Delincuente.

23.VI.2014

Te das cuenta de pronto que te has convertido en todo aquello que no querías, que has huido toda tu vida de algo para acabar siendo eso mismo. Y te avergüenzas, piensas en tu madre y en tu padre, y en las esposas que ahora unen tus muñecas mientras caminas despacio con dos policías escoltándote hasta el calabozo.

Nunca cuadran las cuentas, ni las expectativas, ni los sueños, con la realidad que nos toca vivir.

A los cinco años nadie quiere ser camello.

Te lo digo yo.

No sabes si reír o llorar, y piensas en lo bien que te iría ahora fumarte un porro y cerrar los ojos mientras suena Marea de fondo.

La puerta de hierro se abre y apenas queda luz ahí dentro. Te meten sin cordones en las zapatillas, sin cinturón y el sitio huele a perro mojado antes de que pongas el culo en el asiento duro y apoyes la nuca en la pared.

Con los ojos cerrados consigues repasar los últimos sucesos que han tenido lugar y en el fondo te maldices y golpeas la pared con cierta rabia. Miras tu ropa pagada con la tarjeta de El Corte Inglés, miras los tatuajes que llenan tus brazos, miras las zapatillas que te costaron casi cien euros en la tienda online.

Y le has tenido que partir la cara a un pobre que no ha sabido pagar a tiempo después de múltiples avisos, has tenido que manchar el cristal delantero de tu BMW negro y dejarle un par de dientes bailando sobre el asfalto.

Esta vez te han pillado, esta vez no te libras, esta vez vas a tener que coger aire y tranquilizarte.

Aún recuerdas aquel primer día en el parque probando el tabaco, aquella primera vez que le quitásteis el monedero a la vecina de al lado, aquella primera vez que bebiste cerveza y follaste con alguien, aquella primera vez que te hiciste una raya, aquella primera vez que te saltaste los semáforos con una sirena azul como banda sonora, aquella primera vez que apuntaste a alguien con un arma, aquella primera vez que obligaste a una puta a chuparte la polla.

Lo recuerdas todo y te das asco.

Y no eres capaz ni de secarte la lágrima que resbala por tu mejilla izquierda, hijo de puta.

Y piensas en tu novia y en el niño que estáis esperando.

Y piensas en que no querías acabar así a los veinte años.

Y piensas en que a partir de ahora nada va a ir a mejor.

Su sangre aún mancha tus manos y ahora estará metido en una cámara esperando a la autopsia.

Por tu culpa hay gente llorando en su casa, en la tuya.

Eres sólo una sombra, antes eras un delincuente, ahora eres un asesino.

Texto escrito para Krakens y Sirenas.

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