Mayo del 68.

Mayo del 68, y tú y yo todavía bebiéndonos las ganas.

París en plena ebullición y nosotros arañándonos la piel. Dejándonos llevar.

Las calles llenas, las camas vacías y los corazones temblando con tanta ambigüedad.

Empieza a llover, se mojan las banderas y el miedo nos quiere vencer.

El aire huele a rabia, a esperanza, a pérdida y victoria, a jóvenes luchando por la libertad, a pintura en pancartas y paredes.

Y nosotros, seguimos siendo dos almas que se piden a gritos.

La revolución estaba entre tus piernas y otros la buscaron en las armas.

Y a mí, pequeño incauto, ni los himnos consiguieron arrancarme de tus brazos.

Preferí arder contigo, luchar contigo, y no contra ti.

Ni Vietnam, ni las colonias de ultramar importaban lo más mínimo desde nuestra ventana, esa en la que te apoyabas a medio vestir, esa en la que te encendías el primer cigarro del día mientras observabas las calles llenas de humo y gasolina, los restos de noches incendiarias.

Absenta, un Renault 16 y la policía a las espaldas.

Nuestras manos entrelazadas cogiendo aire a bocanadas, escondidos en cualquier esquina.

La risa y el llanto, y el alma viva.

Y qué más da todo, si nuestra huelga duró más, si nuestra rabia la apagábamos entre las sábanas, si el ruido de las jaurías nos arropaba por las noches mientras otros peleaban y nosotros follábamos en la cama.

Hace 48 años desde que Francia volvió a estornudar y Europa se murió de frío.

Mayo del 68, y tú y yo seguimos apagando las ganas con besos.

Y la revolución, la revolución sólo puede empezar mirándote a los ojos.

[En realidad no estábamos vivos en aquel año, no llegamos a respirar el espíritu del París inconformista ni a plantarnos contra el gobierno de Charles de Gaulle. Somos de la generación rota, de finales de siglo, del nuevo milenio. Los niños de la cocaína y el TDAH. Se acabó Lost y han muerto los mejores. La religión sigue matando y Kanye West es el nuevo Jesucristo. Ahora EE.UU y Coca-cola son el enemigo, y sólo suena basura en la radio. La censura vuelve a la prensa y al pensamiento crítico. Ya no se escribe como antes, ya no se bebe como antes, ya no se quiere como antes. Vives en Instagram y pierdes el tiempo con el teléfono en la mano. Hemos olvidado a nuestro abuelos y todo lo que importa de verdad. Y nuestra ambición muere cada sábado por la noche. La inteligencia es otra especie en extinción. La decadencia es el siglo XXI.]

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