todo es mentira.

Otra más.

No sé si hay amores que matan, pero estoy convencido de que hay amores de los que no se puede salir, que te persiguen de por vida como las peores pesadillas, que se adhieren a tu piel y a tus costillas y acechan a cada paso, hasta el fin del Imperio y la Estrella de la Muerte.

No sé si todavía sigo esperando a que me salven de este infierno del que debería salir yo solo, pero no puedo.

No estar contigo me parece seguir perdiendo el tiempo que no tengo.

Creo que ya no confío realmente en nadie, y estoy temblando dentro de la armadura, como si fuera pleno invierno y nos azotara el viento de más allá del Muro.

Y lo peor de todo es que sé que me fallarás si no me canso antes y acabo fallándote yo. Y es descorazonador, porque el frío podrá con nosotros y entonces no podremos hacer nada. Y entonces no seré capaz de sonreír mientras te saludo un día cualquiera, cuando me cruce contigo por casualidad.

Esperaré al próximo cambio de estación, para ver si por una vez soy el rey de este tablero de ajedrez, para ver si seguimos todos en pie en esta maldita partida, para ver si las cosas siguen igual y entonces puedo tirar todas las piezas a la basura y quemarme la garganta a gritos. Que me consumirá la rabia por dentro por no ser capaz de romper el recipiente y sacar la verdad a pasear. Que miraré hacia otro lado por no romper el tratado de paz.

Y no habrá castillos de fuegos artificiales para celebrar nuestro principio, porque no lo habrá. Creo que eso lo tengo escrito en alguna profecía.

Me lo decía todo la canción y yo no quise escuchar:

Quien quiso ser el ganador, murió.

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