Tiro con arco.

Recuerdo los domingos por la mañana, recuerdo pisar el terreno del campo de tiro con arco y la emoción de colocar las flechas, de tensar la cuerda y de cerrar un ojo para intentar dar en el centro de la diana. La sensación de calma y nervios mientras observaba el objetivo y me concentraba en controlar el pulso y soltar la flecha en el momento preciso.

Hubo un tiempo en el que tenía buena puntería y supongo que la fui perdiendo con el paso de los años.

Por eso entiendo que ahora siempre apunto mal, siempre elijo mal, siempre lo hago todo mal. Quizá la puntería, el saber elegir, es cuestión de práctica, como todo lo demás en la vida y lo he ido dejando tanto de lado que ya no sé cómo hacerlo.

Y la verdad es que hace mucho que no creo en los milagros, ni confío en ningún ente invisible de los que se supone que viven en las alturas, pero me vendría bien un poco de ayuda. Ayuda, o mejor un simple empujón que me saque del camino y me haga ver que mis intentos no son más que una locura, y que nunca debí salir de donde estaba metido.

Soy como un pequeño hombre hecho de arena que se deshace con la lluvia, el viento y cada giro del reloj, y acabaré convertido en polvo y flores en alguna tumba sin nombre.

Ahora han vuelto el insomnio, la taquicardia repentina, el dolor a media tarde y el golpear los nudillos contra la pared mientras maldigo toda mi estupidez.

Que nunca quise quemarme por dentro y ya lo hago.

Me voy preguntando cada día cómo voy a desintoxicarme de tus manos cuando todo pase y sólo veo sombras. Siento el metal clavarse en los huesos, llenarme de frío, y tus uñas dejando cicatrices en cada centímetro de mi piel.

Siguen diciéndome que no me preocupe, que cierre los ojos, que la noche es joven pero yo me voy sintiendo cada vez más viejo, más cansado, sin saber qué hacer.

Me veo caminando a oscuras por cualquier carretera, mientras brilla la luna, intentando olvidar, intentando que me trague el mar. Y será la tercera o cuarta, o quinta vez. Y aún así, seguiré buscando las señales, buscando el rumbo para llegar a ese destino al que nos dijeron de pequeños que todos debemos aspirar.

Tengo que volver a entrenar mi puntería.

Debería dejar de pensar, debería ponerme freno, debería haberme pegado el tiro en la sien antes de que fuera demasiado tarde.

La realidad y todos mis sueños tienen el mismo final, porque al abrir los ojos ya no estás.

2 comentarios en “Tiro con arco.

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